Histórico

Isla de Ponza: Colores y perfumes en Italia

La isla situada en la región del Lacio (centro de Italia), es según la revista Travel Journal, una de las primeras diez del mundo por sus bellezas naturales, se declina en grutas, farallones, acantilados y escolleras basálticas.

La isla italiana de Ponza, la más bella  del mundo según el mítico comandante Jacques Cousteau, ofrece durante la primavera boreal un paseo entre colores y perfumes, encuentros con los últimos eremitas y refugios en pequeños lugares secretos.

La isla situada en la región del Lacio (centro de Italia), que según el Travel Journal es una de las primeras diez del mundo por sus bellezas naturales, se declina en grutas, farallones, acantilados y escolleras basálticas.

Como las grutas de Palmarola, una islita frente a la isla, habitado por solo dos personas: Leone, que es su custodio desde hace décadas, y el único residente del lugar, el escritor de historias locales Ernesto Prudente.

MESES DE FLORECIMIENTO

Durante mayo Ponza es aún más bella e intensa, con retamas en flor que dominan el paisaje con su amarillo intenso. Se trata de una especie que vive solo aquí, y en algunos lugares de Cerdeña.

Con sus ramas durísimas y resistentes, los pescadores desde tiempos inmemoriales construyen mesas y sillas que parecen esculturas, con el olor del mar y las formas del viento.

En estos días se camina a lo largo de callecitas casi desiertas inundadas por el sol, y caletas donde no hay nadie más que el visitante solitario.

Sobre la playa de Frontone, una de las más bellas de la isla, solo se oye el rumor del mar y las gaviotas.

SU PASADO

Mirando alrededor, se ve cómo la vida de Ponza fue "arrancada" a la tierra nacida del volcán, tal como se cuenta en el pequeño museo etnográfico que se asoma a Frontone y que habla de la gente del lugar, con historias cotidianas hechas de trabajo en los jardines y vida en alta mar.

Se puede llegar a la playa en barca desde el puerto o  bien desde la calle, dando un largo paseo a pie entre retamas, lavandas y agaves. A lo largo de los senderos brillan cascadas de rosas blancas, que relucen en la noche bajo la luz de la luna.

En primavera, la naturaleza habla con sus plantas y flores: y la isla silenciosa parece hecha de puro mar y luz, con casas excavadas en la piedra, jardines entre las rocas, pequeños viñedos cultivados en pocos metros de tierra.

Muchas casas tienen forma árabe, con pequeñas cúpulas que logran frescura en verano y calor en invierno para los interiores.

Casas bajas de colores mediterráneos, que servían a los pescadores para reconocerlas desde lejos, cuando regresaban con sus barcas, y que vistas desde el mar son una pintura de colores pastel.

MAGIA
Y alrededor también está la magia, porque dice la gente que Circe todavía vive aquí: y la atracción se siente, es la misma que ligó a Ulises a estas rocas, estas grutas y este mar.

"Es como un sortilegio -cuenta Anna Rita della Porta del Sole, que decidió dejar la ciudad para vivir aquí. No es posible irse: porque esta tierra y estas rocas te atan a su belleza".

Aquí se puede visitar también el Pequeño Hotel Luisa, que tiene entre sus habitaciones la que ocupaba el ex presidente italiano Sandro Pertini durante sus años de confinamiento bajo el fascismo: allí está todavía su escritorio, tal como era en aquellos tiempos de la resistencia.

Otro de los corazones de la isla es la localidad de Le Forna, donde los ancianos se reúnen al mientras se trabaja en espera de los turistas y de los jóvenes que regresan a su hogar para los días del verano.

Cerca de la iglesia está Cala Feola con sus piscinas naturales y una playa de arena. Luego hacia el norte Cala d'Acqua, en la zona de la vieja mina de caolín, que lleva luego a los altos acantilados blancos de Cala Cecata.

Entre Cala Fonte y Cala Cecata se halla la amplia gruta del Bue Marino, donde solía verse la foca monje del Mediterráneo.

Finalmente más al norte está la Piana d' Incenso, un altiplano que constituye el fin de la isla y desde donde se ven Palmarola, Zannone y el promontorio del Circeo, donde habían erigido su monasterio los monjes cistercienses.

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