Tras el petróleo: EE.UU. ahora busca acceso a la industria minera de Venezuela
Washington emitió una licencia para permitir a actores estadounidenses comercializar minerales con el país caribeño. Esto se da mientras el legislativo venezolano tramita una Ley de Minas, que abriría la industria a la inversión internacional.

El secretario del Interior de Estados Unidos, Doug Burgum, visitó la capital de Venezuela, Caracas. En la ocasión, reunido junto a un amplio grupo de representantes de compañías mineras y otras empresas norteamericanas, el funcionario impulsó un mayor acceso de Washington a las reservas de minerales críticos y oro del país caribeño.
La visita de Burgum fue la última reunión entre un alto funcionario estadounidense y el nuevo gobierno interino de Venezuela, liderado por Delcy Rodríguez, con el objetivo de abrir la economía del país sudamericano a los inversionistas estadounidenses.
“Venezuela cuenta con 500.000 millones de dólares en recursos de oro, pero también tiene otros minerales críticos como la bauxita para el aluminio, que necesitamos para la defensa y bienes de consumo”, dijo Burgum en una entrevista a un medio estadounidense a su regreso. “También tienen recursos de carbón que pueden utilizarse para generar energía”, añadió.
En este contexto, la semana pasada, la mandataria encargada de Venezuela se comprometió a trabajar en conjunto con su par estadounidense, Donald Trump, para acelerar el acceso del país norteamericano a los minerales venezolanos. Y el lunes, la Asamblea Nacional -el legislativo venezolano- inició la tramitación de la Ley Orgánica de Minas, que pretende abrir la industria a la inversión extranjera.

Tras la primera discusión legislativa, el diputado venezolano Félix Freites celebró la iniciativa de ley, e indicó que “el restablecimiento de las relaciones entre Venezuela y Estados Unidos ha logrado que las principales corporaciones del mundo evalúen la posibilidad de invertir grandes capitales y reactivar el desarrollo de la industria”.
El acuerdo
Sumado a lo anterior, un funcionario de la Casa Blanca consultado por The New York Times reveló un acuerdo negociado por Estados Unidos, pero no anunciado públicamente, entre una empresa minera venezolana y Trafigura, gigante de las materias primas con sede en Singapur. Según la agencia Bloomberg, el pacto acordaría la venta de hasta una tonelada de oro, con un valor de más de 100 millones de dólares.
El funcionario consultado por el diario estadounidense afirmó que este formaba parte de un esfuerzo del gobierno para restaurar el sector minero venezolano y aumentar la inversión en el país.
“En los últimos dos meses ha habido más resultados positivos que en los últimos 20 años”, sostuvo Burgum sobre la economía venezolana en una alocución ante la prensa, refiriéndose al tiempo transcurrido desde la captura de Nicolás Maduro. Desde ese episodio, el gobierno estadounidense prácticamente tomó el control de la industria petrolera venezolana, venida a menos, en un intento de revertir años de disminución en la extracción de crudo.
Oro manchado
Ahora, EE.UU. aplica una medida similar al sector minero venezolano, que en gran parte fue nacionalizado por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Y esta medida, según afirma el medio neoyorquino, podría resultar más difícil. Gran parte de los vastos yacimientos de oro, bauxita, tungsteno y otros minerales de Venezuela están sin explotar y se encuentran en regiones selváticas del sur, que incluyen tierras protegidas.
Además, el control del sector minero por parte de grupos que operan ilegalmente puede llegar a ser el mayor obstáculo para la reactivación de esta industria. La baja producción de crudo incentivó a grupos a buscar ingresos en la extracción ilegal de oro. Como consecuencia de esto, los asentamientos mineros son irregulares -muchos de ellos controlados por grupos armados-, tienen malas condiciones operativas y de alto impacto socioambiental debido a la deforestación, contaminación de los ríos y desplazamiento de comunidades nativas.
El oro venezolano se extraía en un centro ideado por el difunto presidente Hugo Chávez, Arco Minero del Orinoco, una franja de 112.000 kilómetros que abarca casi 12% del territorio nacional. Con el paso de los años se ha convertido en guarida de actividades mineras ilegales y de la degradación del medio ambiente. La ausencia de autoridad estatal ha dado lugar a sindicatos criminales y grupos armados, a pesar de que los militares se han desplegado en la zona, apunta la agencia Bloomberg.

“Esto es mucho más complejo que el petróleo, por mucho”, afirmó Luisa Palacios, investigadora del Centro de Política Energética Global de la Universidad de Columbia y expresidenta de la junta directiva de Citgo, propiedad de la petrolera estatal venezolana PDVSA.
Palacios indicó al Times que Venezuela era un productor regional relativamente grande de minerales como aluminio, oro, bauxita y hierro, pero que la industria minera sufrió un colapso total con el paso de los años después de que el gobierno venezolano expropiara empresas.
Según un informe del Departamento de Estado al Congreso, fuentes estiman que el valor del oro extraído en Venezuela promedió los 2.200 millones de dólares anuales durante los últimos cinco años. Ese dinero ayudó a mantener al gobierno de Maduro, pero se produjo a costa de la destrucción de más de 2.600 kilómetros cuadrados de tierras forestales.
También según información recabada por Bloomberg, la Oficina de Control de Activos Extranjeros, perteneciente al Departamento del Tesoro de EE.UU., emitió una licencia que permite a actores estadounidenses realizar transacciones con oro de origen venezolano que, de no ser por esto, estarían prohibidas por las sanciones. La autorización incluye varias garantías de seguridad para los inversores, como contratos regidos por la legislación estadounidense y pagos realizados en cuentas controladas por Estados Unidos.
La agencia de noticias detalló que la licencia no permitiría transacciones que involucren a Rusia, Irán, Corea del Norte, Cuba o entidades vinculadas a China.
Washington-Caracas
La bauxita, catalogada por Estados Unidos como un mineral crítico, se procesa para obtener aluminio. Los expertos también creen que Venezuela tiene yacimientos de coltán, que se utiliza para fabricar condensadores para dispositivos electrónicos como computadoras portátiles y teléfonos inteligentes.
Y aunque Palacios se mostró optimista sobre el resurgimiento del sector minero venezolano, advirtió que revitalizar la producción requeriría una inversión significativa y, muy probablemente, nuevas leyes para mejorar la transparencia y la rendición de cuentas del gobierno, así como las prácticas ambientales.
“Cualquier mejora en la gobernanza de la producción minera es bienvenida”, enfatizó. Sin embargo, agregó: “No sé cómo la administración Trump va a lograrlo”.

Elisabeth Braw, investigadora del Atlantic Council, afirmó que el acuerdo sobre el oro que involucra a Venezuela planteaba varias preguntas, incluyendo qué tipo de seguridad se brindaría a las empresas involucradas.
“Sí, Estados Unidos derrocó a Maduro, pero Venezuela aún no es una economía de mercado que funcione a la perfección”, afirmó Braw, y añadió: “Las empresas occidentales que operen allí querrán algún tipo de seguridad”.
El impulso minero acerca diplomáticamente a Washington a un gobierno que, más allá de la extracción de Maduro, el impulso petrolero y minero, se mantiene prácticamente igual en su situación respecto a abusos contra los derechos humanos, redes de corrupción, narcotráfico y fraude electoral. Maduro, quien está en prisión en la espera de su audiencia ante un tribunal de Nueva York a fines de mes, ha negado estas acusaciones sobre su gobierno.
A la fecha, el gobierno de Trump asegura ya haber recaudado más de 1.000 millones de dólares en ventas de petróleo, ya que Venezuela ha incrementado su producción en los últimos dos meses, con varios cientos de millones de dólares que han regresado a las arcas venezolanas. Estados Unidos también ha presionado a Venezuela para que suspenda los envíos de crudo a Cuba, intensificando la crisis energética de la isla caribeña.
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