La gráfica pionera de Alejandro Fauré

Precursor del diseño gráfico y la ilustración editorial en Chile, se acaba de editar un libro con la obra del dibujante porteño que llenó las revistas de principios de siglo XX con sus creaciones de estilo art nouveau.

Al momento de su muerte, en 1912, Alejandro Fauré había acumulado una buena fortuna: $ 100.000 de la época. Tenía 47 años y era un técnico eficiente, dibujante respetado y firma requerida por diversas revistas. “Toda su vida se dedicó al trabajo”, dice la diseñadora Mariana Muñoz, autora junto a Fernanda Villalobos de Alejandro Fauré. Obra gráfica, la primera recopilación de este pionero del diseño gráfico chileno. “Fue capaz de unir la técnica con un desarrollo más profesional. Siempre trabajó en el límite entre patrón y obrero”, agrega Muñoz.

Nacido en 1865 en Valparaíso, Fauré es descrito como “híbrido”: un dibujante que cultivó el estilo art nouveau parisino, pero que jamás puso un pie en Europa. “Trabajó desde un ojo extranjero, pero desde acá”, dice la diseñadora Fernanda Villalobos, cuya familia está vinculada a Fauré (“fue tío de mi abuelo”). En casas de padres, tíos y abuelos encontró varios originales que permitieron la reconstrucción de la obra (portadas de revistas, humor gráfico y avisos publicitarios) del diseñador. El resto fue hallado en la Biblioteca Nacional.

A los 15 años ingresó a la Imprenta Gilette de Valparaíso como litógrafo. Su padre era pintor y él aprendió arte en forma autodidacta. Se desempeñó como redactor artístico de La lira chilena, en un precedente de lo que hoy se entiende como director de arte. Según escribe Eduardo Castillo, “él pudo vincular la cultura letrada con el ámbito productivo, a partir de una visión más humanista y menos técnica de la actividad gráfica”.

Pese al éxito profesional, Fauré se sumió en la depresión. El libro menciona, además, el diagnóstico de una “enfermedad incurable”. Pocos meses antes de casarse con su novia, el artista se suicidó. “No tuvo hijos ni herederos. Y entiendo que su imprenta, Barcelona, cerró”, dice Villalobos. Su obra quedó dispersa entre familiares y archivos, pero hoy, gracias a este libro, su firma vuelve a ser impresa.

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