Por Fernando FuentesDesde la compra a la invasión: los escenarios ante la eventual toma de control de Groenlandia por parte de EE.UU.
Tras el audaz ataque de Donald Trump a Venezuela, la perspectiva de una incursión estadounidense en el territorio ártico, largamente debatida, parece más plausible. La Casa Blanca ha dicho que utilizar el Ejército estadounidense siempre es una opción, pero pocos analistas creen que sea probable.

En su discurso sobre el Estado de la Unión del año pasado, el presidente estadounidense Donald Trump reflexionó sobre la confiscación de más de 2,1 millones de kilómetros de territorio de un aliado de la OTAN.
El “increíble pueblo de Groenlandia”, declaró al Congreso en marzo de 2025, tenía todo el derecho a determinar su propio futuro, y si decidían que este futuro estaba en Estados Unidos, mucho mejor. “Lo necesitamos, de verdad, para la seguridad mundial”, añadió Trump. “De una forma u otra, lo conseguiremos”, advirtió.
El presidente estadounidense ha expresado esta ambición intermitentemente desde 2019, y hasta la semana pasada Dinamarca podía restarle importancia a la posibilidad de que Estados Unidos se anexionara Groenlandia, calificándola de “absurda”. Tan recientemente como el lunes, Jens-Frederik Nielsen, el primer ministro groenlandés, la calificó de una “fantasía” temeraria.
Sin embargo, después de la decapitación relámpago del gobierno venezolano en una hábil operación militar el sábado que terminó con la captura del presidente Nicolás Maduro, el escenario ha pasado directamente al reino de lo plausible, hasta el punto en que las capitales europeas están especulando frenéticamente sobre cómo podría desarrollarse, señala el diario británico The Times.

La administración Trump ha reiterado que Estados Unidos necesita controlar Groenlandia, una parte estratégicamente ubicada en el Ártico, donde existe un creciente interés por parte de Rusia y China. La apertura de nuevas rutas de acceso al Océano Ártico producto del cambio climático - que el mandatario republicano ha negado en reiteradas ocasiones-, permitiría la eventual explotación de una zona rica en minerales y en gran medida autónoma de Dinamarca, cuya política exterior y de seguridad se gestiona desde Copenhague. La isla alberga tres de cada cuatro recursos críticos que necesita Europa.
Trump baraja varias vías para anexionar Groenlandia, y recurrir al Ejército es “siempre una opción”, informó la Casa Blanca el martes. El mandatario republicano “ha dejado claro que adquirir Groenlandia es una prioridad para la seguridad nacional de Estados Unidos y que es vital para disuadir a nuestros adversarios en la región ártica”, declaró la secretaria de prensa Karoline Leavitt en un comunicado sobre el territorio semiautónomo perteneciente a la corona de Dinamarca.
“El presidente y su equipo están debatiendo varias opciones para alcanzar ese importante objetivo para la política exterior y, por supuesto, recurrir al Ejército estadounidense es siempre una opción a disposición del comandante en jefe”, reiteró.
Pero, según el diario The Guardian, pocos analistas creen que una operación armada sea probable, y el ministro de Asuntos Exteriores francés ha declarado que el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, ha descartado la posibilidad de una invasión.
Pese a ello, las señales de Washington dejan en evidencia el interés por Groenlandia. Un día después del operativo que terminó con la captura de Maduro, Katie Miller, esposa de uno de los asesores principales de Trump, publicó en redes sociales un mapa de la isla con los colores de la bandera estadounidense, junto a la palabra “PRONTO”.
El lunes, su esposo, Stephen Miller, afirmó que es “la posición formal del gobierno de EE.UU. que Groenlandia debería ser parte de Estados Unidos”. En una entrevista con CNN, Miller señaló que Estados Unidos “es la potencia de la OTAN”. “Para que EE.UU. asegure la región del Ártico, para proteger y defender a la OTAN y los intereses de la OTAN, obviamente Groenlandia debería ser parte de EE.UU.”, dijo.
Así, los acontecimientos del fin de semana pasado en Venezuela y la imprevisibilidad de Donald Trump implican que nada puede descartarse sobre el futuro de Groenlandia, y Estados Unidos tiene otras maneras de satisfacer las ambiciones territoriales del presidente. Estas son algunas de las opciones.
Comprar la isla
Estados Unidos planteó por primera vez la idea de presentar una oferta por la isla ártica a Copenhague en 1867, tras comprar Alaska a Rusia. Reconsideró la idea en 1910 y, en 1917, compró a Dinamarca lo que hoy son las Islas Vírgenes Estadounidenses por 25 millones de dólares.
Al estallar la Guerra Fría, el gobierno de Truman hizo una oferta formal en 1946 -pero no se hizo pública hasta 1991- de 100 millones de dólares por la isla, argumentando que “era completamente inútil para Dinamarca… y el control de Groenlandia es indispensable para la seguridad de los Estados Unidos”.

Copenhague se negó y, desde 2019, cuando Trump expresó por primera vez su interés en la isla, los gobiernos danés y groenlandés han reiterado que no está a la venta. Sin embargo, Rubio, según se informa, declaró a los miembros del Congreso esta semana que el objetivo era comprar el territorio, señala The Guardian.
El jefe de la diplomacia estadounidense dijo que se reunirá con funcionarios daneses para discutir sobre Groenlandia la próxima semana. “No estoy aquí para hablar de Dinamarca o de una intervención militar, me reuniré con ellos la próxima semana”, comentó Rubio en declaraciones a la prensa en Washington.
Según su ley de autogobierno de 2009, los groenlandeses pueden celebrar un referéndum sobre la independencia. Los 57.000 habitantes de la isla son quienes deciden su futuro. Una encuesta realizada en enero reveló que el 85% no quería que su patria se uniera a Estados Unidos, mientras que solo el 6% estaba a favor.
Libre asociación
El martes, The Economist informó que funcionarios estadounidenses estaban trabajando en un posible acuerdo por el cual Groenlandia firmaría un “pacto de libre asociación” con Estados Unidos.
Esta opción lleva tiempo circulando en Washington. Se asemejaría a los acuerdos que Estados Unidos ya tiene con Palaos, Micronesia y las Islas Marshall. Las pequeñas naciones del Pacífico Sur han conservado su independencia formal, al tiempo que otorgan al Ejército estadounidense carta blanca sobre su territorio a cambio de un comercio libre de aranceles, consigna The Times.
Un acuerdo de este tipo requeriría que Groenlandia lograra la independencia de Dinamarca, lo que, a su vez, solo puede ocurrir con el consentimiento del Parlamento danés. En declaraciones al periódico, la analista geopolítica polar Elizabeth Buchanan afirmó que Copenhague quería evitar este resultado “a toda costa”. Sin embargo, considera que dicho acuerdo es básicamente razonable, ya que otorgaría a los estadounidenses un mayor control sobre un territorio estratégicamente vital en su vecindad y potencialmente generaría considerables beneficios económicos para Groenlandia.
Un hombre, dos gobernantes
Hay otra opción. En esta compleja partida de ajedrez a tres bandas, es posible que Dinamarca pueda mantener, en mayor o menor medida, el statu quo.
Groenlandia seguiría avanzando hacia la independencia, pero permanecería dentro del reino danés por el momento, aunque enfrentando a daneses y estadounidenses para obtener una ventaja creciente.
Estados Unidos se conformaría con una presencia militar reforzada y una mayor libertad estratégica en la isla, una serie de acuerdos comerciales para explorar yacimientos minerales y, quizás, algunos símbolos simbólicos de soberanía de facto, como asesores para el gobierno groenlandés.
“Dada la mentalidad comercial de Trump, la demanda maximalista que tenemos ahora (de anexión) es simplemente el punto de partida de las negociaciones”, dijo Buchanan.
Uso de tratados existentes
Uno de los misterios de las últimas tensiones transatlánticas sobre Groenlandia es que Estados Unidos ya cuenta con un amplio acceso militar y podría fácilmente tener más. Un acuerdo entre Estados Unidos y Dinamarca de 1951 le permite construir, instalar, mantener y operar bases militares en todo el territorio.

El tratado, actualizado en 2004 e incluye el gobierno semiautónomo de Groenlandia, también permite a Estados Unidos albergar personal y controlar los aterrizajes, despegues, fondeaderos, amarres, movimientos y operaciones de buques, aeronaves y embarcaciones.
Copenhague ha manifestado reiteradamente su disposición a permitir que Estados Unidos amplíe significativamente su presencia militar en Groenlandia, actualmente confinada a la base espacial norteña de Pituffik, donde, según se informa, hay desplegados unos 500 efectivos.
Según The Guardian, otro acuerdo, firmado en diciembre de 2023 y vigente desde el año pasado, otorga a Estados Unidos acceso sin restricciones a las bases aéreas danesas y le permite realizar actividades militares en Dinamarca y desde ella. Estados Unidos tiene acuerdos similares con Suecia, Finlandia y Noruega.
Coerción
La mayoría de los analistas creen que si Trump está realmente decidido a integrar Groenlandia en Estados Unidos, es mucho más probable que lo haga por otros medios, utilizando la amenaza de una intervención militar como moneda de cambio.
Tiene muchas herramientas a su disposición. La más obvia es el dinero. Sus predecesores ya habían contemplado presentar a Dinamarca una oferta para comprar Groenlandia en al menos tres ocasiones: en 1867, 1910 y 1946.
Trump ha argumentado que el actual acuerdo fiscal, en virtud del cual Copenhague envía a Nuuk, la capital de la isla, una subvención global anual de unos 675 millones de dólares, es un mal negocio para los daneses y ha razonado que podrían estar dispuestos a deshacerse de una deuda financiera por un precio justo.
Se equivocó. Dinamarca rechazó sus propuestas en 2019 y no ha mostrado interés en retomar el tema.

Sin embargo, los groenlandeses podrían estar más dispuestos a ser persuadidos. El año pasado, Trump prometió invertir “miles de millones de dólares para crear nuevos empleos y enriquecerlos”. Para un territorio de 57.000 habitantes con un PIB inferior a 4.000 millones de dólares, que depende abrumadoramente de la pesca y de los subsidios de Copenhague, estas sumas podrían ser transformadoras si se materializaran.
Hacia el final del primer mandato de Trump, Estados Unidos lanzó una campaña para ganarse el apoyo de los groenlandeses, comenzando con un paquete de ayuda de 12 millones de dólares destinado al desarrollo económico, la educación y una “consultoría especializada estadounidense” no especificada.
Después vino una oleada de iniciativas bilaterales, que incluyeron el envío de estadounidenses a escuelas secundarias para enseñar inglés, la reapertura del consulado estadounidense en Nuuk, el nombramiento de un “asesor superior de desarrollo” estadounidense y el establecimiento de programas de capacitación para reclutas en el incipiente sector minero de la isla.
Una serie de visitas recientes de figuras del círculo íntimo de Trump, desde su hijo Donald Trump Jr. hasta el vicepresidente J. D. Vance, se percibieron generalmente como ejercicios de intimidación contundentes, más que como halagos.
Invasión
Si todo lo demás falla, los analistas estadounidenses han sugerido que, en principio, una toma de control militar no sería difícil. Groenlandia no tiene ejército territorial, y los pocos barcos, helicópteros y un solo avión operados por el comando conjunto danés para el Ártico en Nuuk tienen fines de observación, destaca The Guardian.
Argumentan que la presencia militar estadounidense en la isla, posiblemente con el apoyo de algunas fuerzas especiales, sería teóricamente suficiente para capturar Nuuk en cuestión de minutos y podría simplemente declarar Groenlandia territorio estadounidense.
En la práctica, sin embargo, los analistas daneses afirman que sería todo menos sencillo, especialmente dadas las condiciones climáticas notoriamente adversas de Groenlandia. Y las consecuencias serían enormes.

La primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, declaró esta semana que un ataque estadounidense a Groenlandia, que está amparada por la membresía de Dinamarca en la OTAN, significaría “el fin” de la alianza militar. También haría estallar la “seguridad posterior a la Segunda Guerra Mundial”, añadió.
Además de ser completamente ilegal, los analistas también afirman que una operación militar estadounidense privaría instantáneamente a Washington de la confianza de sus aliados y de información potencialmente vital.
Jacob Kaarsbo, exanalista de la agencia danesa de inteligencia de defensa, afirmó que un ataque estadounidense se enfrentaría a oposición. Un “trabajo rápido y sucio”, tomando la torre de control y los sitios estratégicos, podría haber sido posible en 2025, afirmó, pero Dinamarca ha intensificado su presencia.
El clima invernal también dificultaría enormemente cualquier operación, añadió. “Espero que los europeos puedan convencer a Estados Unidos de que efectivamente responderemos al fuego”, declaró. “Los soldados estadounidenses regresarían a Estados Unidos en bolsas para cadáveres”.
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