Iván Duque, expresidente de Colombia: “América Latina no debe depender de la doctrina geopolítica de ningún otro país”
El exmandatario copresidió -junto a la expresidenta Michelle Bachelet- la Comisión sobre Geopolítica, Globalización y Desarrollo de la Cepal. En entrevista con La Tercera, detalló las principales recomendaciones de la instancia multilateral de integración económica para la región, en el contexto del lanzamiento del informe que él mismo definió como “una hoja de ruta para desarrollo para Latinoamérica para los próximos 30 años”.

El informe “Rupturas y oportunidades”, elaborado por la Comisión de la Cepal sobre Geopolítica, Globalización y Desarrollo para América Latina y el Caribe, identifica ocho rupturas en el orden mundial y reúne diez recomendaciones para la inserción internacional de la región.
El documento se presentó este martes en Santiago y la investigación estuvo presidida por el expresidente de Colombia entre 2018 y 2022, Iván Duque, junto a la expresidenta de Chile, Michelle Bachelet. Las recomendaciones del documento parten desde la siguiente premisa: el orden de la posguerra transita desde un sistema basado en reglas hacia uno basado en relaciones de poder y en la competencia entre potencias. En ese contexto, el estudio plantea que América Latina requiere una posición propia frente a ese cambio.

La comisión fue convocada por el secretario ejecutivo de la Cepal, José Manuel Salazar-Xirinachs, e integrada por trece personas de distintas trayectorias e inclinaciones ideológicas.
El documento resultado del estudio analiza las brechas del desarrollo regional, los activos estratégicos de América Latina y el Caribe y las opciones de la región en un escenario de disgregación de los espacios multilaterales. En entrevista con La Tercera, Duque precisó que el informe no debe comprenderse como un trabajo ya hecho, sino que lo definió como una “una hoja de ruta para desarrollo para Latinoamérica para los próximos 30 años”.
El informe emplea la palabra “rupturas” en lugar de “tendencias” o “fenómenos” para describir los cambios en el orden mundial. ¿Por qué ese matiz? ¿En qué momento del trabajo de la comisión advirtieron que ya no bastaba con hablar de una transición gradual y que correspondía hablar de una ruptura del orden de la posguerra?
El término “ruptura” muestra que ya no estamos ante una transición. Estamos ante un cambio que se aceleró y que fue más brusco de lo que muchos podían vaticinar. La ruptura y el debilitamiento del multilateralismo resultan incuestionables. La ruptura del consenso en torno a la crisis climática también lo es. El debilitamiento de la democracia en el mundo es notorio.
Cada una de esas ocho rupturas muestra que los cambios ocurrieron, que ocurrieron más rápido y que algunos son más abruptos. Por eso se utiliza ese término. Además, esas rupturas marcan un cambio de tendencia que no es coyuntural y que puede ser estructural.
Eso abre el camino para que el reporte valore cómo debe posicionarse América Latina ante esas rupturas, cómo debe consolidar sus oportunidades y cómo debe hacer valer sus fortalezas.
El estudio identifica el fenómeno de los retrocesos democráticos y la polarización política en la región. ¿Qué tan realista es pedir a los gobiernos que construyan consensos mínimos y que sostengan políticas de Estado más allá de los ciclos electorales?
América Latina tiene que mejorar la gobernanza para enfrentar sus desafíos geopolíticos. Eso significa fortalecer las instituciones, tal como lo menciona el reporte. Sin instituciones sólidas es difícil tener una planeación geopolítica estructurada y con capacidad de avance.
También, es fundamental recuperar la confianza en las instituciones, incluso en las democracias más maduras de la región. Lo que sugerimos para recuperar esa confianza, fortalecer la democracia, enfrentar el crimen organizado y sostener las políticas de Estado a largo plazo requiere consensos mínimos. Esos consensos operan al interior de los países y también entre los países.
La competitividad no es de izquierda ni de derecha. La lucha contra el crimen organizado no es de izquierda ni de derecha. La generación de empleo no es de izquierda ni de derecha. Se necesitan políticas que estimulen al sector privado, que nos inserten en la economía global y que nos permitan capturar las oportunidades geopolíticas sin quedarnos en debates que nos dejan rezagados frente al resto del mundo.

En la presentación del estudio enfatizaron en el “no alineamiento activo” y la necesidad de evitar decisiones rígidas ligadas a la voluntad de las superpotencias…
El punto es que no haya alineamientos rígidos. Tenemos que mirar nuestra ubicación y nuestra oportunidad geopolítica desde lo que le conviene a América Latina y desde lo que le permite capitalizar sus oportunidades.
No se trata de alinearse de manera rígida bajo una situación de sumisión. Con Estados Unidos nos unen valores y principios, además de relaciones comerciales, inversión y apoyo tecnológico, militar y de seguridad. Nos une la democracia, la separación de poderes, una constitución con lineamientos claros y la protección de las libertades. Con China nos une el comercio.
Con otros países nos une la inversión. Con otros funcionan estrategias puntuales en energía o en ciencia y tecnología. La ausencia de alineamientos rígidos responde a la flexibilidad que debemos tener, sin sacrificar los valores y los principios que enarbolamos.
Pero el informe recomienda hacer esto en un contexto en el que, por ejemplo, estamos viviendo la aplicación de la doctrina Donroe por parte de Estados Unidos. ¿Cómo se puede mantener este “no alineamiento” en la práctica sin provocar represalias comerciales o de seguridad por parte de EE. UU.?
América Latina no puede tener como objetivo geopolítico aplicar ninguna doctrina en ningún tercer país. La doctrina que propuso James Monroe no fue intervencionista. Planteaba que Estados Unidos ayudaría a proteger los procesos de independencia de los países de la región frente a cualquier poder extranjero que quisiera volver a colonizarlos.
Desde ese momento hemos visto doctrinas en las que América Latina y Estados Unidos se integraron de manera cooperativa. Los tratados de libre comercio, las iniciativas del CAFTA y del NAFTA, los acuerdos con Chile, Colombia y Perú, la Organización de los Estados Americanos y el Banco Interamericano de Desarrollo son mecanismos de una alianza sólida con Estados Unidos.
Lo que buscamos con este reporte es que América Latina no dependa de la doctrina geopolítica de ningún otro país. Que pueda interactuar, cooperar y ser aliada, con una ubicación clara de su autonomía en el plano geopolítico.

¿Cómo se pueden aplicar las recomendaciones del informe en un contexto de disgregación regional y de alejamiento de instancias multilaterales?
Es una apuesta importante de la Cepal, porque no busca el unanimismo. Convocar a trece personas con diferencias ideológicas, de formación y de puntos de vista, y llegar a un reporte con elementos de consenso, es un ejemplo para que los propios países implementen muchas de las recomendaciones.
Esas recomendaciones no son de izquierda ni de derecha. Son elementos prácticos para que los países mejoren su capacidad de generar riqueza, reduzcan las brechas sociales y combatan a los enemigos que atentan contra la estabilidad de las democracias, como el crimen organizado.
Esta apuesta de la Cepal de construir a partir de la diferencia facilita la conversación dentro de los países para implementar muchas de las recomendaciones.
El informe trata el crimen organizado no como un asunto exclusivo de seguridad y lo eleva a prioridad de gobernanza regional. Como copresidente de la comisión y a partir de su experiencia como presidente de Colombia, ¿qué mecanismos específicos de cooperación integral podrían funcionar?
Se necesita una mayor colaboración y un fortalecimiento de las inteligencias. Hay que activar mecanismos intrarregionales de extinción de dominio sobre los bienes de las organizaciones criminales. La capacidad ofensiva de la fuerza pública entre los países debe ser más uniforme. Los mecanismos para desmantelar estas estructuras tienen que partir de la colaboración entre la justicia de los distintos países.
América Latina concentra cerca del 8% de la población del mundo y el 30% de los homicidios, con víctimas y victimarios que se ubican principalmente entre los 18 y los 25 años de edad. La seguridad es un valor democrático y un bien público que no es de izquierda ni de derecha, y su salvaguarda necesita la colaboración entre todos los países.
Queremos que la región deje de ser vista por las estructuras del crimen transnacional como lugar de paso, punto logístico o plataforma para el comercio ilegal. La seguridad, planteada como uno de los elementos centrales de la concepción geopolítica de la región, abre el camino para políticas detalladas y basadas en resultados dentro de los países.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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