Mundo

Radiografía a Irán: cómo es la sociedad gobernada por el régimen islámico

Detrás del fundamentalismo religioso y en constante tensión geopolítica, la población iraní es culturalmente diversa. Y la discriminación contra la población femenina por parte del régimen se enfrenta a una generación de jóvenes altamente escolarizados y proclives a manifestarse.

Debido a las históricas tensiones de Irán con Occidente, específicamente Estados Unidos e Israel, la imagen internacional de Irán suele estar asociada a tensiones geopolíticas, a su intrincada estructura política teocrática. Sin embargo, diversos estudios académicos y reportes de centros de estudios internacionales describen una sociedad con altos niveles de escolarización, amplia presencia femenina en la educación superior y una identidad cultural ecléctica diferenciada dentro de Medio Oriente.

En primer lugar, Irán es un país multiétnico cuya mayoría corresponde al grupo persa. Según un estudio realizado por la Foundation for Defence of Democracies, la población iraní-persa representa aproximadamente entre el 50% y el 60% de la población y cuya lengua es el farsi, idioma oficial del Estado.

Pero, según la misma publicación, en el territorio conviven con muchas otras culturas que representan un porcentaje minoritario de la población. Por ejemplo, hacia el noroeste del país aparecen los azaríes y los kurdos, en regiones cercanas a Turquía. En la provincia de Juzestán, en la frontera occidental con Irak, hay árabes. Y en el suroeste, junto a Pakistán, predominan los baluchíes. Estas comunidades poseen lenguas, tradiciones culturales y, en algunos casos, particularidades religiosas propias, aunque la mayoría de la población iraní profesa el islam chiita.

Educación, el proyecto de los ayatolás

En el campo educacional, Irán tiene un nivel de escolaridad y alfabetización superior al de la región. Según Tony Liu, investigador del American-Iranian Council (AIC), existe un mito en torno al nivel educacional del país y la brecha de género dentro del mismo.

“Si bien el sistema educativo de Irán necesita mejoras, las escuelas iraníes ofrecen una educación de calidad tanto para hombres como para mujeres en ciencias y humanidades, comparable a la de otros países de la región”, afirmó el investigador en su publicación del AIC.

En detalle, el estudio menciona que “muchos esperan que el sistema educativo de Irán esté dominado por el fundamentalismo religioso; la realidad es que la educación iraní es en gran medida integral y se esfuerza por satisfacer las necesidades del mercado laboral moderno”.

Irán gasta aproximadamente el 3,6% de su PIB en educación. Esto se traduce en que casi un cuarto del gasto público total del país islámico se invierte en educación pública en todos los niveles.

Pero esto no siempre fue así. Según el Middle East Institute, en 1966, solo el 17,42% de la población femenina iraní estaba alfabetizada. Ese mismo año, la tasa de alfabetización masculina era del 39,19%.

Mujeres kurdas de Irán. Foto: archivo

Para 2009, el 80,3% de la población femenina mayor de seis años era alfabetizada. La cifra correspondiente para la población masculina era del 88,7%.

Como consecuencia de lo anterior, el estudio concluyó que la matriculación de mujeres en las universidades representaba aproximadamente el 70% del alumnado universitario en ciencias médicas y ciencias básicas, cerca del 60% en humanidades y artes, y el 47% en ciencias agrícolas y veterinarias. Así, en la actualidad, la proporción de mujeres en las universidades es menor a la masculina solo en las áreas técnicas y de ingeniería.

Sobre las causas que explican este fenómeno, una publicación del Middle East Institute señaló que la expansión del sistema educativo posterior a la Revolución Islámica, que dio paso al régimen teocrático de los ayatolás, permitió una masificación del acceso a la enseñanza superior, incluyendo zonas rurales y sectores tradicionalmente excluidos.

No obstante, las investigaciones académicas indican que la elevada participación femenina en la educación no se refleja en igual proporción en el mercado laboral. Un estudio de la Universidad de Iowa documentó brechas en la inserción laboral y diferencias en tasas de participación económica entre hombres y mujeres, pese a los niveles similares o superiores de formación académica femenina.

Apartheid de género

Sobre esto, distintas organizaciones de derechos humanos han abordado la problemática humanitaria desde el enfoque de género. En 2025, Center of Human Rights in Iran describió las restricciones legales y sociales que afectan la autonomía económica y social de las mujeres, incluyendo normativas vinculadas a la exigencia de vestimenta, movilidad y empleo.

La organización explicó que, a los nueve años, las niñas están obligadas por ley a cumplir con el código de vestimenta obligatorio para mujeres. Mujeres y niñas deben cubrirse el cabello y todo el cuerpo, dejando solo visibles el rostro, las manos y los pies. “Quienes desobedezcan el código de vestimenta pueden enfrentarse a castigos que incluyen azotes, multas y prisión. La llamada Policía de la Moral de Irán aplica el código de vestimenta obligatorio mediante acoso, arrestos, encarcelamiento y violencia”.

Además de lo anterior, el régimen chiita también institucionalizó otro tipo de restricciones para las mujeres. La misma organización iraní detalló que las mujeres y las niñas están sujetas a un sistema de “tutela masculina” que restringe la libertad de movimiento y decisión. Por ejemplo, antes del matrimonio, permanecen bajo la tutela de su padre u otro familiar masculino, incluso tras la mayoría de edad. Tras el matrimonio, el marido asume gran parte de este control legal. Debido a esto, las mujeres solo pueden viajar bajo el consentimiento del tutor masculino.

Musulmanes chiítas sostienen retratos del líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei. Foto: archivo ASIF HASSAN

También, la legislación laboral iraní prohíbe a las mujeres ejercer ciertas profesiones como la carrera judicial y ocupar ciertos cargos gubernamentales.

“Incluso en profesiones donde las mujeres sí pueden trabajar, la discriminación sistémica y la falta de leyes que prohíban la discriminación de género en el ámbito laboral limitan sus oportunidades de ascenso”, agregó la organización humanitaria.

Y, legalmente, los maridos pueden prohibir el trabajo. Según el artículo 1.117 del código civil iraní, un marido puede impedir que su esposa ejerza ocupaciones que considere “contrarias a los valores familiares o perjudiciales para su reputación”.

Aire de cambio

Pero, en las generaciones más jóvenes, las cosas parecen cambiar. Un análisis publicado a principios de este mes por el centro de estudios francés, Institut Montaigne, sostuvo que existe una brecha generacional y social creciente entre sectores urbanos jóvenes y las estructuras institucionales del país. A propósito de las tasas de escolarización universitaria, la sociedad iraní actual presenta altos niveles de conectividad digital y demandas asociadas a la movilidad social.

La alfabetización digital entre los jóvenes es alta y la masificación del uso de redes sociales permite la circulación de debates socioculturales, tanto dentro del país como en la diáspora. Y, de acuerdo con el Middle East Institute, estos espacios digitales han contribuido a visibilizar discusiones sobre igualdad de género, educación y participación pública.

Como consecuencia de esto, en 2017 y 2019 se produjeron manifestaciones vinculadas principalmente a factores económicos, como el aumento del precio de los combustibles, la inflación y el desempleo.

En septiembre de 2022 hubo protestas masivas tras la muerte de Mahsa Amini bajo custodia policial, quien había sido detenida por presuntas infracciones a la normativa sobre el uso del velo. Las protestas se extendieron por distintas ciudades del país y congregaron a jóvenes, mujeres y trabajadores, con consignas centradas en derechos civiles y libertades individuales femeninas.

En diciembre del año pasado, Irán tuvo nuevamente un ciclo de manifestaciones que se extendieron por todo el territorio debido a una inflación que rozó el 70 % entre febrero y enero de este año.

Así, existen causas estructurales como el deterioro económico asociado a sanciones internacionales, el aumento del costo de la vida, restricciones sociales y una brecha generacional marcada entre sectores urbanos jóvenes y las instituciones estatales que explican las constantes revueltas sociales de los últimos años en el país islámico.

Y, a ellas, las autoridades teocráticas responden con mano dura. Despliegues de seguridad, restricciones temporales de internet, irregularidades en los procesos judiciales y ejecuciones. Solo en las últimas protestas previas a los ataques de Estados Unidos e Israel, la organización Human Rights Activist News Agency verificó casi 6.500 protestantes muertos, con reportes de casi 12.000 más sin confirmar. También, 25.000 heridos y casi 54.000 arrestos.

Lee también:

Más sobre:IránIslamMedio OrientePersaEducaciónGéneroMundo

COMENTARIOS

Para comentar este artículo debes ser suscriptor.

Plan Digital + LT Beneficios por 3 meses

Infórmate mejor y accede a beneficios exclusivos$6.990/mes SUSCRÍBETE