¿Anexión inminente? Lo que busca Trump con el control de Groenlandia
Las recientes declaraciones del mandatario sobre una posible anexión del territorio autónomo de Dinamarca han tensionado a la OTAN. La isla ubicada en un punto estratégico del Océano Ártico cuenta con posibles recursos claves para EE.UU., como tierras raras y petróleo, pero Donald Trump ha centrado su discurso en la influencia de China y Rusia en la región.

“Dinamarca no puede hacer nada al respecto si Rusia o China quieren ocupar Groenlandia, pero nosotros podemos hacer todo lo posible. Ya lo descubrieron la semana pasada con Venezuela”, advirtió Donald Trump el miércoles. Esto, luego de la reunión que sostuvo el Vicepresidente estadounidense JD Vance con los cancilleres danés y groenlandés, para abordar las discrepancias sobre el futuro de ese territorio. Así, lo que la semana pasada partió con una acusación de que la isla “está cubierta de barcos rusos y chinos”, tomó el tono de una amenaza directa.
Desde 2019 que el líder republicano ha manifestado su interés en controlar Groenlandia, sin embargo, la reciente captura de Nicolás Maduro en Venezuela y la invocación de la “Doctrina Donroe” -la intención de Trump de potenciar la influencia de su país en el hemisferio occidental-, preocupan a sus aliados de la OTAN. La semana pasada, de hecho, Trump afirmó que “vamos a hacer algo en Groenlandia, les guste o no”. Y este viernes dijo que podría imponer aranceles a los países que no apoyen sus planes de hacerse con Groenlandia, “porque necesitamos Groenlandia por razones de seguridad nacional”.
El territorio administrado por Dinamarca, el 84% del cual está cubierto de hielo, sería rico en recursos naturales, como tierras raras, gas natural y petróleo. El interés estadounidense en esta isla de 2.166 millones de kilómetros cuadrados -comparable a la superficie de Arabia Saudita o México- comenzó en 1867 y alcanzó su punto álgido durante la Guerra Fría, con insistentes ofertas de compra a Dinamarca. Después de la Segunda Guerra Mundial, Washington vio Groenlandia como un territorio estratégico, en medio de la nueva amenaza que suponía la Unión Soviética.
Los recursos de la isla
Habitada en primera instancia por el pueblo originario inuit, una ley de autogobierno les confirió a los isleños el manejo de sus recursos naturales y una administración política semi independiente en 2009, tomando un paso de distancia de su antiguo colonizador: Dinamarca. De todos modos, la zona todavía pertenece al país europeo y se considera semiautónoma. Entre 2026 y 2029, de acuerdo con Reuters, la isla recibirá 253 millones de dólares de inversión de su contraparte europea, que se sumarán a su subvención anual de aproximadamente 426 millones.
A juicio de Simon Jowitt, director de la Oficina de Minas y Geología de la Universidad de Nevada, en la isla hay potencial “para elementos del grupo del níquel, cobre y platino, hay potencial de tierras raras, hay potencial para plomo y zinc”, además de litio en pegmatitas. El problema es saber dónde se encuentran y encontrar cómo transportar los minerales fuera del país, dijo a La Tercera.

La región “está poco explorada por los desafíos de operar en Groenlandia” y “todo lo que hay ahí debe ser enviado por barco o avión”, apunta Jowitt. “No tiene sentido encontrar algo realmente interesante desde el punto de vista de la exploración minera si no se puede extraer”, agrega. Si a esto se suma que en la industria “las cosas pueden volverse muy caras muy rápidamente”, el académico concluye que “a menos que el gobierno de EE.UU. sepa algo que yo no sé, lo que es posible, creo que es una apuesta muy grande y muy arriesgada”.
La investigadora de desarrollo de infraestructura geopolítica en el Ártico, Mia Bennett, afirma que “hay una serie de problemas que potencialmente limitarán la minería”. En su opinión, la industria es posible, ya que “se puede construir, por ejemplo, un pequeño puerto si la mina está cerca de la costa, para transportar los minerales directamente al mercado”. La problemática, explica, es encontrar suficiente mano de obra.
“Groenlandia no solo sufre de falta de puertos y carreteras -ninguno de sus asentamientos está conectado- sino que, además, en cada poblado hay un número limitado de personas”, plantea Bennett, quien ha visitado Groenlandia en tres ocasiones. De acuerdo al último censo, la población del enclave es de aproximadamente 57 mil personas. “Encontrar trabajadores suficientes para estas minas también sería un desafío”, comenta.
En su visita a la ciudad de Narsaq, en el sur de Groenlandia, Bennett estuvo cerca de la mina en desarrollo Kvanefjeld. Cerca de esta, “hay una población de pastores inuit que está muy preocupada por la posibilidad de la minería de uranio”, afirma. La extracción del mineral radiactivo está prohibida en la isla por riesgos de contaminación desde 2021.
El director ejecutivo del Consejo Económico Ártico, Mads Qvist Frederiksen, dice a La Tercera que “actualmente solo hay una mina activa en Groenlandia”. Y aunque existe interés por “parte de políticos y pequeñas empresas de exploración” en la industria, es “menor por parte de las grandes compañías”. La razón es que el territorio danés sigue siendo “una jurisdicción minera inmadura” y “las condiciones del marco legal han sido un obstáculo por una administración lenta y políticas cambiantes”, plantea.
Consultado por el desafío más grande de la región en la actualidad, Qvist señala que “hay mucha incertidumbre. Y la incertidumbre es veneno para las empresas. Necesitamos entrar en tiempos más estables y predecibles”.

Rutas estratégicas
De acuerdo con Otto Svendsen, investigador del Programa de Europa, Rusia y Eurasia del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), “si los rusos lanzaran un misil balístico intercontinental dirigido a Estados Unidos, la ruta más corta sería sobre el Polo Norte y Groenlandia”.
Donald Trump no es el primer Presidente de Estados Unidos en plantear la anexión del enclave ártico. De acuerdo con The Wall Street Journal, Andrew Johnson, Woodrow Wilson, Franklin D. Roosevelt y Harry Truman son algunos de los mandatarios que han abordado la idea. El argumento es el mismo: a través del Ártico, una flota naval de China y Rusia podría acceder al hemisferio occidental.

La afirmación de que la isla cuenta con presencia de potencias rivales es “francamente incorrecta”, dice Svendsen a La Tercera. De acuerdo al analista, “los buques rusos patrullan principalmente el Mar de Barents frente a las costas de Noruega y el noroeste de Rusia para demostrar que pueden proteger la península de Kola, que alberga su flota del norte”.
A través del Mar de Barents, bordeando las costas de Rusia, el Pasaje Noreste conecta el Océano Atlántico con el Pacífico, y es una alternativa al Canal de Suez, en Egipto. La diferencia es su rapidez. A finales de 2025, el carguero chino Istanbul Bridge se demoró 20 días en cruzar los océanos, una ruta que puede tomar entre 40 y 50 días.
“Ya hemos visto un aumento del 37% en el transporte marítimo en el Ártico entre 2013 y 2023, y la viabilidad comercial de esas rutas seguirá aumentando en los próximos años”, añade Svendsen. De la misma manera, al otro lado de Groenlandia, el Pasaje Noroeste rodea las costas de Canadá, pero no es utilizada como ruta comercial porque cuenta con más hielo, que se podría despejar en el futuro.
Tras la Guerra Fría, Estados Unidos “contaba con más de 17 instalaciones militares” en el enclave ártico, añade Svendsen. En la actualidad, la presencia de EE.UU. está minimizada: “Solo tiene una base en el noroeste de Groenlandia, la base aérea Pituffik, que sirve como sistema de alerta temprana”, afirma.
Steven Lamy, exdirector de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad del Sur de California, señala que hay “tres países de la OTAN en la región”. Aparte de Estados Unidos, la zona es vigilada por Canadá, Islandia y Groenlandia con tropas de Dinamarca. Estos territorios coordinan ejercicios militares conjuntos y vigilan la zona a través de fuerzas especializadas, asegura.

Según Lamy, el deseo de Trump tendría que ver con el control hemisférico, similar a lo que pasó en Venezuela. En su perspectiva, la Casa Blanca está diciendo que “ninguna potencia extranjera tendrá dominio en América Latina, y eso es lo que (también) está detrás de su política sobre Groenlandia”, que guarda relación con tierras raras, “pero es principalmente sobre China”.
“Si Trump estuviera realmente preocupado por la seguridad de los rusos en el Ártico, debería enfocarse en dos zonas”, añade. “Alaska, porque Rusia y China han realizado varios ejercicios navales frente a sus costas”, y “Svalbard, al norte de Noruega”, añade. Debido a esto, el experto en relaciones internacionales opina que Trump solo busca “poder” y “un sentimiento de grandeza personal”. “Es su legado, quiere ser visto como el presidente que ha mejorado y expandido a los Estados Unidos”.
“La administración no tiene ningún respeto por el orden global que establecimos después de la Segunda Guerra Mundial”, que es “la tríada wilsoniana del capitalismo, la democracia y el Estado de derecho”.
De acuerdo a Svendsen, la OTAN está en un “baile muy delicado donde Ucrania es la principal preocupación de seguridad para Europa”. Y la participación de EE.UU. “es crucial para los europeos cuando se trata de mantener el flujo de armas estadounidenses”. Por ese motivo hay un acercamiento muy cuidadoso en la región respecto a Groenlandia, explica.
Consultado por el futuro de la alianza, el investigador afirma que no hay riesgo de una ruptura oficial, pero sí de una pérdida de credibilidad que es donde reside “el verdadero valor” del pacto. En su perspectiva, si la mayor potencia del tratado puede anexar un territorio de otro miembro, “no creo que Rusia se preocupe demasiado por la credibilidad de las garantías de seguridad de la OTAN a países como los países bálticos o Polonia”.
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