Empleada federal por cierre del gobierno en EE.UU: “Tuve que cortar mis comidas”

Trabajadores federales despedidos protestan en Washington. Foto: AFP

Debra-Ann Brabazon relata a La Tercera los efectos del shutdown, que entró en su segundo mes.


El cierre parcial del gobierno que afecta a EE.UU. ya cumplió un mes, convirtiéndose en el más largo de la historia del país. El shutdown que partió el 22 de diciembre ha afectado a 800.000 trabajadores federales, los cuales se mantienen sin sueldo por el tiempo que dure la paralización.

A pesar de que el cierre afecta solo al 0,5% de los trabajadores norteamericanos, las consecuencias económicas ya comenzaron a sentirse al interior de los hogares de estos empleados federales.

“A corto plazo, me preocupa más si voy a ganar suficiente dinero para poder subsistir con comestibles, pagar mis servicios públicos, cualquier gasto médico de emergencia en que pueda incurrir, así como algo de comida para mascotas e incluso gasolina para mi auto para poder ir a trabajar”, comenta a La Tercera Debra-Ann Brabazon, una de las trabajadoras afectadas por el cierre.

Brabazon, de 54 años, se desempeña como especialista en educación sobre prevención de incendios e información en los Bosques Nacionales de Huron-Manistee, en Michigan. Con una hija a punto de entrar a la universidad, los gastos en su casa van en aumento y, al no recibir sueldo, no tiene posibilidad de pagarlos. Su esposo trabaja en otro estado y coopera costeando algunas cosas, pero también tiene sus propios gastos. Por eso, ha tenido que priorizar lo esencial: “Inscribí a mi hija para un almuerzo gratis en la escuela local para asegurarme de que al menos tuviera dos comidas gratuitas al día, ya que también tuve que cortar mis propias comidas en una por día”, relata.

Debra-Ann tuvo que aceptar un trabajo momentáneo como profesora sustituta para pagar sus deudas, pero tampoco fue gratis. Tuvo que pagar US$ 100 para obtener su certificado. Si bien Brabazon viene de una familia modesta que le enseñó a vivir con lo esencial, confiesa que le ha costado aceptar ayuda para sobrevivir: “Nunca me imaginé que estaría en el extremo de recibir esta ayuda y que tuviera que tragarme mi orgullo y aceptar un regalo de dinero o comida por necesidad”.

Al igual que Brabazon, otros empleados federales también se han visto obligados a desempeñar otros oficios para lograr costear sus gastos. Ante un cierre que podría extenderse, los afectados han debido recurrir a trabajos menores para los cuales están sobrecalificados, como conductores de Uber, babysitters, profesores sustitutos en colegios, instructores de yoga o empleados en gimnasios y locales de comida.

Hoy se votará en el Congreso un par de proyectos de ley para financiar al gobierno federal. Uno tiene que ver con los fondos para el muro fronterizo y otro que busca extender el financiamiento para las agencias cerradas hasta el 8 de febrero. De progresar, la reapertura del gobierno federal podría ser antes de lo esperado. De lo contrario, Debra-Ann deberá seguir como profesora sustituta.

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