Europa experimenta con la renta básica universal

Finlandia está implementando un programa piloto que de tener éxito podría aplicarse a todos sus ciudadanos: la entrega de un salario mensual de 560 euros que busca combatir la inequidad social y el desempleo. La medida ha generado debate en varios países que buscan iniciar programas similares.

“Pensé que era una broma. La tuve que leer muchas veces. Busqué evidencia para ver si era falsa”, aseguró el finlandés Mika Ruusunen al diario británico The Guardian, al recordar el momento -un día después de la pasada Navidad- en que recibió una carta del gobierno de Finlandia, en donde se le anunciaba que a partir de 2017 recibiría un ingreso incondicional de 560 euros al mes.

Finlandia será en 2017 un verdadero laboratorio de lo que se conoce como renta básica universal, un ingreso pagado por el Estado a cada ciudadano, incluso si éste no quiere tener un trabajo remunerado. Un ingreso que tampoco discrimina entre clases socioeconómicas o condiciones laborales. Y que se entrega, como han descrito algunos medios europeos, “sólo por existir”.

El país estará llevando a cabo por dos años un programa piloto de renta básica universal en donde 2.000 de sus ciudadanos, de entre 25 y 58 años, recibirán por parte del Estado 560 euros al mes, una cifra pensada para cubrir gastos de una vivienda básica, alimentación y servicios de agua y electricidad.

Los participantes fueron elegidos al azar de entre quienes recibían beneficios de desempleo o subsidios sociales. Pero si la medida es exitosa, podría expandirse a todos los finlandeses en edad adulta, estén o no desempleados y sin importar cuánto ganen.

El gobierno finlandés cree que la medida podría ahorrarles dinero en el largo plazo y que también podría estimular a que más personas sin empleo busquen trabajo. Según CNN Money, las personas desempleadas en ese país evitan aceptar empleos de medio tiempo que podrían hacerles perder sus beneficios monetarios. Según declaró a CNN el ministro finlandés de Asuntos Sociales y Salud, Juha Rehula, el proyecto era “necesario” porque el sistema de seguridad social se enfrentaría a “grandes desafíos en el futuro” si no se simplificaba.

Desde hace algunos años, Europa viene debatiendo sobre esta iniciativa que para algunos detractores es completamente utópica y para otros, una forma de combatir la inequidad. Quienes apoyan este plan aseguran que una remuneración adicional podría animar a la población a iniciar negocios, pero otros estiman que la medida es insostenible económicamente. Y que además podría ser una excusa para no trabajar.

Finlandia no es el único lugar que coquetea con la idea. La ciudad holandesa de Ultretch, de 300.000 habitantes también experimenta desde enero de 2005 con una renta básica universal: 300 familias reciben este beneficio como parte de un experimento que busca percibir cómo este ingreso extra afecta la vida de quienes lo reciben. Las familias recibirán un sueldo de entre 900 y 1.300 euros dependiendo de su número de miembros.

La propuesta ha sido apoyada por distintos empresarios tecnológicos de Silicon Valley. Incluso la empresa enfocada en start-up, Y Combinator, está financiando su propio experimento con la renta básica universal. Alrededor de 100 personas en Oakland, California, están recibiendo entre US$ 1.000 y US$ 2.000 al mes como parte de ese programa piloto.

Otros casos

El estado de Alaska no tiene un ingreso básico universal, pero sus ciudadanos sí reciben un dividendo desde 1980 que viene de los ingresos por el petróleo.

La ciudad italiana de Livorno, de 156.000 habitantes, ya había comenzado un sistema similar en junio pasado. Las 100 familias con menos ingresos de la ciudad comenzaron a recibir 500 euros al mes. Programas de este tipo se están discutiendo también en Islandia, Escocia, Canadá, Uganda y Brasil.

Suiza ya le cerró la puerta a esta idea. En junio pasado los ciudadanos de ese país rechazaron en un referendo la iniciativa que buscaba darle un ingreso de 2.250 euros al mes a cada ciudadano. Un 75% de los votantes se opuso.

La controvertida carrera por las elecciones presidenciales francesas también levantó este tema. La propuesta económica estrella del ganador de las primarias socialistas, Benoît Hamon, fue implementar una renta universal de 750 euros.

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