Sudán: tres años de una guerra que está devastando al país
Se cumplen este miércoles tres años del conflicto en Sudán, país que atraviesa la peor crisis humanitaria del mundo, según la ONU. La disputa entre el Ejército y las fuerzas paramilitares ha provocado millones de desplazados y decenas de miles de muertos, sin perspectivas de solución.

La guerra en Sudán enfrenta al Ejército regular del general al-Burhan con las fuerzas paramilitares (FSR) del general Hemedti. En total, 14 millones de sudaneses han tenido que abandonar sus hogares. El número de muertos se cuenta por decenas de miles. Aunque el gobierno de al-Burhan ha logrado retomar el control de la capital, la guerra continúa en otros frentes dentro del país. Las FSR, por su parte, buscan instalar su propia administración en las zonas que controlan.
Jartum ya no es más que la sombra de lo que fue: devastada y desfigurada por las huellas de los combates. Los edificios están destruidos y calcinados. Los impactos de bala y de bombardeos están por todas partes; las carreteras apenas existen. El palacio presidencial, un edificio faraónico ofrecido por China, está hoy completamente destrozado. Lo mismo ocurre con la sede del Ejército, que encarnaba el corazón del poder: las infraestructuras han sido aniquiladas. Hoy, el 90% de los hospitales de la ciudad no funcionan. Las escuelas reabren lentamente. La red eléctrica se restablece, pero los cortes son diarios.
Una guerra de ciudades
Una parte de quienes habían huido de la guerra ha regresado. Naciones Unidas estima que 1,5 millones de desplazados ya han vuelto a Jartum, en gran medida porque los combates han cesado en la ciudad. En los barrios donde hace un año aún había bombardeos y enfrentamientos, hoy la violencia ha disminuido.
“Las destrucciones son enormes, porque esta guerra es, sobre todo, una guerra de ciudades”, explicó a RFI Roland Marchal, especialista en Sudán en la Universidad Sciences Po París. “Se gana tomando una ciudad o expulsando al adversario de los centros urbanos. Más de doce o trece millones de personas han tenido que abandonar sus hogares. Hoy viven como desplazadas dentro de Sudán, como refugiadas en países vecinos o incluso en el exilio, en países occidentales. Algunas han tenido la suerte de contar con familiares o facilidades en el extranjero. Y la situación sigue empeorando. Además, es muy cambiante: desde el punto de vista militar, hoy es muy difícil decir quién va a imponerse. Hay batallas que se ganan y otras que se pierden”, indica.
Según la ONU, hay 11,5 millones de desplazados internos en Sudán. Los más afortunados viven con familiares; los demás, en campamentos que carecen de lo esencial, como agua, alimentos e higiene. Asimismo, existe una voluntad política de las autoridades sudanesas -el Consejo de Soberanía, cuyo presidente es el comandante del Ejército- de empujar a los desplazados a regresar a sus hogares, con el objetivo de forzar un retorno a la normalidad.
Crisis profundamente sudanesa y regional
“Hay una especie de contradicción”, comenta Marchal. “Porque al mismo tiempo es una crisis profundamente sudanesa en el sentido de que es el fracaso de una transición, el fracaso de un sistema de seguridad que llegó a su límite. Durante mucho tiempo, el Ejército mantuvo el orden apoyándose en milicias. Y ahora, por primera vez, una de esas milicias se rebela contra el propio Ejército, causando una enorme destrucción. Eso muestra que todo el sistema necesita cambiar. Pero, al mismo tiempo, esta guerra no podría continuar al nivel actual sin apoyos internacionales o regionales. Son apoyos que tienen nombre: por un lado, los Emiratos Árabes Unidos; por otro, de forma más o menos visible y en distintos niveles -militar, financiero o político-, países como Egipto, Turquía, Arabia Saudita, Qatar, Irán y Rusia”, apunta el investigador del Centro de Estudios de Relaciones Internacionales de Sciences Po.

El Estado se ha vuelto fantasmal y los servicios básicos se han derrumbado, lo que agrava aún más la situación humanitaria. “Es la crisis alimentaria más importante del mundo”, recuerda Carl Skau, director adjunto del Programa Mundial de Alimentos (PAM). “Alrededor de 20 millones de personas se encuentran en situación de inseguridad alimentaria aguda. Y aún existen focos de hambruna en zonas afectadas por el conflicto”.
Heridas íntimas
Hay heridas que persiguen profundamente a quienes han regresado. Insaf Oumar Baraka es una de las pocas supervivientes de la ciudad El Fasher, donde han ocurrido combates feroces. Con lágrimas en los ojos, recuerda la debacle cuando las Fuerzas de Apoyo Rápido entraron en la ciudad, a finales de octubre: “Las FSR violaban, a veces diez soldados por víctima. ¡Es indescriptible lo que hicieron! Ocurrió en la carretera. Conozco a un padre cuyas hijas fueron violadas delante de él. Le dijeron: “No te mataremos, pero tomaremos a tus mujeres”.
Mamma Nour creó hace casi 15 años su refugio para madres solteras cuyos hijos nacieron de uniones ilegítimas. Con la guerra, sus protegidas son hoy casi todas víctimas de las FSR, mujeres destrozadas. “Algunas chicas tienen pesadillas; otras empiezan de repente a llorar o a gritar en medio de una comida, como una especie de crisis psicótica”, explica. “Todo su cuerpo está marcado: aquí un golpe, allí una mordedura, un arañazo. Lo que han vivido no es humano”.
Líneas de frente
El fin de los combates en Jartum no significa el final de la guerra. Kordofán y Darfur -en el sur y el oeste de Sudán- se han convertido en los últimos meses en los principales escenarios del conflicto. El pasado mes de enero, el estado del Nilo Azul, fronterizo con Etiopía, también fue escenario de enfrentamientos. De los 18 estados que componen Sudán, cinco están hoy en manos de las Fuerzas de Apoyo Rápido, y otros cuatro registran combates.
La línea del frente se extiende a lo largo de los tres estados de Kordofán, y los enfrentamientos más violentos afectan especialmente a Kordofán del Sur, que registra el mayor número de víctimas civiles.

En esta región, las ciudades cambian de manos en múltiples ocasiones. El uso intensivo de drones por parte de los beligerantes ha matado, según la ONU, a más de 500 civiles entre principios de enero y mediados de marzo. A excepción de algunas localidades de Darfur Norte, los cinco estados de Darfur están bajo control de las FSR. Los civiles de Darfur también sufren los ataques con drones, especialmente en Darfur Norte.
Pero ¿por qué no interviene la comunidad internacional? La pregunta se planteó al profesor Roland Marchal, de la Universidad Sciences Po de París.
“Después de tres años de guerra, lo que vemos es una crisis que está destruyendo un país, pero solo uno. No ha habido grandes consecuencias en términos de desestabilización regional ni de movimientos masivos de población hacia los países vecinos. Es una crisis que, en cierta forma, se ha mantenido contenida. Y por eso la comunidad internacional no siente una urgencia absoluta por intervenir. Además, hay que decirlo claramente: los aliados de esa misma comunidad internacional -es decir, los países que financian la guerra y que al mismo tiempo son socios económicos y políticos clave- están en ambos bandos. Los Emiratos tienen un peso muy importante en Washington, París y Londres, y Arabia Saudita es vista como la principal potencia de la península arábiga. Por eso, los países occidentales buscan mantener buenas relaciones con ella”, concluye Marchal.
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