Por César BarrosArtés, Jadue, Orbán y Bannon

El entrañable profesor Artés junto al no tan querible Daniel Jadue, estuvieron en un conversatorio frente a los alumnos de la Universidad Diego Portales. Y sus declaraciones y afirmaciones sorprendieron a los que los escuchaban, y después a quienes leímos sobre sus dichos.
El profesor afirmó que la dictadura teocrática de Irán es una democracia; Jadue señaló lo mismo sobre Cuba y que su “turismo revolucionario” lo había llevado a Teherán, Corea del Norte y Albania. Todo a mucho orgullo. A los estudiantes les dijo que eran una elite incapaz de entender el sufrimiento de las clases populares, y que la universidad era un espacio políticamente inútil. Finalmente, ambos declararon su devoción por Marx y Lenin. Esto dicho en público suena escandaloso, pero cómo será en privado; cómo serían sus sueños si tuvieran el poder que no tienen. Así es la izquierda en su versión más extrema, más pura y más dura.
En la derecha -incluso en sus versiones más duras- nadie se atreve a tanto en público. Si lo suelen hacer, es en privado, y algunos idiotas en sus RRSS. Pero no es un misterio que algunos círculos de derecha tienen en sus closets -pugnando por salir- una esvástica y una sotana preconciliar. Admiradores -por ignorancia- de Orbán, de Bukele, y de Steve Bannon, el ideólogo del movimiento MAGA, personajes que desconfían del comercio libre, del multilateralismo, que no quieren inmigración legal ni ilegal y que creen que Occidente y su liberalismo han caído en la decadencia moral más absoluta.
Orbán predica la “democracia iliberal”, con fuerte control sobre los contrapesos democráticos, como el Parlamento y los medios. Steve Bannon va aún más lejos: reelección de Trump el 2028 para terminar el trabajo ya hecho; tomar el control de las instituciones y “purgarlas”. Ser considerado un supremasista blanco, sería para él una insignia de honor. Atacar, y atacar ahora, sin pausa, con un lenguaje maximalista que asuste a los enemigos políticos y nunca perder el sentido de emergencia. Según Bannon, Trump es un instrumento de la voluntad divina y es el equivalente mundial de Moisés. Y celebra los futuros triunfos de Nigel Farage, Le Pen y la AfD, a quienes considera compañeros de viaje. Y si lo dudan, vean su entrevista en The Economist.
Como parte de la “derechita cobarde”, no le temo al profesor Artés ni a Daniel Jadue. Chile les dijo no un 4 de septiembre a versiones harto más diluidas y tímidas, y el mundo los dejó atrás sin vuelta, en noviembre de 1989. Pero sí le temo a una derecha al estilo MAGA, Orbán o Bukele, porque están avanzando en el mundo. Están perdiendo la vergüenza de decir en público sus verdaderas intenciones, tal como las expresa Steve Bannon con tanta claridad respecto de las instituciones. Es lo que hicieron Chávez, Hitler y Mussolini en su momento, y supieron ser -por un buen tiempo- sumamente populares, accediendo a la voluntad temporal de sus pueblos, a los que terminaron arruinando. Pero en Occidente están volviendo al ataque, y no con poco éxito. Y en “el patio trasero” con sus desigualdades, su crimen organizado y su pobreza, puede ser un campo fértil para soluciones al estilo Bukele, Orbán y Bannon.
Por César Barros, economista
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