Sacerdote jesuita Jorge Costadoat: “Cómo hallar un obispo para Santiago, si muchos de ellos están cuestionados”

El sacerdote jesuita Jorge Costadoat.

El teólogo aborda el “deber ser” de la Iglesia Católica chilena y acusa la “profunda incomunicación” que existe entre el clero y los fieles. Además, analiza la posible aceptación de la renuncia del arzobispo Ricardo Ezzati.


La aceptación de renuncia por parte del Papa Francisco aún no llega al Arzobispado de Santiago, pero es de conocimiento público que el cardenal Ricardo Ezzati deberá dejar su cargo, pues ya cumplió la edad límite de 75 años para ejercer como obispo. Mientras eso ocurre, la figura del prelado ha sido altamente cuestionada, sobre todo tras la formalización del excanciller de la arquidiócesis, Óscar Muñoz, por abuso sexual y estupro.

En medio de ese escenario, Jorge Costadoat, sacerdote jesuita y académico de la Facultad de Teología de la U. Católica, analiza esta “espera” de Ezzati y el nuevo capítulo en la crisis de la Iglesia Católica chilena.

¿Cuál es, a su juicio, la razón de fondo de la crisis de la Iglesia?

Esta crisis tiene dos aspectos. Hay un problema grave, que no tiene que ver simplemente con los abusos del último tiempo, y que es la existencia de una profunda incomunicación entre la jerarquía eclesial y el resto del pueblo de Dios, lo que se manifiesta en todo ámbito. Eso ha significado que, especialmente los obispos y el clero, vivan bastante aparte de lo que viven los demás cristianos. Es una fuente de ejercicio abusivo de poder, una relación asimétrica. Unos se arriman a la Iglesia, otros se quedan a hacer lo que quieren, entonces hay una gran desautorización del estamento institucional. Esto se ha agravado precisamente por los casos de abuso sexual, la negación de justicia y el encubrimiento. Ahora, ¿por qué todos estos abusos? Es difícil saberlo, porque el clero son seres humanos, como todos, y no por el hecho de ser religiosos van a estar exentos de lo que son todas las tentaciones humanas. Sin embargo, uno esperaría que entre la gente especialmente seleccionada para el sacerdocio, y que habla del Evangelio, no haya abusadores.

¿Debe hacer, entonces, un cambio significativo dentro de la institucionalidad eclesial? No solo visto desde la remoción de cargos.

El modo de organizarse de la Iglesia Católica es una de las causas de los mayores abusos. Una institución abusiva, como la que tenemos, puede cometer abusos sexuales y puede cometer abusos en el mundo universitario también. Eso es lo que hay que cambiar, lo que hay que desmontar. Espero que esta crisis tremenda se traduzca en otro modo completamente distinto de ser Iglesia: mucho más laica, de comunidades autónomas, jugada por los pobres y en la cual los curas colaboremos al servicio del pueblo de Dios. Que seamos requeridos y no que llevemos el pandero de todas las cosas que se hacen. Hay que dejar la libertad y creatividad a los laicos, para que se organicen de la mejor manera posible. Esa es mi gran esperanza.

El arzobispo de Santiago dijo hace un par de meses que Juan Barros, entonces obispo de Osorno, debía dar un paso al costado tras los cuestionamientos por el caso Karadima. Hoy, el arzobispo también está siendo cuestionado. Las palabras de Ezzati ¿debieran también correr para él?

Están todos los obispos renunciados. Todos los obispos dieron un paso al lado, entonces en este momento todo depende del Papa. Monseñor Ezzati no tiene nada que hacer, solo esperar que el Papa decida si acepta su renuncia o lo mantiene. En este momento, la pelota está en el campo del Papa.

¿Considera que los cambios que quiere generar el Papa Francisco están hoy en un stand by?

Creo que tiene que ver con que está buscando gente para renovar los cargos. Ciertamente, el arzobispo de Santiago (Ezzati) ya superó el límite de edad y había pedido la renuncia. Está esperando que lo cambien, pero no es fácil. ¿Cómo hallar un obispo para Santiago si muchos de ellos están cuestionados por temas de abuso o encubrimiento? No debe ser nada de fácil para el Papa conseguir la persona adecuada. Creo que en lo posible, debiera ser una persona de fuera de Chile. Se ha hablado de monseñor Bertomeu, pero es un desconocido, una persona joven, no sé si será adecuado. Conoce el tema de los abusos y sería una contribución, pero no basta solo eso para ser arzobispo de Santiago. Si lo llegaran a nombrar a él o al que sea, ojalá que sea una persona con dedos para el piano, porque realmente es un cargo muy complicado.

La semana pasada usted recibió una carta de Ricardo Ezzati, donde se le comunicó que fue renovado en su rol de investigador adjunto en la Universidad Católica, no como profesor de Teología…

Lo que me renovaron es el castigo. Es el cuarto decreto que recibo de renovación de posibilidad de investigar como adjunto. Hasta ahora no sé lo que hice, cuál fue la causa de esto. Cuando hablé con el arzobispo me dio a entender que yo “enseñaba con mucha libertad”.

Ezzati ha mencionado que debe haber cambios en los seminarios y en los protocolos de prevención de abuso…

Una cosa son los seminarios y otra es una Facultad de Teología. El problema es que esta facultad está siendo tratada como si fuera un seminario. En esa última institución, el rector u obispo puede hacer y deshacer, pero en una universidad, el que tendría que mandar es el rector y no el obispo, aunque sea una universidad católica. Eso es causa de problemas. No hay libertad.

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