Urbanización y sequía contribuyen a expandir letal enfermedad en anfibios chilenos

La chytridiomicosis, producida por un hongo, llegó a Chile con la rana africana. Hoy el hongo está presente entre las regiones de Arica y de Aysén. El frío es protector hacia el sur.

Los anfibios están bajo la amenaza del clima, la urbanización y las especies invasoras, pero en particular de un hongo quítrido (Batrachochytrium dendrobatidis), que les causa una enfermedad a la piel y, luego, la muerte, y que se ha expandido por todos los continentes (excepto la Antártica), infectando a más de 700 especies.

En Chile, se han encontrado individuos infectados desde Putre, en la Región de Arica y Parinacota, a la Región de Aysén, donde ha infectado a 18 especies de anfibios.

Un estudio liderado por Leonardo Bacigalupe, académico de la U. Austral, junto a investigadores de la U. Andrés Bello, estudió más de 1.800 individuos de 24 especies diferentes entre la Región de Valparaíso y la de Aysén. El estudio indica que no todas las especies son igualmente afectadas, siendo algunas más susceptibles -como el sapito de La Parva (Alsodes tumultuosus), la rana chilena (Calyptocephalella gayi) y la ranita de Darwin (Rhinoderma darwinii), todos endémicos y con algún grado de amenaza de extinción- , y que ciertos factores están contribuyendo a la propagación del hongo cada vez más al sur.

“Coincide con la expansión de la rana africana (Xenopus laevis)”, dice Bacigalupe, especie exótica introducida en los 70 para realizar test de embarazo, que escapó de los laboratorios y hoy es plaga. Es el principal factor que facilita la expansión, agrega, pero también influye la riqueza de la región. “La prevalencia del hongo aumenta en zonas con mayor Producto Interno Bruto. Las regiones más ricas, entre las estudiadas, de alguna manera generan mayor alteración del ambiente físico, eso hace que los anfibios estén restringidos a ir a las pocas pozas donde muchas especies confluyen, eso hace que el hongo pueda transmitirse más fácilmente. Lo exacerba la gran sequía de la zona central”, dice, lo que hace que las pozas sean más pequeñas.

“Creemos que la rana africana, junto a otros factores, como el transporte, turismo, acuicultura, han contribuido a la introducción del hongo a Chile y su dispersión”, dice Claudio Soto, director del Centro de Investigación para la Sustentabilidad (CIS) de la U. Andrés Bello, y coautor del estudio.

Sin embargo, la rana sólo está entre las regiones de Coquimbo y el Maule, y el hongo tiene una expansión superior. Ello, explica, porque la gente tiene un rol directo al llevarlo en sus zapatos o ruedas. Por eso son importantes las medidas de bioseguridad al visitar lugares con anfibios.

Así como el estudio detectó que el hongo es más prevalente en ciertas especies, no implica que todas tengan la enfermedad, sino que algunas sólo la portan (además de la rana africana), como el sapito de cuatro ojos (Pleurodema thaul) o la rana chilena, a las que hay que vigilar, dice Bacigalupe.

¿Por qué no contraen el hongo? Soto dice que existen cuatro mecanismos que explican su resistencia: la respuesta inmunitaria o el mayor contacto con el hongo, que las hizo capaces de adaptarse; las defensas en la superficie de la piel, algunas especies de ranas poseen sustancias que eliminan con eficacia al hongo (polipéptidos y anticuerpos); su comportamiento, como el hongo posee una etapa de vida libre en el agua, las especies acuáticas tienen más posibilidades de infectarse; y el ambiente. “El hongo no sobrevive bien ni se reproduce en ambientes muy fríos, por ello, las ranas de altas latitudes no deberían sufrir las consecuencias fatales del hongo quítrido”, dice. Aunque el cambio climático ya está alterando la temperatura más al sur.

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