Atentado a diario Clarín en Argentina pone de manifiesto la creciente hostilidad hacia la prensa en el país

Nueve encapuchados atacaron con bombas molotov el edificio del grupo mediático transandino. Para los analistas, el ataque ocurrió "en medio de una trama de ofensas casi cotidianas contra la prensa libre por parte de importantes dirigentes de la coalición peronista gobernante".




En la noche del lunes, a las 23.05 horas, nueve encapuchados encendieron bombas molotov a la salida del diario Clarín, en Buenos Aires, en lo que ha sido considerado un ataque terrorista en contra de la libertad de expresión. Los sospechosos, que fueron captados por cámaras de vigilancia, ya han sido identificados por la policía, que se encuentra buscando el paradero de los seis hombres y tres mujeres que cometieron el ataque, habiendo ubicado la pista de uno de ellos por una huella dactilar encontrada en una botella que no alcanzó a estallar.

El ataque, que no provocó daños materiales ni humanos, fue repudiado transversalmente por la clase política argentina: “La violencia siempre altera la convivencia democrática. Esperamos que los hechos se esclarezcan y los autores sean identificados a partir de la investigación que está en curso”, tuiteó el Presidente Alberto Fernández.

Tanto el expresidente Mauricio Macri como la vicepresidenta Cristina Fernández y la agrupación La Cámpora condenaron el atentado, que hasta ahora ningún grupo ha querido adjudicarse. Desde el oficialismo rechazan el ataque, pero para distintos periodistas del país transandino las cosas no son tan simples: se denuncia que, sin necesariamente promover estos actos violentos, ha habido una hostilidad permanente para con la prensa en el discurso peronista.

En una columna para el diario atacado, Héctor Gambini recordaba hechos recientes donde distintas autoridades argentinas ligadas al peronismo criticaron y pusieron en duda a los medios de comunicación.

“El gobernador de Chaco, Jorge Capitanich, acaba de volver a proponer ‘regular a los medios de comunicación, porque la gente empieza a pensar en lo que los periodistas proponen. Es decir, lo que él propone es regular el pensamiento. El mismo Capitanich había roto en pedazos varias páginas de Clarín en una conferencia de prensa oficial y delante de las cámaras cuando era jefe de gabinete de Cristina Kirchner, en febrero de 2015″, señaló Gambini en su artículo.

Por su parte, Eduardo van der Kooy señaló en el mismo medio que “un clima de intemperancia” incita a los actos violentos, y que las derrotas oficialistas en las PASO de septiembre y en las legislativas en noviembre habrían incentivado esta hostilidad. “En un acto en José C. Paz, su intendente, el barón Mario Ishii, advirtió que ‘algún día el pueblo se va a levantar contra los medios’, porque no tendrían, a su entender, ‘piedad’ con ese pueblo. Nadie podría sorprenderse por la actitud bravucona de un dirigente que comprende la política únicamente como un negocio clientelar. La gravedad mayor estuvo dada por el festejo que de sus palabras hicieron entonces Alberto Fernández, el Presidente, y Axel Kicillof, el gobernador de Buenos Aires”, indicó el periodista.

Uno de los ataques más sensibles a la libertad de expresión durante el gobierno de Fernández, apuntó Van der Kooy, fueron las amenazas que recibió el dibujante Nik, por parte del ministro de Seguridad, Aníbal Fernández. El creador de Gaturro había hecho un dibujo refiriéndose al “plan platita”, con el que el oficialismo pretendió motivar un repunte electoral después de las PASO. Como respuesta, el ministro Aníbal Fernández mencionó al humorista en Twitter, refiriéndose por el nombre a la escuela en la que iban las hijas de Nik. Una amenaza apenas solapada que escandalizó a Argentina y por la cual el secretario de Estado se terminó disculpando.

Una de las columnas más destacadas fue la de Joaquín Morales Solá en el diario La Nación, titulada “Palabras violentas que preceden hechos violentos”. “El atentado (…) se consumó en medio de una trama de ofensas casi cotidianas contra la prensa libre por parte de importantes dirigentes de la coalición peronista gobernante. El repudio del Presidente al ataque sabe a poco; debería hacer un llamado público a los suyos para que declinen las agresiones verbales contra medios periodísticos y periodistas”, apuntó el periodista.

La rivalidad entre el conglomerado Clarín y el peronismo no es nueva, y tiene sus antecedentes en el gobierno de Néstor Kirchner: “El enfrentamiento de Néstor Kirchner con el grupo Clarín comienza hacia finales de su presidencia. Aunque se trata de un grupo privado, el kirchnerismo intentó sin éxito tomar su control con grupos empresarios afines al gobierno. Esta actitud se mantuvo en las dos presidencias de Cristina Kirchner. En los momentos de mayor tensión en este conflicto, el gobierno de Cristina lanzó la campaña ‘Clarín miente’. Y los dueños del Grupo se vieron amenazados en diversas causas judiciales impulsadas por el oficialismo”, relata a La Tercera Rosendo Fraga, director de Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría, en Buenos Aires.

Esta tensión se ha intensificado con la derrota electoral de medio mandato de Alberto Fernández. Carlos Fara, consultor político en Argentina, señala: “En las ultimas semanas ha habido una serie de declaraciones de dirigentes ligados al oficialismo que han vuelto a criticar sobre el rol de los medios, sobre la manipulación que supuestamente hacen los medios sobre la conformación de la opinión pública y cómo eso obedece a intereses espurios”.

Respecto del conglomerado Clarín, Fara apunta: “El diario Clarín es un diario de origen, digamos, desarrollista, de posición de centro. No es un diario de derecha, tampoco uno de izquierda, nunca lo ha sido. Y juega un rol importante del panorama mediático argentino, porque además de ser el diario más leído, su sitio de noticias es el más leído, su canal de televisión (El Trece) es uno de los más vistos, canal de noticias TN es el de más rating”.

“El atentado contra el diario Clarín, origen y símbolo del grupo, tiene lugar en un contexto de señales oficiales hostiles hacia los medios de comunicación, y va a incrementar la tensión entre medios y gobierno, cualquiera haya sido el autor del hecho”, concluye Fraga.

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