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De patines a bailes en las calles: los clanes urbanos que se toman Santiago

Distintos puntos de la capital son testigos de fenómenos que empezaron con grupos reducidos, pero que hoy tienen decenas de participantes. Desde los bailes de swing y K-pop, hasta luchas de -no tan- improvisados Jedi adornan una ciudad que sirve de escenario de ensayos y presentaciones.

Pese a las temperaturas que por estos días rozan los 30 grados, la oferta y principalmente variedad de actividades en las calles de la Región Metropolitana están a la orden del día, con cientos de participantes y muchos más curiosos que se detienen a observarlos en distintos puntos de la capital.

Al ritmo del swing

Al ritmo de Duke Ellington y Ella Fitzgerald, en Pedro de Valdivia con Nueva Providencia, bailan swing varias parejas: las cuales son parte de la comunidad de Hoppers Anónimos, agrupación de bailarines de los estilos Lindy Hop, Charleston, Balboa y Shag que se reúne regular y sagradamente. Algunos transeúntes graban y otros sólo aprecian una escena poco común. “Es un espacio para que las personas vayan y bailen: ahora, si saben bailar o no saben bailar, ya es otro tema, pero el espacio está abierto para que todas las personas se sumen”, explica Alvaro Castillo, integrante de la colectividad.

Con un volumen cambiante y cercano a los 25 participantes estables, los hoppers suman más de 10 años de trayectoria y superan las 400 convocatorias, instancias que realizan todos los jueves. La agrupación funciona con participación voluntaria y comunitaria, gestionada de manera horizontal y sin nadie a la cabeza. Las coordinaciones se llevan a cabo por Whatsapp y son difundidas con afiches en Instagram.

“Hemos dado algunas vueltas por Santiago”, comenta el bailarín, que recalca lo difícil que es encontrar lugares para bailar, principalmente al aire libre, en la Región Metropolitana. En Pedro de Valdivia encontraron un piso adecuado para bailar. Es céntrico, visible y no tan ruidoso. Y es que de todas maneras, Hoppers Anónimos son solo uno de los tantos grupos de swing que se mueven en Santiago Hay otros como Quickquickhoppers, Crazy Legs y Rocket Swing.

Estas agrupaciones son difundidas por la fundación Parenteswing, que promueve la cultura de este tipo de baile en Santiago y, en ocasiones, a nivel nacional o internacional. “Es la plataforma que tenemos para poder mantener activa esta escena que es super difícil, porque en general es un baile que no es tan popular”, agradece Castillo en referencia a un estilo que se conserva desde 1920.

Gustavo Pineda

Entre espadas y escudos medievales

En medio de banderines, escudos, espadas y melodías medievales pasean personas con largas capas de diferentes colores a lo largo de la feria de curiosidades Mercado y Juglares. La instancia dirigida a los amantes del Medievo, con espectáculos y tiendas. “Es un proyecto cultural y artístico, que reúne diferentes áreas del arte, desde la artesanía hasta el artista escénico que hace malabares, fuego, el músico, el actor. Pasamos por todas las áreas artísticas en el fondo, pero siempre enfocado en lo medieval y la fantasía”, explica Gabriela Segovia, la productora general de feria.

El evento incluye música en vivo, shows de baile, actuaciones y actividades interactivas para el público, como el lanzamiento de hachas y la posibilidad de posar con una armadura y espada. En ocasiones, los eventos son animados por personajes como un juglar, un hada o duendes. Dentro de la oferta de los puestos de la feria hay vestuarios medievales confeccionados en Chile, hidromiel, joyerías con runas y juguetes de caballeros para niños.

Toda la decoración de Mercado y Juglares es hecha a mano: desde los coloridos banderines y los pendones, hasta el troll de 1,80 metros que recibe a los visitantes, de variadas edades. Los eventos son familiares, llegan guaguas y abuelos. “Es super transversal al público”, señala la productora.

La asistencia depende de los espacios, llegando a tener entre mil y dos mil visitantes en lugares más reducidos y a 7.000 en los eventos al aire libre, como ocurrió en una edición que montaron en el Parque Bustamante.

Los organizadores del evento buscan espacios en diferentes municipalidades de la Región Metropolitana y ya han pasado por Las Condes, Providencia, La Reina, San Miguel y Ñuñoa, donde tendrán un evento el próximo 28 de febrero. El mercado, que nació el 2019, se monta dos o tres veces al año, pero en 2025 se realizaron seis ferias y eventos más pequeños. El ingreso generalmente es gratuito, lo que depende de los espacios. De todas formas, cuando cobran, la tarifa se acerca a los $ 3.000. “La idea es que la gente pueda acceder fácilmente”, subraya Segovia.

Los sables Jedi del Parque Balmaceda

En el Parque Balmaceda, desde 2013 es posible de apreciar una suerte de esgrima con vestimenta Jedi, los guerreros de la famosa de películas Star Wars de George Lucas. Nicolás Sobarzo, participante de estos encuentros y cuyo nivel es “maestro”, dice que la primera reacción de los transeúntes es grabar. “No te voy a mentir que igual hay gente en auto que grita cosas”, señala.

Las jornadas incluyen tres tipos de entrenamiento. Hay uno para combates directos e improvisados. “Ese es como en Star Wars”, explica. El otro es deportivo y cuenta con un traje de seguridad como el del arte marcial japonés kendo, y el tercero son las presentaciones, que son más teatrales. La agrupación, de hecho, nació con el fin de mostrar una pelea en la Cómic Con. Desde ahí, los Esgrima Jedi han pasado por la Quinta Vergara, con 100 parejas peleando en vivo, y el Teatro Caupolicán, entre otras instancias. También han acompañado a la Orquesta Sinfónica. El grupo ha crecido tanto que logró fundar otro clan en Oceanía.

“Empezó a llegar más gente y fue creciendo hasta ahora, que tenemos sedes en Valparaíso, La Serena y Australia”, relata el “maestro” Sobarzo, quien fue parte del “consejo” de un colectivo que sólo en Santiago tiene cerca de 80 miembros activos que a sus encuentros no asisten caracterizados, salvo por los sables, ya que son entrenamientos, tal como ir al gimnasio.

Las normas implícitas implican autocuidado, capacidad física y alto autocontrol, porque los sables no son réplicas como las que se usan en el mundo del cosplay, sino que están hechas para golpearse. El ascenso en la agrupación sigue la misma línea que el mundo Star Wars: iniciado, padawán, caballero y maestro; un camino de tres a cuatro años. Un maestro puede tomar a un padawán para enseñarle. Esos aprendices arrancan con implementos como un tubo para entender los movimientos básicos, pero luego se compran sables como los de las películas, que oscilan entre $ 100.000 y $ 500.000, con luces, botones y tecnología.

Patines para todas las edades

Desde clases para aprender a usar los patines como medios de transporte alternativo, a salidas masivas con hasta 400 personas, en algunos casos con disfraces. Santiago Rollers es una comunidad de patinaje urbano que lleva cerca de 10 años funcionando con actividades gratuitas o aportes voluntarios. Estos últimos son destinados para premios y beneficiencia.

A las clases, que son generalmente los lunes, llegan alumnos de entre ocho y 70 años. En paralelo, todas las semanas hacen rutas gratuitas y están divididas por niveles, desde el 0, con participantes que nunca han andado en patines, hasta el 4, la categoría más avanzada. La duración depende del recorrido y el nivel, pero hay desde los cinco hasta los 15 kilómetros. Todas, independiente de su dificultad, tienen dos guías, uno adelante y otro atrás del grupo.

Dentro de las actividades más distintivas de Santiagorollers están las rutas temáticas, que reúnen entre 100 y 400 personas disfrazadas para eventos como Halloween, Pascua o Fiestas Patrias. También tienen una “zombie walk”, donde se caracterizan como estos personajes ficticios y avanzan por la ciudad.

Para los disfraces, en todo caso, hay libertad: han llegado Chicas Superpoderosas, el Guasón y hasta Pennywise, pero siempre con casco. “En ese aspecto somos super rígidos”, señala Manuel Salinas, presidente de la agrupación. La ruta masiva arranca en Metro Los Dominicos, bajan por Apoquindo, luego Nueva Providencia y llegan hasta Baquedano para seguir por Bellas Artes y terminar en Plaza de Armas.

Estas instancias son avisadas con un mes de anticipación en las redes sociales de Santiagorollers. En marzo van a celebrar los 10 años de vida con una ruta llamada “Back to School” (vuelta a clase), donde se caracterizarán con uniformes escolares.

“Ni te imaginas la cantidad de gente que llega que se sentía angustiada, que no sentía ganas, pero conoció el mundo del patinaje y como que de alguna manera se salvó, y por eso mismo esto lo seguimos haciendo durante tantos años”, cierra Salinas.

El ascenso del K-pop

Diversas estaciones de Metro son testigos día a día de los “dance covers”, coreografías en su mayoría copiadas de los “idols” -los artistas Korean Pop, o K-pop-, que cada vez ganan más adeptos en Chile. El género musical originario de Corea del Sur que fusiona pop, hip-hop, R&B y electrónica, sin mucho aviso, entró con fuerza en las generaciones más jóvenes, que destinan largas horas para imitar a sus ídolos. Si alguna vez fueron los Backstreet Boys, hoy la banda de moda es la coreana BTS.

Los kpopers, repartidos en agrupaciones de jóvenes que bordean los 20 años y casi nunca superan los 30, tienen variados lugares de ensayo: afuera del Teatro Municipal de las Condes, Metro El Golf, Parque Titanium, Tobalaba y edificios cercanos a Alcántara y Manquehue. El denominador común son los vidros, que actúan como espejo.

Antes del estallido social y la pandemia, el centro neurálgico de los bailarines era el Centro Cultural Gabriela Mistral y el Parque San Borja, lugares donde no solo se llegaba a ensayar: se vendían fotos de los artistas coreanos, sus discos y comida.

“Ahora se llena bastante, porque como hay vacaciones, no hay clases en el colegio ni en la universidad, entonces hay bastantes chiquis”, comenta Luna Sánchez, una de las asiduas.

Generalmente los grupos de baile están compuestos por tres personas y para esto se organizan por grupos de WhatsApp, donde hay cientos de persoans buscando con quién hacerle cover a una canción. Pero no todo es recreación casual: también hay competencias que implican disciplina y constancia. “Hay grupos que son tajantes en ese tema. Puntualidad, llegar sí o sí, todo depende de las personas y quién lo dirige, a veces puede ser un profe con mucha experiencia y eso es más serio, aunque también hay gente que baila sólo por divertirse”, detalla Braulio Videla.

Incluso, la embajada de Corea del Sur hace un torneo todos los años para enviar algún grupo a bailar al país asiático.

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