Por Javier SajuriaBrexit: una década de autogoles

Hace un poco más de 10 años, el electorado del Reino Unido dio una sorpresa y votó por salirse de la Unión Europea. Eso dio inicio al proceso del Brexit, uno de los más grandes daños que se ha autoinfligido este país durante su historia. Una década después del referéndum, una mayoría se alza en acuerdo a recuperar los vínculos con Europa, incluso con volver a integrarse a la UE, pero el camino es aún más pedregoso del que se usó para salirse. Pero quizás lo más interesante es cómo el daño que ha producido el Brexit en el Reino Unido ha logrado desinflar al movimiento euroescéptico en otros países, lo que sumado a la guerra de Ucrania y la hostilidad de Trump, ha cambiado los equilibrios políticos del bloque.
Lo primero es constatar que hay un cambio dentro del electorado británico sobre el Brexit. Hoy en día, una mayoría está de acuerdo con la idea de que fue una mala decisión, mientras que un porcentaje similar buscaría acercarse más a la UE, incluso volver al bloque. Sin embargo, esto se explica más por cambios demográficos que por un verdadero arrepentimiento de quienes estaban convencidos del Brexit hace 10 años atrás. Así, la mayoría de las encuestas muestran que quienes eran los votantes más duros a favor del Brexit lo siguen siendo, sólo que no están felices con la forma en que la renuncia a la UE se ha implementado. No es claro si estas personas cambiarían de opinión si es que se presenta otra oportunidad. En cambio, en la medida en que el electorado británico se vuelve más joven, la proporción de quienes quieren volver a la UE aumenta. Esto se suma a los anuncios del gobierno británico de reimplementar una serie de acuerdos de movilidad para jóvenes, incluido el programa Erasmus.
Estos cambios de opinión no son sólo un reflejo de preferencias individuales, sino de que la realización del Brexit ha generado un daño casi irreparable en la economía británica. A pesar de que los sucesivos gobiernos han logrado reemplazar un número importante de tratados de libre comercio que fueron perdidos con el Brexit, la confianza y la importancia de la economía británica en el mundo ha disminuido. Hoy, el Reino Unido fue una de las economías a las que más les costó recuperar los niveles de crecimiento pre-pandemia, mientras que un reciente estudio académico mostró que el costo ascendía hasta un 8% del PIB nacional. Todo esto fue advertido por los expertos, pero ignorado por los proponentes del Brexit.
El otro efecto importante ha sido en la eurozona. A los pocos meses del Brexit, los movimientos euroescépticos, usualmente relacionados con sectores de ultraderecha y ultraizquierda, empezaban a proponer sus propias retiradas de la Unión Europea. Se llegó a hablar de Frexit (Francia), o de movimientos similares en Italia y Grecia. Esto fue bienvenido por Rusia, que ve como un objetivo la debilidad del proyecto europeo y la OTAN. Sin embargo, con el paso de los años, los movimientos euroescépticos se han vuelto cada vez más cautos. Por un lado, ven el ejemplo del Brexit como un fracaso en la opinión pública, en la que se ha afirmado la idea de un apoyo a la UE. Eso ha sido alimentado por los continuos ataques de Rusia a esta. Esta reducción del atractivo del euroescepticismo no ha significado una merma electoral para la ultraderecha, sino que una adaptación de sus estrategias. Con todo, el Brexit se ha convertido en uno de los daños autoinfligidos mejor reportados en la historia reciente, uno del que han aprendido hasta sus mismos proponentes.
Por Javier Sajuria, profesor de ciencia Política , Queen Mary University
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