La nueva cara de la violencia que imponen las bandas narco

Carabineros en un operativo.

La quema de un joven de 29 años en Renca despertó las alarmas por los niveles de agresividad con que actúan estos grupos.


Eran cerca de las 20.30 del pasado 9 de septiembre, en el Parque Las Palmeras, en la comuna de Renca, al norte de la Región Metropolitana. Tres individuos golpearon y rociaron con combustible a Jorge Álvarez (29). El joven adicto a las drogas le había robado a la banda una mochila con dinero y narcóticos. Como respuesta y en señal de poder decidieron prenderle fuego. El auxilio de los vecinos permitió que Álvarez pudiera sobrevivir, aunque resultó con el 90% de su cuerpo quemado.

El acto, por el que hay un detenido de 19 años, llamó la atención de las policías y la opinión pública, al revelar grados de violencia no acostumbrados en Chile.

Desde la Brigada de Homicidios (BH) de la PDI y el Ministerio Público reconocen que la violencia es una característica que ha ido tomando fuerza al interior del hampa, principalmente entre los narcotraficantes. Las expresiones de poder y el armamento son entendidos como manifestaciones de superioridad y amedrentamiento entre rivales: el control de las calles y los consumidores son la meta.

“Efectivamente, han ido evolucionando el homicidio y la violencia. Y eso, creo, es netamente por la influencia de la televisión o lo que hacen los grupos de Centroamérica”, indicó Ricardo Castillo, de la BH Metropolitana de la PDI.

La contratación de sicarios para atacar a otros también es una práctica que se ha utilizado en Chile, aunque desde las policías asumen que aún no es un hecho común.

El 31 de marzo de 2016, en el centro de Santiago, un individuo atentó contra la vida de dos personas de nacionalidad colombiana en calle Zenteno. El sujeto, desde el interior de un vehículo particular, disparó seis tiros con un arma con silenciador. Las pericias demostraron que el victimario había ingresado a Chile días previos al hecho e hizo salida posterior al ataque. Se había concretado un “sicariato”.

Armas

Según el comisario Castillo, aún estamos lejos de las expresiones sanguinarias que se producen en otras latitudes, incluso este caso de sicariato lo reconoce como el único comprobado que ocurrió en el país. No obstante, aseveró que la evolución de crímenes es efectivo, aunque relacionado con el uso de las armas de fuego. “Hace 10 años no era así. Dominaba el uso del arma cortante. El delito de homicidio ha subido en cantidad, porque hay más acceso a las armas”, indicó Castillo, para quien esto demuestra que estos grupos “han perdido la conciencia de matar y pensar en el castigo. Ellos disparan nomás, dejando de lado las consecuencias”.

Para el fiscal de la Zona Sur Héctor Barros, hechos como el ocurrido en Renca constituyen una demostración de poder.

“Debe haber una situación muy personal, porque se trata de enviar un mensaje, no es solo matar. Es derechamente cometer un delito mucho más desleznable a los ojos de lo que estamos acostumbrados a ver. Más que el acto de violencia, buscan dar un mensaje y una señal a otras organizaciones que compiten con ellos”, dijo el persecutor.

Sin embargo, Barros aclaró que no estamos ante personas que estén organizadas para cometer delitos como descuartizamientos. Aunque sí coincide en que el aumento en la violencia experimentado por estas bandas “es un fenómeno normal, que se está dando entre distintas organizaciones de narcotráfico”.

“Tienen luchas o competencias por el territorio donde actúan en la distribución de drogas, y lo que implica el tener posiciones de poder. Para ellos, esta competencia es relevante. Los enfrentamientos se producen ente organizaciones para mostrar superioridad”, agregó.

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