Relatos de un reencuentro:las historias que separó la pandemia

El pasado 18 de febrero Chile cerró todas sus fronteras. El coronavirus y todo lo que pasó desde entonces ya es conocido. Este lunes 23 de noviembre se volvieron a abrir, aunque solo a través del aeropuerto de Santiago. Según la PDI, hasta el jueves habían ingresado 3.837 extranjeros, entre turistas y residentes permanentes que quedaron fuera. Algunos están en estos episodios. Parejas que esperaron meses para volver a abrazarse. La vida sigue su curso.




Los fines de semana eran con citas de videollamada y cocinar juntos

Ella, brasileña; él, chileno. Gustos comunes. Algo de fútbol, mucho de cocina. También hartas diferencias. Y meses de separación “viral”.

Esta pareja de novios estuvo más de siete meses sin poder verse y ahora solo esperan el momento para casarse. “Fue muy duro pasar todas esas semanas, los dos solos, cada uno en su país, con la incertidumbre de cuándo podríamos volver a abrazarnos”. Así recuerda Karla Cabrite (50) el tiempo que esperó en Brasil, su país natal, para regresar a Chile.

De profesión odontóloga, volvió a Sao Paulo en marzo de este año, después de haber agendado la hora de su matrimonio en el Registro Civil de Vitacura. Sin embargo, la pandemia postergó todo y la celebración aún no tiene nueva fecha. Pero los planes siguen.

“Venía todos los meses a ver a mi novio y también para hacer clases de armonización facial. Regresé a mi país el 1 de marzo y teóricamente iba a retornar el pasado 4 de abril para casarme, incluso tenía pasaje de regreso, para agosto. Nuestra ceremonia sería muy sencilla, ya que nuestras familias están lejos”, relata ella.

Cuenta que capearon la distancia a través de videollamadas: “Hablábamos todos los días, los fines de semana teníamos citas por videollamadas y hasta cocinábamos juntos”.

Después del matrimonio también había itinerario: un viaje al Caribe. “El Registro Civil aún no tiene hora disponible para el matrimonio, pero lo importante es que estoy de vuelta. No es fácil mantener una relación a distancia, pero lo logramos. Sobre todo, porque estaba acostumbrada a viajar a Chile, por amor y trabajo”.

De hecho, fue en uno de esos viajes laborales que conoció a su futuro marido, ingeniero de 42 años, quien ahora, el 23 de noviembre, la fue a recibir al Aeropuerto Internacional de Santiago.

“Me vine en el primer vuelo que vi cuando Chile abrió su frontera. Tuve que hacerme el test para dar cuenta de que no tengo Covid-19 y ahora sigo en cuarentena. El gobierno me hace un seguimiento todos los días, a través de un correo electrónico, donde respondo una encuesta sobre mi salud y residencia”, detalla.

Francia, España, Brasil y ahora una cuarentena en Rancagua

Louise Louchart (24) vive en Lille, Francia. Acaba de llegar a Chile en un vuelo desde Brasil, el 23 de noviembre. Pero no lo hizo sola, venía acompañada de Mauricio, su pololo chileno, a quien conoció en 2019, en un intercambio de estudiantes en Lima, Perú.

La joven es profesora de español en su país natal y estuvo nueve meses sin ver a su novio, con quien se reunió por última vez en enero de este año. Tenía pasaje a Chile para el 11 de abril, pero por la pandemia se quedó en España.

“No lo podía creer, fue muy triste, porque en las noticias el panorama no era bueno y la incertidumbre de no tener fecha de apertura de los aeropuertos aumentaba más nuestra inquietud”, cuenta la joven.

“Fue complicado, porque no sabíamos si nos volveríamos a ver físicamente; también hicimos muchas videollamadas, la tecnología ayudó mucho”, dice.

El periplo incluso se enredó. Cuando Louise se enteró de que no podría viajar a Chile, se fue a España, donde esperó varios meses, hasta que el 5 de noviembre decidió viajar a Brasil, para estar más cerca en caso de que se abrieran las fronteras. Fue allí donde logró reunirse con su novio, quien viajó desde Santiago el 6 de noviembre.

“Esto no fue planeado, al contrario, fue una decisión improvisada que tomamos en último momento, porque ya estábamos desesperados y no sabíamos nada de la posible apertura de las fronteras de Chile. Además de que el Covid-19 estaba empeorando en Europa y tenía miedo de quedarme atrapada allá. Justo en ese minuto anunciaron el segundo confinamiento en Francia”, recuerda.

Desde esa fecha estuvieron juntos, a la espera de conocer las medidas que tomaría Chile para el ingreso de extranjeros. “Nos reunimos en Sao Paulo, viajamos a Río de Janeiro y hasta pudimos recorrer algo más turístico. Al inicio no sabía cuánto tiempo me iba a quedar en Brasil, hasta que el 12 de noviembre el gobierno chileno anunció que iba a abrir las fronteras el 23, así que mi novio decidió quedarse conmigo hasta ese día”.

Actualmente se encuentran en Rancagua, a la espera de terminar su cuarentena preventiva.

Solo con una fotografía del Diario Oficial logró pasar la frontera

Uno de los sueños de toda chica seguidora de la serie Floricienta es recibir flores amarillas. Si a este elemento se le agrega que el gesto ocurre después de un tiempo crítico para una joven relación, separada producto de la pandemia por el Covid-19, el hecho cobra aún mayor relevancia.

Las flores amarillas fueron el obsequio de reencuentro que el oftalmólogo chileno Matías Camerati (31) entregó a su pareja la semana pasada, ya que ella reside en Lima, Perú, y tuvieron que estar distanciados gran parte del año a raíz de las medidas de prevención que han tomado los países para frenar la propagación del virus. Y si bien llevan dos años de relación, durante la cuarentena de este 2020 solo en una ocasión, a mediados de año, Camerati había logrado viajar a Lima por motivos laborales.

Dedicada al marketing, Olenka Correa (23) pudo aterrizar en Chile el lunes pasado, el primer día que se permitió el ingreso de turistas en el aeropuerto capitalino. “Sin visa estable o sin estar casada era imposible venir. Ese lunes lo estábamos esperando muchos para ver a nuestras parejas. Fue horrible, porque pensé que era por un tiempo corto, buscábamos vuelos y nuestras conversaciones diarias eran sobre cuándo se informaría de la reapertura para visitas. Se me hizo una eternidad”, relata la joven, quien permanece en cuarentena en la comuna de Linares.

La informalidad de los anuncios de las aerolíneas y la desinformación sobre la situación de Chile en Perú hicieron que la travesía para cruzar la frontera estuviera marcada por la incertidumbre. “Lo confirmé cuando en policía de Lima me dicen que Chile no estaba recibiendo turistas, que no tenían actualización de esa información, pero yo llegué con una foto del Diario Oficial y se los confirmé”, indica la joven limeña.

Cuenta que otra complicación fue el seguimiento sobre su situación de pasaporte sanitario. “Aún no tengo el enlace de seguimiento de los 14 días y al parecer les ha pasado a otras personas. También tuve que comprar un segundo seguro Covid-19 que me exigieron, este es de 30 mil dólares que tuve que gastar extra”, señala Correa.

Ocho meses de espera y un matrimonio con alcohol gel

La noruega Natalie Mella (23) adoptó desde niña el apellido de su padrastro chileno. Eso también la trajo a conocer el país. Y hace dos años, de vacaciones en Concón, tomó unas clases de surf que cambiarían el curso de su vida: el instructor, Vicente Muñoz (24), se convertiría en su prometido.

Desde Noruega, donde los casos acumulados bordean los 35 mil, la joven no imaginó que las medidas que impondría Chile serían tan estrictas. Hace justo un año salió de Chile y tenía su regreso programado para marzo. Pero todo se complicó. “Estaba trabajando y ahorrando mucho para la boda, como ayudante de párvulos, y bueno, en marzo se conoció la drástica decisión. No fue terrible inicialmente, pero fue pasando el tiempo y ni siquiera adelantar casarnos en octubre lo íbamos a lograr”, cuenta Mella.

La joven novia repite la historia de su madre, quien también se casó con un chileno. Tanto su familia como amigos no podrán participar del esperado evento, que hoy tiene fecha para el próximo 28 de diciembre.

“Cambió todo, desde el número de personas, que ahora tenemos 40 contando a quienes nos prestarán servicios como banquetería, va a ser todo distinto, sin los míos cerca y los recuerditos pasarán a ser alcohol gel. Estamos rearmando todo nuevamente, el vestido lo tengo ya bastante tiempo esperando”, sostiene.

Si la espera de ocho meses para cruzar la frontera fue angustiante para la joven noruega, más lo fue su viaje, que de 24 horas pasó a ser de otras 10 horas más. El principal problema, asegura, fue el cruce de información de las aduanas respecto de las reglas de cada frontera.

“Lo más complicado fue de Oslo a Ámsterdam, porque no hay reglas en todas partes igual. Tuve problemas con maletas y en el check in para ir hasta Panamá me avisan que allá tenía que tener un PCR negativo, yo revisé todo eso y era regla para quienes bajaban en esa escala, fue todo confuso. Después me aseguraron que en Chile seguían las fronteras cerradas, tuve que comprar un vuelo diferente que ocupó gran parte de mis ahorros logrados”, relata.

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