Biden lo apuesta todo y viaja a Georgia para impulsar aprobación de reforma que busca proteger el voto de minorías

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Entrada a un local de votación en Beverly Hills, California. Foto: AFP

En lo que expertos consideran un momento crítico de la democracia estadounidense, el Presidente busca hacer más fácil a los votantes el acceso a las urnas, enfrentándose de lleno con los republicanos.




Con las elecciones de medio término en el horizonte, el Presidente de Estados Unidos, Joe Biden, decidió poner pie en el acelerador y hacer todo cuanto esté en sus manos para que dos normas relativas al fortalecimiento de la democracia vean la luz: la “Ley de libertad para votar” y la “Ley de avance de los derechos electorales de John Lewis”. Ambas iniciativas, respaldadas por su partido y rechazadas en bloque por los republicanos, pretenden hacer más fácil para los estadounidenses el sufragio.

Con este fin, el mandatario demócrata tomó el avión ayer a Atlanta, capital de Georgia y tierra natal de Martin Luther King, para pronunciar un duro discurso contra las regulaciones estatales que los republicanos han estado imponiendo en sus legislaturas, en miras a dificultar el acceso a las urnas a las minorías.

“Los próximos días, cuando estos proyectos de ley se sometan a votación, marcarán un punto de inflexión en esta nación (…). ¿Elegiremos la democracia sobre la autocracia, la luz sobre la sombra, la justicia sobre la injusticia? Yo sé cuál es mi postura”, apunta parte del discurso que el presidente pronunciaría ayer y que fue adelantado por la Casa Blanca.

“Hace dos meses que tengo conversaciones discretas con miembros del Congreso. Estoy harto de estar en silencio” ante el bloqueo de la oposición republicana de dos proyectos de ley cruciales, afirmó Biden en Georgia, un estado que calificó de “cuna” de la lucha por los derechos civiles.

Joe Biden y Kamala Harris aterrizan en el Aeropuerto Internacional de Atlanta, en Georgia. Foto: AFP

Georgia se ha vuelto uno de los estados símbolo de la supresión de voto y complicaciones para los electores, con largas filas bajo el sol en los locales de votación y límites al número de urnas disponibles para votar. Asimismo, desde la gobernación del estado, liderada por el republicano Brian Kemp, se aprobó otorgar a la junta electoral el poder para destituir funcionarios profesionales, además de dificultar el registro para quienes quieran participar de los comicios y acortar el tiempo en que se pueda votar.

Estos cambios se han vuelto moneda común en los estados controlados por republicanos, que luego de perder la elección presidencial en 2020 han llegado a presentar 34 legislaciones que restringen el voto. Según el Centro Brennan para la Justicia, 19 estados aprobaron el año pasado leyes en miras a dificultar los sufragios, como la imposición de requisitos de identificación más estrictos.

“Después de la elección de 2020, una ola de leyes para restringir el voto, sin precedentes, y muchos esfuerzos para sabotear los comicios, están ocurriendo en distintos estados. A su vez, estamos en medio de un ciclo de gerrymandering partisano extremo”, apuntan desde la página del Centro Brennan. El gerrymandering es un concepto propio de la política norteamericana, que describe la alteración de la forma de las circunscripciones electorales, hecha a propósito para darle ventaja a una candidatura. El término nace en el siglo XIX y hace referencia a un político que, para favorecer a un candidato amigo, redibujó un distrito del Congreso con forma de salamandra.

El congresista demócrata Joe Manchin en el Senado. Foto: Reuters

En este contexto, Joe Biden pretende revertir estos retrocesos a través de la “Ley de libertad para votar” (Freedom to Vote Act), que para muchos es un instrumento clave a la hora de defender la democracia en Estados Unidos. La ley, entre otras cosas, amplía la votación por correo y permite el registro de votantes el mismo día de la elección. Otro elemento clave de la legislación es la instauración de feriado público el día de las elecciones federales, que en Estados Unidos no se dan en domingo, sino el primer martes después del primer lunes de noviembre. Con ese factor en la mesa, muchas personas se ven impedidas de votar debido a que se encuentran trabajando.

La “Ley de avance de los derechos electorales de John Lewis”, por su parte, amarraría a los estados a no escaparse de la legislación federal: prohíbe que se aprueben leyes locales que den lugar a prácticas electorales discriminatorias, sean estas manifiestas o no. Esto, en miras a asegurar el voto de minorías.

Bautizada en honor de John Lewis, un famoso activista de los derechos sociales que siguió el legado de Martin Luther King, la legislación repondría las disposiciones de la “Ley de Avances de los Derechos Electorales”, aprobada en 1965, pero que ha sufrido serias reformas en los últimos años.

Joe Biden y Kamala Harris en una ceremonia en honor al reverendo Martin Luther King. Foto: AP

El líder de la mayoría demócrata del Senado, Chuck Schumer, puso el 17 de enero, día de Martin Luther King, como fecha límite para aprobar ambas leyes, que por lo demás tienen un difícil camino en la Cámara Alta, dada la repartición 50/50 de los escaños entre republicanos y demócratas.

A pesar de que un solo voto dirimiría técnicamente la situación a favor de los demócratas, en la práctica las votaciones del Senado se encuentran, en su mayoría, detenidas por el filibusterismo: una técnica de obstrucción parlamentaria que en estos casos exige una mayoría de 60 contra 40 para “dar por finalizada” la discusión, y así pasar a la votación misma. De este modo, los republicanos, opositores de ambos cambios legislativos, pueden alargar cuanto quieran el debate de los proyectos en el Congreso.

Por lo mismo, y a pesar de que en el futuro puedan ser los demócratas los que necesiten del filibusterismo para detener la agenda republicana, Biden y legisladores progresistas han abierto la puerta a eliminar esta técnica de bloqueo en miras a, de una vez por todas, aprobar las leyes electorales. Joe Manchin, un senador demócrata que no ha dudado en obstaculizar los pasos del presidente a título personal, se mostró esta vez de acuerdo con reformar esto. En cambio, la senadora demócrata Kyrsten Sinema, de Arizona, a pesar de estar a favor de las dos nuevas leyes, rechaza el cambio en las normas de votación parlamentarias.

En una entrevista con ABC News este fin de semana, el Presidente Joe Biden afirmó que, dada la importancia de la Ley de libertad para votar y la Ley John Lewis, hará lo que sea necesario para que se aprueben. Incluyendo en esto “una excepción sobre el filibusterismo”.

Si los republicanos bloquean las reformas, “no habrá otra opción que cambiar normas del Senado, incluyendo terminar con el filibusterismo”, advirtió Biden ayer en un discurso en Atlanta. “Apoyo cambiar reglas del Senado”, afirmó.

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