Por Bastián DíazGaspard Estrada, analista político: “Le Pen ha logrado ‘desdemonizar’ al partido y presentarse como una opción de poder, no solo de protesta”
El experto señala que, con Marie Le Pen como candidata para 2027, el tablero entero de la política francesa se remueve. Entre el temor por su popularidad y la apertura de una oportunidad, el macronismo y la izquierda tendrán que reescribir sus planes para abril próximo.

Este martes un giro argumental sacudió la campaña presidencial en Francia: Marine Le Pen, la líder del partido de extrema derecha Agrupación Nacional, fue condenada por la Corte de Apelaciones en un caso de desvío de fondos. Hasta ahí, nada cambiaba con la decisión del tribunal de primera instancia, pero la condena fue revisada: ineligible por cinco años, la excandidata presidencial quedó inhabilitada solo por 15 meses, de los cuales ya han pasado más de 12.
La cuenta se hizo rápido, y para las próximas presidenciales de abril de 2027, Le Pen podría participar en los comicios. A las horas, en TF1, la parisina lo anunciaba: “No hay escenario en el que yo no sea la candidata de la Agrupación Nacional”.
Y las encuestas la sitúan como la favorita. Estas apuntan que, a pesar de la sentencia judicial y ahora que se ha hecho pública su intención de concurrir a los comicios, Le Pen contaría con entre el 34% y el 36% de los apoyos, según informaciones recogidas por el diario Les Échos.
“Su condena no tuvo ningún impacto negativo. Al contrario, el anuncio de su candidatura ha tenido un efecto positivo y eso ha sido lo relevante”, explicó Bruno Jeanbart, vicepresidente de OpinionWay, en declaraciones al periódico francés.
En entrevista con La Tercera, Gaspard Estrada, politólogo de Sciences Po en París, explica cómo queda el tablero, después de más de un año con Jordan Bardella como la opción presidencial de la extrema derecha, y a nueve meses para la elección.

¿Cuán probable era que Marine Le Pen fuera declarada “elegible”, después de casi un año de condena? ¿Cómo cambia esto la carrera presidencial?
Era una posibilidad real, pero no segura. Desde su condena de marzo de 2025 por malversación de fondos europeos, el punto central no era tanto la culpabilidad penal, confirmada en apelación, como el alcance político de la pena de inhabilitación. La corte de apelación mantuvo la condena, pero redujo y moduló la sanción de inelegibilidad, permitiéndole competir en 2027. Eso cambia completamente la elección: Le Pen vuelve a ser la candidata de Agrupación Nacional y recompone el escenario político.
La elección presidencial deja de organizarse en torno a la pregunta “¿quién reemplaza a Le Pen?” y vuelve a girar en torno a otra: “¿Puede Le Pen ganar finalmente el Elíseo?”. Su condena sigue siendo una carga, pero la elegibilidad reconstituye su centralidad política.
¿Cómo queda Jordan Bardella, que más o menos se hacía la idea de ser candidato por Agrupación Nacional, luego de que Le Pen se declarara candidata?
Bardella queda desplazado, pero no debilitado de manera definitiva. Durante meses funcionó como “plan B” de Agrupación Nacional: joven, mediático, capaz de hablarle a un electorado menos marcado por la historia familiar de los Le Pen. Su eventual candidatura parecía ganar plausibilidad si la justicia cerraba definitivamente el camino a Marine Le Pen. Pero una vez que ella recupera la posibilidad de competir, la jerarquía interna del partido se restablece. Bardella no puede desafiarla frontalmente sin poner en riesgo la unidad del movimiento.
Su papel más probable es convertirse en garante de continuidad generacional: jefe de campaña de hecho, figura central en la movilización juvenil y posible primer ministro en caso de victoria. En términos estratégicos, queda en espera. Pero la espera no es pasiva: si Le Pen tropieza judicial o políticamente, Bardella seguirá siendo el heredero mejor colocado. La diferencia es que ya no controla el calendario.

¿Cómo afectará a Le Pen el hecho de tener que usar tobillera electrónica a la hora de hacer campaña?
El impacto será más simbólico que logístico, al menos por ahora. Le Pen anunció que recurrirá ante la Corte de Casación, y ese recurso suspende la ejecución de varias partes de la pena, incluida la vigilancia electrónica, mientras se resuelve el proceso judicial. Por tanto, no necesariamente hará campaña físicamente con una tobillera.
Pero políticamente el tema ya está instalado. Para sus adversarios, la imagen es devastadora: una candidata presidencial condenada, eventualmente bajo arresto domiciliario o vigilancia electrónica, aspirando a dirigir el Estado. Para sus partidarios, en cambio, puede reforzar la narrativa de persecución judicial y de “sistema” movilizado para impedir su llegada al poder. La pregunta es qué pesa más en segunda vuelta. En primera vuelta, probablemente consolide a su base; en segunda, puede dificultar la conquista de votantes moderados que ya dudan de Agrupación Nacional.
¿Qué ventajas tiene Le Pen y cuáles tenía Bardella, a la hora de presentarse a las presidenciales?
Le Pen tiene tres ventajas decisivas. Primero, una notoriedad incomparable: es una figura conocida por todos los franceses, con una base electoral estable y una experiencia como candidata presidencial desde 2012. Segundo, domina el relato emocional de Agrupación Nacional: para sus votantes, encarna una larga batalla contra las élites políticas, mediáticas y judiciales. Tercero, ha logrado “desdemonizar” parcialmente al partido y presentarse como una opción de poder, no solo de protesta.
Bardella tenía otras ventajas. Su juventud le permitía romper con parte del pasivo histórico del apellido Le Pen. No estaba directamente implicado en esta condena y podía representar una extrema derecha más moderna, más televisiva, menos cargada de memoria política. También podía hablar mejor a una generación que consume política en redes sociales y no vivió los años más duros del Frente Nacional. Pero tenía una desventaja mayor: aún no ha demostrado que pueda sostener solo una campaña presidencial larga, dura y altamente personalizada. Le Pen ofrece profundidad electoral, mientras Bardella ofrecía renovación. Agrupación Nacional habría ganado frescura con Bardella, pero conserva peso político con Le Pen.

¿Cómo viven esto los distintos sectores políticos, y en particular el macronismo, la izquierda y La Francia Insumisa?
El macronismo lo vive con ambivalencia. Por un lado, Le Pen candidata permite reconstruir el viejo reflejo del “frente republicano”: presentar al centro liberal como último dique frente a la extrema derecha. Por otro lado, ese mecanismo está mucho más desgastado que en 2017 o 2022. Muchos votantes ya no responden automáticamente a este tipo de llamado y el macronismo llega debilitado por el fin del ciclo Macron, sin candidato natural indiscutible.
La izquierda tradicional ve una oportunidad y un peligro. La oportunidad es denunciar la incompatibilidad entre condena penal y aspiración presidencial. El peligro es que una campaña centrada solo en la moralidad de Le Pen refuerce su victimización sin responder a las preocupaciones sociales, territoriales y de seguridad que alimentan a Agrupación Nacional. Para socialistas, ecologistas y comunistas, la prioridad será construir una alternativa creíble que no dependa únicamente del rechazo a la extrema derecha.
La Francia Insumisa, por su parte, buscará explotar el caso como prueba de una crisis general de las élites y de la Quinta República. Pero enfrenta una contradicción: cuanto más se polarice la campaña entre Le Pen y el “sistema”, más difícil será para la izquierda insumisa aparecer como única fuerza antisistema. Jean-Luc Mélenchon y su entorno intentarán desplazar el debate hacia la justicia social, la crítica institucional y la denuncia de una extrema derecha “antisistema” solo en apariencia.
COMENTARIOS
Para comentar este artículo debes ser suscriptor.
Lo Último
Lo más leído
1.
2.
3.
4.
5.
La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
50% Plan Digital+$5.150 al mes SUSCRÍBETE


















