Nicolás Cataldo: “Por el rol que me ha tocado ejercer entiendo hoy que uno no está para simbolismos y tiene que ser pragmático”
En la antesala del cambio de gobierno, el ministro de Educación plantea que no ve afán de retroceso en su área tras conocer a las futuras autoridades del gobierno de José Antonio Kast. Destaca como herencia la instalación de un concepto transversal de política de educación pública y asume como un error no haber considerado la excelencia como un factor de admisión en las escuelas en el origen del SAE.

Por estos días, las paredes de la oficina que Nicolás Cataldo ocupa en el edificio que alberga al Ministerio de Educación lucen recién pintadas. Todo se está preparando para el cambio de mando. Las grandes damnificadas del ajetreo de la mudanza son las numerosas figuras de Star Wars, Harry Potter, Batman y otras que han debido resignar el destacado lugar que ocuparon en esa oficina en los 30 meses de gestión del titular de Educación. Aún no tiene claro a qué se dedicará una vez que deje el cargo, pero sí que tendrá un papel en la discusión que se abrirá en su partido -el PC- sobre su participación en el gobierno de Gabriel Boric.
Este es su balance.
¿Se anima a evaluar al gobierno?
Con el escenario pospandemia, con la crisis económica en curso, con una situación migratoria descontrolada y, también, con una crisis en educación, diría que este fue el gobierno de emergencia. Desde esa perspectiva, una calificación de 6 hacia arriba.
El gobierno ha hecho suyo el relato de la estabilización. En el caso de la educación, ¿no es conformista decir que el legado es haber estabilizado el sistema y no un hito propio?
No podría ser conformismo estabilizar un sistema que está en crisis. Es un tremendo esfuerzo, no es algo que se consiga firmando un par de decretos e impartiendo un par de instrucciones.
¿Cuál es la huella que deja en educación el gobierno de los exdirigentes estudiantiles?
Una de las cosas que valoro harto es que logramos devolverles a los instrumentos de evaluación como el Simce algo que parecía contraintuitivo: el sentido evaluativo, pensando en la formación. Uno de los aspectos centrales pendientes era repensar el sistema de aseguramiento de la calidad. Espero que el próximo gobierno lo aborde.
Las banderas que funcionaron como eslogan -educación gratuita, de calidad, fin del CAE- no se están logrando, al menos en esta administración. ¿Fue muy elevada la apuesta?
Nunca se planteó la gratuidad 100% en este período. Entiendo lo del CAE, y al menos desde que asumí tuvimos que hacer un cambio de cómo se estaba pensando: uno, porque los partidos, de oposición y oficialistas, nos decían ‘ojo, porque no se puede premiar a quienes han tenido un mal comportamiento’. Y un segundo elemento, de carácter técnico y principios, es que una condonación universal habría sido regresiva y poco justa. Después, con el FES, la conversación técnica ha ido transitando por un camino correcto, sin renuncia de principios, y hoy nos tiene con un acuerdo técnico, pero sin todavía la voluntad política.
Usted dijo que habían empezado tarde la discusión del FES; se asume que ya no tiene expectativa de que en este gobierno eso se resuelva.
Una cosa es decir que podríamos haber partido antes y otra es que haya renuncia a legislar. También dije que me parecía que lo relevante, más que quién lo firmaba, era que se hiciera. Para el Fisco es insostenible. Eso es parte de lo que le hemos transmitido a la nueva administración, que está preocupada por la situación fiscal. Uno espera que con esos elementos prime la racionalidad y logremos avanzar todo lo posible en estos días.

Dice que da lo mismo si la firma es de Boric o de Kast, pero hay un simbolismo en ello y también que si se pasa a otra administración la solución puede ser muy distinta al FES.
Naturalmente. Lo del simbolismo lo entiendo, soy político, no voy a fingir demencia. Sin embargo, uno está más viejo y comprendo hoy con una profundidad distinta, a partir del rol que me ha tocado ejercer, que uno no está para simbolismos. A veces uno tiene que ser más pragmático. Y si no logramos avanzar en el actual diseño, que es el que ha concitado acuerdo, va a haber que estar muy atento a lo que propone el próximo gobierno, porque no necesariamente está garantizado ese acuerdo. Hoy hay un diseño técnico que sí lo ha logrado.
El fin del CAE ¿terminó siendo una promesa fallida?
Uno tiene que evaluar en dos dimensiones: está la promesa de campaña, que tiene expresión de voluntad, que puede cumplirse o no. Acá se cumplió, el Ejecutivo presentó un proyecto y no tenemos mayoría en el Parlamento, es así de simple. Hay una cuestión de voluntad y hoy está en la cancha de la oposición. Dicho eso, al no lograr la aprobación no logramos cumplir ese compromiso de campaña, pero insisto, no porque no hayamos tenido la voluntad.
La promesa de campaña se entendía como una condonación al CAE.
Claro, pero no había espacio para presentar un proyecto con condonación total. Podríamos haberlo hecho, sabiendo que íbamos a fracasar rotundamente, incluso con votos oficialistas. Uno gobierna sobre la base de la realidad, no de los deseos. De otra forma, jamás habría salido, por ejemplo, la reforma de pensiones.
Ustedes eran los enemigos de “en la medida de lo posible”.
Nunca he tenido esas aprensiones.
Durante esta administración se ha abierto la puerta a cuestionar la instalación de los SLEP, el Sistema de Admisión Escolar (SAE), políticas que el oficialismo abraza. ¿Hay algún mea culpa por permitirlo?
No comprendo la obsesión por los mea culpa, porque las circunstancias políticas e ideológicas son desde antes de gobernar nosotros. La ministra Cubillos se dedicó a boicotear el SAE, instalando la noción de la tómbola, que claramente no lo es. No es serio que un ministro hable así. Da lo mismo lo que se hubiese hecho en este período: el nuevo gobierno, dadas sus características, habría llegado con la misma agenda. Ahora, en el SAE sí se hizo algo: una mesa técnica que arrojó resultados, de la que fue parte la futura ministra.
Pero ella no estuvo de acuerdo con cómo se expresaron en indicaciones las recomendaciones de la mesa.
Ella sí estuvo de acuerdo con el informe y, en rigor, el único aspecto que no se recogió exactamente fue establecer el 80% de selección por razones académicas en liceos de alta exigencia. Eso se cambió en el debate legislativo. Pero sí, creo que hay un error cuando se creó el SAE en no haber considerado la excelencia, que es más que el rendimiento académico, como parte de la diversidad educativa. Las altas exigencias deben ser parte de la diversidad educativa, no veo contradicción ideológica en que eso se exprese. Se fue demasiado rígido en un momento en el que las condiciones de selección también eran bien arbitrarias. La pregunta es cómo evitamos irnos de un extremo a otro. El próximo gobierno tiene la oportunidad, hoy hay un acuerdo disponible a votarse. Lo peor que podría suceder es eliminar un sistema bien evaluado, aunque no socialmente, pero sí desde el punto de vista técnico, y que cumple su objetivo. Ahora, si la voluntad es eliminar el SAE, ese es otro escenario.

En términos sociales, como dice, la gente siente que en esto los liceos de excelencia fueron totalmente dinamitados.
Aun así, no es responsabilidad del SAE.
¿Ni bajo la lógica de que un elemento de excelencia sí debió haber sido mejor considerado?
Los liceos emblemáticos no tienen su crisis a partir del SAE, que operó en último lugar en esos liceos. Y los emblemáticos tienen excepciones, mantienen capacidad de selección por rendimiento.
Pero es indudable que su realidad de admisión cambió.
Diría que el problema principal ha estado en la violencia en ellos, que se arrastra hace mucho más tiempo. Reducir todo el debate al SAE es erróneo, no es preciso técnicamente ni da cuenta del problema. Suponer que eliminar el SAE va a resolver el problema de los emblemáticos va a generar una frustración tremenda en la sociedad.
¿Sobre la violencia no deben hacer una reflexión también?
Totalmente, lo hemos hecho. No sé por qué se insiste en que sea nuestro sector el que haga esa reflexión, creo que es una que tenemos que hacer como sociedad.
En parte, el sector que más se ha opuesto, por ejemplo, a Aula Segura no es precisamente la derecha.
¿Sabe cuándo se ha aplicado más Aula Segura? En este periodo, y no ha mejorado la convivencia ni ha controlado la violencia. El problema es integral. Hay que combinar, cuando corresponda, sanciones duras, pero con enfoque formativo y resolución colaborativa de conflicto. Luego está el quién tiene las herramientas, y en los hechos de delitos el Mineduc no las tiene. Fui dirigente estudiantil y creo en el derecho a manifestarse cuando hay causas que lo justifican. Pero jamás se me habría ocurrido destruir la infraestructura o amenazar la vida de mis profesores. Eso es delito y no lo voy a aceptar ni tolerar, y no me siento ni más ni menos de izquierda por decirlo y condenarlo tajantemente.
El lunes fue la bilateral con Arzola, con quien se ha seguido reuniendo. ¿Qué impresión le han dejado ella y sus subsecretarios?
Son personas que tienen una aproximación a los debates educativos. Hay capacidad de interlocutar con cierto marco de lenguaje común.
No es de los que se preocupan, como otras áreas, que pudieran tener retrocesos en ciertas políticas públicas.
Es que ese es otro ámbito. Como ministro me corresponde traspasar de la forma más pulcra, de modo que la nueva administración, en términos de continuidad, tenga la menor cantidad de ripios y que el sistema funcione. Ahora, eventuales retrocesos sin duda me preocupan.
¿En su área?
Por supuesto, pero eso es parte de lo que pase a partir del 11 de marzo. Es evidente que si ganó un gobierno de otro signo las políticas que creemos y queremos pueden verse en tensión, retrotraídas por el nuevo gobierno, aunque puede que no pasen.
Da el beneficio de la duda.
Hemos conversado con la próxima gestión, y si bien es cierto hay ámbitos, como la Nueva Educación Pública, donde hay críticas, pero nombraron a una ministra y un subsecretario que fueron parte del Consejo de Evaluación de la Educación Pública que siempre recomendó avanzar con el proceso. Es una señal relevante de que la política pública está andando. Lo que uno supone con los nombramientos es que no hay un afán de retroceso, pero seguramente tratarán de hacer ajustes que hay que estar monitoreando para construir acuerdos nuevamente.

Fue el primer ministro de Educación comunista, ¿hubo prejuicios?
Sí. Siempre he percibido que por ser militante comunista las cosas son dos o tres veces más difíciles. Nos exigen pruebas de blancura que a otros no y eso se nota harto. Cuando llegué a Educación, por ejemplo, con harto desconocimiento del sistema, algunos planteaban que íbamos a cambiar el currículum y adoctrinar a los niños. Primero, no era posible, y segundo, no está en mi ánimo. Cuando me fueron conociendo se dieron cuenta de que eso no iba a pasar.
Las tensiones entre el PC y el gobierno han sido evidentes en estos años…
No voy a ser impúdico y decir no hay problema, pero está mucho más acotado de lo que el mundo supone. Llegará el momento de evaluar nuestra participación en el gobierno y qué logramos avanzar y cuánto incidimos. Además, ser gobierno en coalición también tiene esa característica en la que lo propio se diluye en lo colectivo.
¿Sus correligionarios lo entienden así?
La mayoría sí.
Hay uno muy importante que parece que no…
No creo que sea tan importante.
Hablamos del exalcalde Daniel Jadue…
Hoy él no milita. La posición del exalcalde ha sido consistente desde el inicio del gobierno, incluso antes. Las discusiones internas de los partidos, y particularmente en el mío, tendremos que darlas cuando llegue el momento, que no es ahora.
Usted participó en la campaña de Jadue. ¿Le parece frustrante la actitud que ha tenido con el gobierno?
No sé si frustración. Uno no se puede hacer cargo de los dolores ajenos. No sé, porque no he hablado con él hace años, qué estará pasando en su intimidad. Me imagino que no es fácil tener una derrota presidencial y al corto tiempo terminar con un juicio que deriva en una privación de libertad. No quisiera ser injusto en la ponderación, lo digo con harta honestidad. Si bien es cierto tenemos diferencias que son manifiestas, no le deseo mal a nadie y, eventualmente, habrá espacio para conversar.
¿Existió la posibilidad de integrarse a la campaña de Jeannette Jara y renunciar al gabinete?
Yo siempre planteé, genuinamente, que si iba a ser convocado a cumplir un rol en la campaña, nunca iba a decir que no. Entiendo que se puede haber evaluado, mas conmigo nunca conversaron.
¿Es crítico de la postura que tomó la directiva PC con la candidatura de Jara?
Uno puede evaluar algunos episodios donde algunas personas cometieron el error de interpretar a la candidata o de delinear algunos de sus quehaceres. Eso fue un error, y creo que se enmendó rápidamente.
Ella ha puesto en duda su continuidad en el partido…
Al menos de los que fuimos ministros del gobierno no está en duda de ninguna manera la continuidad como militantes del partido.
¿No quedó con un gusto amargo por no haber llegado a la Subsecretaría del Interior?
Habría sido bueno para el país poner en tensión ese prejuicio, ¿no? De un comunista a cargo de la seguridad. No sé si es una frustración, porque tampoco era algo que tuviese como expectativa de desarrollo político, pero creo que habría sido interesante. No creo que lo hubiésemos hecho mal y quizás nos hubiésemos evitado hartos problemas también (sonríe).
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