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Escalada en Líbano pone a Hezbolá en un punto crítico

Los gobiernos israelí y libanés buscan ahora debilitar y desarmar al grupo chiita cercano a Irán. Sin embargo, existen dudas si ese escenario se puede concretar. En medio del conflicto en Medio Oriente, que comenzó hace una semana, Israel ha atacado el sur de Líbano y también la capital Beirut.

Humo se eleva desde los edificios tras el bombardeo israelí cerca del Aeropuerto Internacional Rafic Hariri en Beirut, Líbano, el 4 de marzo de 2026. Foto: Xinhua Bilal Jawich

La decisión de Hezbolá de unirse a la guerra en represalia por el asesinato del ayatolá Alí Jamenei reactivó el frente libanés con gran fuerza amenazando con convertirse en el más intenso del conflicto que comenzó hace una semana. Una vez más, el país se enfrenta a un escenario que ya conoce: más de 100 mil personas desplazadas, debido a que se vieron obligadas a evacuar sus hogares hacia el norte debido a los ataques.

Israel atacó Beirut el viernes después de ordenar una evacuación sin precedentes de todos los suburbios del sur de la capital libanesa, una importante expansión de la guerra contra Irán que comenzó hace una semana junto con Estados Unidos.

En una de las primeras señales desde el inicio de la guerra sobre cualquier posible iniciativa diplomática para ponerle fin, el Presidente iraní, Masoud Pezeshkian, publicó en X: “Algunos países han iniciado esfuerzos de mediación”. No identificó a los países ni proporcionó más detalles.

“Seamos claros: estamos comprometidos con la paz duradera en la región, pero no dudamos en defender la dignidad y la autoridad de nuestro país. La mediación debe dirigirse a quienes subestimaron al pueblo iraní y provocaron este conflicto”, añadió. Según el sistema iraní, el presidente está subordinado al líder supremo, pero Pezeshkian ahora forma parte de un panel que ha asumido los deberes de Jamenei.

Imagen del 5 de marzo de 2026 de un edificio dañado en ataques aéreos israelíes, en un suburbio del sur de Beirut, Líbano. Foto: Xinhua Bilal Jawich

Sin embargo, el Presidente Trump respondió, el viernes, diciendo que no habrá un acuerdo con Irán a menos que haya “una rendición incondicional”.

Israel ha extendido sus bombardeos al Líbano para erradicar a Hezbolá, la milicia chiíta aliada de Irán que ha sido una facción dominante en la política libanesa desde la década de 1980. Hezbolá disparó contra Israel esta semana para vengar la muerte de Jamenei.

Aunque Israel ha intervenido en el Líbano repetidamente durante décadas, la más reciente ha sido una campaña que debilitó a Hezbolá en 2024. Sin embargo, la ferocidad de los ataques del viernes tenía pocos precedentes incluso en la larga historia de guerra en la capital libanesa.

Las explosiones iluminaron el cielo nocturno sobre los suburbios del sur de Beirut y el ejército israelí afirmó haber llevado a cabo 26 oleadas de ataques durante la noche contra centros de mando y depósitos de armas de Hezbolá.

“Dormimos aquí en la calle: algunos en coches, otros en la calle, otros en la playa”, dijo a Reuters Jamal Seifeddin, de 43 años, quien huyó de los suburbios del sur de Beirut y pasó la noche en las calles del centro de la capital. “Nunca había dormido en el suelo así. Me obligaron a hacerlo. Nadie trajo ni una manta”.

Un frágil equilibrio

Actualmente los funcionarios libaneses deben mantener el equilibrio de calmar las demandas de Estados Unidos y otros aliados de actuar con rapidez y decisión contra el grupo Hezbolá -que se estima que serían entre 40 mil y 50 combatientes- y, al mismo tiempo, proceder con cautela para evitar enfrentamientos entre soldados libaneses y militantes del grupo chiita, un escenario que muchos temen podría desatar un conflicto civil en el Líbano.

“Este es el punto de inflexión”, declaró a The New York Times Sami Nader, director del Instituto de Ciencias Políticas de la Universidad de San José de Beirut. “O nos encontramos con el sombrío escenario en el que el ejército se enfrenta a Hezbolá y se desata un conflicto civil, o Hezbolá acata la decisión del gobierno y se desarma”.

Imagen del 4 de marzo de 2026 de escombros en un área después de los ataques aéreos israelíes, en los suburbios del sur de Beirut, Líbano. Foto: Xinhua Bilal Jawich

El panorama ha cambiado para el grupo. El lunes, el primer ministro libanés, Nawaf Salam, anunció que la actividad militar de Hezbolá es ilegal y está prohibida. Y es más, ordenó al ejército libanés impedir cualquier ataque desde territorio libanés hacia Israel y detener a cualquiera que intente iniciarlo.

“Esta histórica decisión gubernamental convierte efectivamente al ejército en un componente clave de un movimiento de pinza destinado a reducir las capacidades de Hezbolá y presionarlo para que deponga las armas”, indicó el diario Haaretz.

Para el periódico, Israel podría encontrar ahora en el Líbano un socio decidido a cooperar, aunque no abiertamente, para eliminar la amenaza que representa la organización.

El gobierno libanés no se detuvo ahí. En otra decisión, aprobó el plan operativo del ejército para la segunda fase del proyecto de desarme de Hezbolá. Se espera que el plan se centre al norte del río Litani, en zonas donde la organización mantiene arsenales de misiles de largo alcance, depósitos de municiones e instalaciones de producción.

En el Líbano, las evaluaciones iniciales sugerían que la implementación del plan podría tardar varias semanas. Algunos funcionarios mencionaron mayo como posible fecha límite, coincidiendo con las ya programadas elecciones generales, que ya se habla de postergarlas producto de los ataques.

Sin embargo, la decisión de Hezbolá de lanzar un ataque, y la respuesta masiva de Israel, podrían acelerar la actividad del ejército libanés, así como la coordinación discreta que se está desarrollando entre este y las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), indicó The New York Times.

Las Fuerzas Armadas Libanesas también anunciaron esta semana la detención de 26 ciudadanos libaneses en puestos de control del ejército por posesión ilegal de armas y municiones. Si bien el comunicado del ejército no mencionó a Hezbolá por su nombre, sí sugirió que el ejército estaba procediendo a ejecutar la decisión del gobierno.

Las circunstancias surgidas tras la guerra en Irán dejan a Hezbolá con poco margen de maniobra, indicó Haaretz. Sus ataques dentro de Israel no reducen la escala de las operaciones de las FDI y el ejército estadounidense contra Irán. Sus fuentes de financiamiento iraníes han menguado, y es probable que los aproximadamente mil millones de dólares que recibió el año pasado se reduzcan significativamente.

Incluso ahora, el grupo está lejos de satisfacer las expectativas de compensación de los residentes chiitas del sur del Líbano cuyas viviendas resultaron dañadas. “Es razonable suponer que las futuras promesas que les hicieron también quedarán incumplidas, lo que erosionará aún más su apoyo público. Para detener esta erosión, Hezbolá podría recurrir a una medida que ya ha adoptado en el pasado: desplegar sus armas hacia el interior, enfrentándose al ejército libanés e intentando provocar una guerra civil”, añadió el diario Israelí.

FOTO: Courtney Bonneau

Otros conflictos

Los enfrentamientos entre Israel y Hezbolá no son nuevos. Una guerra que duró un año entre Hezbolá e Israel estalló cuando los militantes lanzaron cohetes contra posiciones israelíes en octubre de 2023 en solidaridad con el grupo palestino Hamás, otro grupo respaldado por Irán, que lideró un ataque mortal contra Israel ese mismo mes.

El ataque de Hezbolá provocó que Israel respondiera con una serie de ataques que culminaron en un alto el fuego en noviembre de 2024 y dejaron gran parte del Líbano y de Hezbolá devastados. Muchos analistas afirman que, tras esa guerra, miembros de la Guardia Revolucionaria completaron las reducidas filas de Hezbolá en el Líbano y asumieron gran parte de la toma de decisiones militares del grupo.

Según explicó el diario The New York Times, “la conflictiva mezcla política y social del Líbano incluye musulmanes chiitas y sunitas, cristianos de diversas denominaciones y drusos, quienes en su día se enfrentaron en una sangrienta guerra civil de 15 años. Dentro del Estado libanés, estas facciones y sectas han competido durante mucho tiempo por el poder y la influencia. Pero durante la mayor parte de las últimas dos décadas, Hezbolá se ha impuesto como la fuerza militar y política dominante del país”.

Luego del frágil alto el fuego que culminó la escalada previa de Hezbolá con Israel, la situación política en el Líbano comenzó a cambiar. Ese conflicto le costó al grupo gran parte de su arsenal y destruyó sus filas militares. La frustración creció entre su base de apoyo, mayoritariamente chií, muchos de los cuales fueron desplazados durante la guerra.

El Estado libanés aprovechó esa oportunidad. Así, con Hezbolá a la defensiva, el Parlamento libanés superó años de estancamiento político que los críticos habían atribuido a Hezbolá y formó un nuevo gobierno. Esto generó impulso para desarmar a Hezbolá y restablecer el equilibrio de poder en un país donde muchos creían que el gobierno había sido efectivamente secuestrado por el grupo militante respaldado por Irán, indicó The Times.

En el año transcurrido desde entonces, el gobierno y el Ejército libanés han sido objeto de críticas por su lentitud en estos esfuerzos. Los líderes militares han argumentado que su cautela refleja el poderío militar que aún mantiene Hezbolá y la preocupación de que una represión más agresiva pueda provocar enfrentamientos entre soldados y combatientes de Hezbolá, lo que podría derivar en disturbios internos más amplios.

La última vez que el gobierno libanés actuó contra Hezbolá, en 2008, el enfrentamiento se tornó rápidamente mortal. Después de que el gobierno, encabezado por el primer ministro Fouad Siniora, intentara desmantelar la red de comunicaciones privadas de Hezbolá, estallaron enfrentamientos en Beirut entre partidarios del gobierno y combatientes de Hezbolá.

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