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La histórica y polémica reforma de la Casa Imperial que confirmaría la discriminación de las mujeres para ser emperatrices en Japón

Tras la luz verde de la Cámara Baja, el gobierno de la primera ministra conservadora Sanae Takaichi quiere aprobar la ley esta semana. La iniciativa permitirá adoptar a plebeyos descendientes de antiguos nobles para asegurar el futuro de la dinastía reinante más antigua del planeta.

El emperador Naruhito, la emperatriz Masako y su hija, la princesa Aiko, posan durante una sesión fotográfica familiar con motivo del Año Nuevo en el Palacio Imperial de Tokio, Japón, el 23 de diciembre de 2023. IMPERIAL HOUSEHOLD AGENCY

El actual emperador de Japón, Naruhito, declaró en una conferencia de prensa hace escasas semanas que los esfuerzos en los que están inmersos el gobierno de la primera ministra Sanae Takaichi y el Parlamento para garantizar el futuro de la dinastía reinante más antigua del planeta deben “contar con la comprensión del pueblo”.

Y no es aventurado suponer que mostraba así su gran preocupación ante el proyecto de enmienda de la Ley de la Casa Imperial que la administración de la conservadora Takaichi tiene previsto promulgar definitivamente esta semana, a pesar de que, por seguir con las palabras de Naruhito, parece que difícilmente puede digerirlo la ciudadanía.

Según detalla el diario El Mundo, la escasez de varones en una familia imperial en la que las mujeres están excluidas del orden sucesorio y tampoco pueden transmitir derechos al trono se ha convertido en el mayor problema institucional en un país tan ultramoderno en lo económico y lo tecnológico como conservador en lo social y lo político.

El príncipe Hisahito, hijo de los príncipes herederos Akishino y Kiko. ‘ã•\

Así, después de décadas de debates, la Cámara Baja aprobó el viernes pasado la primera enmienda de calado de la Ley de la Casa Imperial con la que se pretende afrontar nada menos que el riesgo de extinción de la dinastía reinante más antigua del planeta.

Los diputados votaron a favor del proyecto de ley del gobierno de Takaichi que introduciría dos cambios trascendentales en la norma por la que se rige la familia imperial: uno, permitir que las mujeres conserven su dignidad imperial después de casarse con plebeyos, medida con la que se busca garantizar un número mínimo adecuado de miembros en activo al servicio de la institución; y otro, más relevante aún, permitir que la familia reinante adopte a varones de 15 años o más que desciendan por línea masculina de las 11 antiguas ramas imperiales que perdieron ese estatus con la Constitución de 1947, impuesta por Estados Unidos tras la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial.

Esto último no sólo permitiría sumar de savia nueva a la Corona, ya que hoy sólo hay tres varones en activo -el actual emperador, su hermano y Heredero, el príncipe Akishino, y su hijo Hisahito-, sino que sería la solución adoptada de emergencia para garantizar en el futuro la continuidad dinástica, ya que, si bien los varones que ahora se adoptaran estarían excluidos de la sucesión al trono, sus hijos varones sí nacerían ya con derechos sucesorios.

Quede claro que lo que en modo alguno se ha contemplado es la posibilidad de que las mujeres puedan convertirse en emperatrices ni transmitir esos derechos. El emperador, la emperatriz, los emperadores eméritos, así como Akishino y su mujer, la princesa Kiko, han sido excluidos de la lista de posibles padres adoptivos.

Tras la aprobación de la Cámara Baja, el gobernante Partido Liberal Democrático (PLD) y su aliado de coalición, el Partido de la Innovación de Japón, pretenden que la reforma de la Ley de la Casa Imperial sea aprobada por la Cámara de Consejeros para su promulgación antes de que finalice la actual legislatura parlamentaria, el 17 de julio.

Llamado a detener el proyecto

Pero este sábado, y ante la cuenta atrás para que el gobierno dé luz verde a la ley, uno de los periódicos de mayor tirada del país, el Asahi Shimbun, no pudo ser más claro en su editorial, que titula: “Hay que detener el proyecto de ley que pretende modificar la Ley de la Casa Imperial”. “La administración de la primera ministra Sanae Takaichi está avanzando imprudentemente con una revisión de la Ley de la Casa Imperial incluso sin el consenso del poder legislativo ni de la ciudadanía”, se lee en el duro texto.

“Se trata de un acto indignante mediante el cual el gobierno está destruyendo el mismo ‘ambiente de calma’ que decía ser necesario. Si el proyecto de ley se aprueba tal como está, dejará una mancha negra en la historia, además de causar problemas en el futuro. El gobierno debe revocar la medida y comenzar de nuevo las deliberaciones desde el principio”, exige el editorial.

El Mundo recuerda que los actuales emperadores, Naruhito y Masako, sólo tienen una hija, la princesa Aiko. Estuvo a punto de hacer historia como posible futura emperatriz, ya que, cuando nació, ante la escasez de varones en la dinastía, se inició el debate parlamentario para abolir la ley sálica. Sin embargo, en 2006, el hermano del actual emperador, el príncipe heredero Akishino, tuvo un hijo, el príncipe Hisahito. Y es este joven quien está llamado a ser en el futuro el monarca del trono del crisantemo. Su nacimiento abortó aquel incipiente proceso en marcha para permitir que las mujeres pudieran reinar.

Hoy la princesa Aiko, apunta el diario español, no tendría asegurado ni su futuro en la dinastía. Aunque si se acaba aprobando la mencionada reforma de la Ley de la Casa Imperial sí podrá mantener al menos su estatus aunque se case y seguirá pudiendo representar a la Corona. Lo contrario que le ha pasado a otras princesas, como su prima Mako, quien, tras pasar por el altar en 2021, se convirtió en una plebeya anónima, expulsada de la familia imperial -a la que ya apenas puede ver- y que reside desde entonces como una ciudadana cualquiera en Nueva York.

Apoyo a una emperatriz en sondeos

Este tema genera profundas divisiones entre los políticos y los ciudadanos japoneses. Según una encuesta realizada por Kyodo News en mayo, el 83% de los japoneses apoya que una mujer pueda convertirse en emperatriz. Esta postura también cuenta con el respaldo de la oposición y de numerosos académicos.

En tanto, el 32% de los encuestados en un sondeo de opinión nacional realizado por el diario Mainichi Shimbun los días 20 y 21 de junio se opuso a la propuesta de “adoptar a los descendientes varones por línea paterna de antiguas ramas imperiales”, superando el 28% que estaba a favor. Otro 39% respondió que no estaba seguro.

Asimismo, el apoyo a la propuesta de permitir que las mujeres de la Familia Imperial conserven su estatus alcanzó el 60%, superando con creces el 12% que se oponía.

En respuesta a una pregunta sobre la posibilidad de que una mujer se convierta en emperatriz, el 40%, el grupo más numeroso, afirmó apoyar tanto a una emperatriz como a un emperador por línea materna o cuyo linaje paterno no esté conectado con la línea imperial, mientras que el 33% manifestó apoyar a una emperatriz pero oponerse a un emperador por línea materna. En conjunto, el 73% expresó su apoyo a una emperatriz, mientras que el 6% se mostró en contra.

La polémica se ha intensificado en los últimos días tras las declaraciones de Hirofumi Nakasone, exministro de Asuntos Exteriores y actual líder del grupo del PLD encargado de la reforma constitucional.

Según el político conservador, hijo del exprimer ministro Yasuhiro Nakasone (1982-1987), la ascensión de la princesa al trono sería impensable, y si llegara a ser emperatriz, “nadie querría casarse con ella” debido a la enorme presión que recaería sobre su marido y la obligación de darle un heredero varón.

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