Bajo crecimiento

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Foto: La Tercera/Archivo



La capacidad de crecimiento de Chile ha caído de manera sustancial. Las actas del Comité del PIB tendencial sugieren que esto comenzó hace… 20 años. El crecimiento per cápita entonces era del 4,5% en promedio. Hoy se espera que sea de un 1,5% los próximos 5 años.

El gobierno pensó que por el hecho de llegar al poder habría mejores condiciones de crecimiento. Luego de alcanzar un máximo de 6,2% en mayo de este año, el Imacec y las expectativas empresariales (IMCE) muestran una persistente desaceleración. Según el Banco Central, en los últimos tres meses, las expectativas de crecimiento para 2019 y 2020 caen. En parte es por el sector minero, cuyo crecimiento es negativo hace tres meses (está cerca de entrar en recesión técnica); mientras que la economía no minera está un poco mejor: se desacelera este año y se espera que se estabilice a tasas algo menores en los próximos dos años.

La economía internacional puede explicar una parte de esta caída en el crecimiento, pero el efecto es pequeño. Hace un año, China crecía al 6,9%; hoy, al 6,5%. Estados Unidos, por su parte, crecía al 2,1% en 2017; hoy, al 3%. Mientras que la zona Euro y Japón básicamente crecen igual.

Los actuales ministros del área económica, hace un año se preguntaban "¿cuánto de la desaceleración es explicada por razones internas y cuánto por motivos externos?". Y su respuesta era: "todo es interno". Por cierto, vemos que las razones internas persisten, pero no son las que ellos señalaban, porque el crecimiento actual comenzó su aceleración en el segundo trimestre de 2017, cuando no había expectativa clara que ganara Piñera. Entonces, ¿qué está haciendo mal el gobierno? La respuesta no es obvia.

Con incertidumbre respecto del crecimiento de largo plazo y un estrecho escenario fiscal, el gobierno debe ser muy claro cómo financiará sus políticas sociales. ¿De dónde saldrán los US$ 3.700 millones que en régimen necesita la reforma previsional, más los US$ 800 millones que cuesta la integración tributaria?

Sería una muy mala señal tomar medidas puntuales que permitan crecer un poco más hoy y dejar un mejor registro fiscal, pero que el problema lo asuman otros. Algunas señales van en ese sentido, como el incentivo a la inversión que contempla la reforma tributaria, que se aplica sólo los primeros dos años (la Comisión Corbo de 2010 modificó la regla fiscal en cómo tratar los estímulos transitorios), y el incremento en las cotizaciones, que sube al doble para los próximos gobiernos.

El problema es que el crecimiento tendencial es muy bajo. Las políticas actuales no tienen la densidad suficiente para revertir esto. Las 100 medidas para el Desarrollo Integral importan, porque muestran que hay 100 temas en los cuales es posible acordar cosas. Pero no bastan. El gobierno debe explicar cómo sus políticas acelerarán el crecimiento de largo plazo. Un mejor ambiente para la inversión es condición necesaria, pero no suficiente.

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