Por Cristina Cifuentes¿Una nueva etapa de la guerra? El riesgo de una extensa escalada en Medio Oriente
Desde el lunes pasado hasta el jueves, Estados Unidos e Irán pasaron de un frágil alto el fuego a una confrontación militar abierta. La escalada se desarrolló con el telón de fondo del funeral del ayatola Alí Jamenei, asesinado durante la fase inicial de la guerra, en febrero. Los expertos creen que es posible que la región se dirija hacia una ofensiva larga entre Washington y Teherán.

La guerra de Estados Unidos en Irán entró en una nueva fase. Durante casi dos semanas, muchos en la comunidad internacional consideraron que el conflicto había iniciado una etapa de posguerra. Sin embargo, el presidente estadounidense, Donald Trump, dio su sentencia el miércoles, cuando señaló que el Memorando de Entendimiento, que habían acordado ambos países, había terminado y prometió represalias contra la República Islámica.
Las declaraciones de Trump pusieron en evidencia el estancamiento de las conversaciones con Teherán, en medio del acuerdo de paz preliminar que firmaron a mediados de junio. El mandatario republicano tildó a los líderes iraníes de “escoria”, “mentirosos” y “gente cruel y violenta”, y señaló que estaba considerando reimponer un bloqueo naval a Irán para aumentar la presión económica y planteó la posibilidad de atacar infraestructura civil como plantas de electricidad y desalinizadoras.
Así, desde el lunes pasado hasta el jueves, Estados Unidos e Irán pasaron de un frágil alto el fuego a una confrontación militar abierta. La escalada tuvo como telón de fondo el funeral del ayatolá Alí Jamenei, asesinado durante la fase inicial de la guerra, en febrero.
Los actos, donde incluso se corearon consignas como “muerte a Estados Unidos” o “muerte a Israel”, transmitieron los mensajes de unidad nacional en el país. Esto, pese a que estos mismos pusieron en evidencia las profundas divisiones en el país.

Por ejemplo, uno de los negociadores clave, el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, fue apedreado durante una procesión fúnebre y acusado de apaciguamiento. Los atacantes lo insultaron y pidieron su muerte. El Presidente Masoud Pezeshkian no corrió mejor suerte y tuvo que ser rescatado de una multitud enfurecida por su equipo de seguridad.
Mientras, entre la noche del lunes y el martes, las fuerzas iraníes atacaron tres buques mercantes que transitaban por el estrecho de Ormuz: el petrolero saudita M/T Wedyan, el buque metanero qatarí M/T Al Rekayyat y el buque con bandera liberiana M/T Cyprus Prosperity.
Los precios del petróleo subieron inmediatamente, Washington revocó una exención de 60 días de las sanciones a las exportaciones de petróleo iraní, y Teherán demostró que aún conserva influencia sobre la vía energética más importante del mundo.
Así, el Comando Central de Estados Unidos respondió con uno de sus mayores despliegues durante la guerra. Los ataques de precisión alcanzaron más de 80 objetivos militares en el sur de Irán, incluyendo defensas aéreas, radares costeros, centros de mando y control, infraestructura de misiles, activos navales de la Guardia Revolucionaria Islámica y algunos objetivos en zonas civiles. Más de 60 lanchas rápidas de ataque de la Guardia Revolucionaria Islámica que operaban en los alrededores del estrecho de Ormuz fueron destruidas.
En respuesta, Irán lanzó, el miércoles, misiles y drones contra instalaciones militares estadounidenses en Bahrein y Kuwait, lo que provocó alertas de defensa aérea en ambos países.
El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, declaró que “la era de la intimidación y la extorsión ha terminado”, mientras que el Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán prometió tomar “todas las medidas que considere necesarias” para defender la seguridad nacional.
Poco después, Trump, mientras participaba en una cumbre de la OTAN en Ankara, dio su sentencia: “El Memorando de Entendimiento está muerto. Creo que se acabó”, y desestimó nuevas negociaciones al calificarlas como “una pérdida de tiempo. Para la mañana del miércoles, ambos gobiernos habían abandonado públicamente el marco diplomático que había detenido los combates a gran escala tan solo unos días antes. El jueves, Estados Unidos optó por no atacar a Irán por tercera noche consecutiva.

“Irán nos ha pedido que continuemos las ‘conversaciones’. Hemos accedido a hacerlo, pero Estados Unidos les ha dejado claro, sin lugar a dudas, que el alto el fuego ¡HA TERMINADO!”, escribió Trump en su plataforma Truth Social el viernes.
“El alto el fuego nunca fue el verdadero problema. El verdadero problema siempre ha sido el equilibrio de poder que surgió tras la primera fase de la guerra. Irán sobrevivió. Conservó la capacidad de amenazar el tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz. Estados Unidos destruyó importantes activos militares, pero no eliminó la capacidad de Irán para imponer costos. Israel sigue insatisfecho, porque el régimen iraní sobrevivió y Teherán aún conserva la posibilidad de recuperar la capacidad de desarrollar armas nucleares”, escribió el cientista político de la Universidad de Chicago, Robert Pape, en un análisis realizado en Substack.
“Al declarar el memorándum ‘muerto’ y abandonar públicamente las negociaciones, el Presidente Trump ha vinculado su credibilidad política de forma más directa al resultado militar del conflicto. Si la guerra se prolonga mientras los mercados petroleros siguen bajo presión y los precios mundiales de la energía continúan subiendo, los costos políticos internos aumentarán en lugar de disminuir”, añadió.
Pape, que es uno de los mayores expertos en operaciones militares, indicó que esta situación crea un incentivo poderoso para que Trump busque un éxito militar visible y para ello las posiciones estratégicas de Irán en torno al estrecho de Ormuz, incluyendo la isla de Qeshm y el complejo de exportación de petróleo de la isla de Kharg, son de las opciones más posibles, porque proporcionarían una demostración concreta de que Estados Unidos había recuperado la iniciativa estratégica.
En la misma línea, la columnista del diario Financial Times, Kim Ghattas, señaló que “es probable que haya más conversaciones, pero también más ataques”. “Esto le conviene al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, el único actor con una estrategia clara, para quien la guerra es imprescindible para la supervivencia política y que aún espera que la resistencia del régimen iraní no sea inagotable”.
“Pocos en Washington, Teherán o el mundo árabe desean un regreso a una guerra abierta. Pero la región parece encaminarse hacia un largo y tenso verano de escalada gradual, una pendiente resbaladiza hacia el conflicto, hasta las elecciones israelíes de octubre y las elecciones de mitad de mandato estadounidenses en noviembre”, indicó.
Presión por negociaciones
En medio de este contexto, Qatar, Pakistán y otros mediadores regionales están intentando reducir las tensiones entre Estados Unidos e Irán y reactivar las negociaciones sobre un acuerdo nuclear, según dijeron al portal Axios dos fuentes de los países mediadores y un funcionario estadounidense.
Los mediadores consideran que, independientemente de la reciente escalada, las partes lograron avances hacia un acuerdo nuclear en rondas de conversaciones anteriores y desean evitar que el memorando de entendimiento se desmorone.
Una fuente regional de uno de los países mediadores afirmó que los negociadores creen que los recientes ataques iraníes en Ormuz fueron iniciados por elementos dentro del régimen que se oponen al Memorando de Entendimiento y quieren socavarlo.

Así, negociadores qataríes viajaron a Irán el viernes, en coordinación con Estados Unidos, para reunirse con funcionarios iraníes en un esfuerzo por reducir la tensión y crear las condiciones para que se reanuden las negociaciones, según un diplomático con conocimiento de la visita.
El diplomático afirmó que las reuniones en Mashhad entre funcionarios qataríes e iraníes aún continúan, “pero está claro que ambas partes quieren retomar el Memorando de Entendimiento”.
En un análisis del diario The New York Times se señaló que Trump y su equipo estarían retomando las sanciones petroleras y los bombardeos, aunque no han explicado todavía por qué creen que esta combinación de guerra económica y bombardeos dará un resultado diferente esta vez.
“Nos encontramos en una especie de callejón sin salida estratégico”, dijo a The New York Times, Richard N. Haass, un diplomático de larga trayectoria que trabajó en el Departamento de Estado y en el Consejo de Seguridad Nacional bajo varias administraciones, incluida la de George W. Bush, durante los primeros días de la guerra de Irak.

“El dilema es que cuanto más atacamos, más atacan los iraníes la infraestructura petrolera y energética del Golfo”, dijo. “Y el gobierno aún no ha encontrado la manera de defender esas instalaciones”.
Para los expertos, una de las opciones que tiene el gobierno de Estados Unidos es mantener una ofensiva limitada, concentrada en proteger la navegación y responder únicamente a nuevos ataques iraníes, buscando obligar a Teherán a regresar a la mesa de negociación desde una posición de mayor debilidad. Otro escenario puede ser ampliar los objetivos militares hacia infraestructura estratégica iraní, como ya ha insinuado Trump al mencionar instalaciones energéticas e incluso la isla petrolera de Kharg, lo que incrementaría considerablemente el riesgo de una guerra regional.
Finalmente, permanece abierta la posibilidad de retomar las negociaciones si Irán suspende los ataques contra el tráfico marítimo y acepta reactivar el memorando bajo nuevas condiciones.
Sin embargo, indicó la cadena France 24, cualquier decisión también estará condicionada por factores internos. Una escalada prolongada podría traducirse en mayores precios internacionales del petróleo, un costo político sensible para Trump a pocos meses de las elecciones legislativas de noviembre.
Para Teherán, las alternativas tampoco son simples. Esto, porque puede mantener la presión militar sobre el estrecho de Ormuz para fortalecer su capacidad de negociación, aunque ello aumentaría la probabilidad de nuevos ataques estadounidenses.
También, sostuvo France 24, puede regresar a las conversaciones, consciente de que el alivio económico prometido sigue siendo una necesidad urgente para una economía fuertemente afectada por las sanciones.
Una tercera posibilidad sería ampliar la confrontación mediante ataques indirectos contra intereses estadounidenses o sus aliados regionales, un escenario que ya ha probado y que elevaría considerablemente el riesgo de una guerra regional de mayor alcance.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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