Por qué se ha empujado la idea de que Keir Starmer dimita por el caso Epstein–Mandelson
El primer ministro británico llegó al poder en 2024 con una holgada mayoría absoluta que puso fin a 14 años de gobiernos conservadores. Sin embargo, su liderazgo no se ha consolidado plenamente.

Aunque el primer ministro británico Keir Starmer nunca tuvo relación directa con Jeffrey Epstein, el llamado “caso Epstein” ha escalado hasta convertirse en la mayor crisis política de su gobierno. El foco no está en un vínculo personal, sino en el juicio político que mostró al nombrar a Peter Mandelson como embajador en Estados Unidos, pese a que ya eran conocidos sus contactos con el magnate condenado por delitos sexuales.
El nombramiento de Mandelson ha sido interpretado como un error estratégico que pone en duda la autoridad moral y el liderazgo del primer ministro.
Starmer llegó al poder en 2024 con una holgada mayoría absoluta que puso fin a 14 años de gobiernos conservadores. Sin embargo, su liderazgo no se ha consolidado plenamente.

La percepción de falta de autoridad, los giros en políticas clave, el deterioro económico y el avance del populismo de Nigel Farage han ido erosionando su posición en las encuestas y dentro del propio Partido Laborista.
Mandelson como símbolo del problema
La caída de Peter Mandelson ha sido abrupta. El veterano estratega del “Nuevo Laborismo”, apodado durante décadas el “Príncipe de las Tinieblas”, fue apartado de la vida pública, destituido como embajador, expulsado del Partido Laborista y forzado a renunciar a su escaño en la Cámara de los Lores.
Pero en lugar de cerrar la crisis, su caída ha intensificado las dudas sobre Starmer. Dentro del grupo parlamentario, varios diputados señalan al jefe de gabinete, Morgan McSweeney, como impulsor del nombramiento, pero cada vez son más los que creen que sacrificar a un asesor no bastará para contener el daño político.
El propio Starmer agravó la crisis al admitir que creyó a Mandelson cuando este aseguró que “apenas conocía” a Epstein. Esa confesión fue interpretada como un acto de ingenuidad política incompatible con el cargo.

La ex vice líder laborista Harriet Harman fue especialmente dura al describir al primer ministro como “débil, ingenuo y crédulo”, y advirtió que el escándalo podría “acabar” con su liderazgo si no impulsa un “verdadero reinicio” del equipo del Número 10 y recupera su promesa de limpiar la política británica.
Disculpas y autoridad moral en juego
Starmer ha pedido perdón públicamente a las víctimas del caso Epstein y asumió la responsabilidad del nombramiento. “Lamento haber creído las mentiras de Mandelson y haberlo designado”, afirmó en una de sus intervenciones más personales desde que asumió el cargo.
Sin embargo, para muchos parlamentarios laboristas, el daño ya está hecho. El problema no es solo el nombramiento fallido, sino la contradicción entre su promesa de integridad y el error de criterio en una figura asociada a uno de los mayores escándalos sexuales y políticos del último tiempo.
La crisis se ha profundizado con la dimensión judicial. Scotland Yard interrogará a Mandelson tras la publicación de documentos del Departamento de Justicia de Estados Unidos que sugieren que compartió información sensible con Epstein cuando trabajaba en Downing Street.
Además, el Gobierno británico planea publicar documentos sobre el nombramiento del exembajador, aunque existe preocupación en Whitehall por posibles comentarios críticos hacia Donald Trump, lo que podría tensionar la relación con Washington.

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