Paula

Cosiendo en comunidad

Lo que nació como una respuesta al creciente interés de las vecinas por aprender costura se transformó en el Laboratorio Textil de Independencia, un cowork comunitario que pone a disposición máquinas de coser, herramientas y materiales para realizar talleres, impulsar emprendimientos y fomentar el encuentro entre quienes comparten el oficio textil.

A pasos del corazón del Barrio de las Telas en Independencia, un pequeño taller comunitario reúne a diez mujeres que, pese al frío de la mañana, llegaron con las ganas de seguir aprendiendo cómo darle una segunda oportunidad a sus prendas. Sentadas alrededor de una mesa, las asistentes observan con atención y admiración a Dámari Rijo, la tallerista que dirige la séptima y penúltima clase de un ciclo de reparación textil.

Las máquinas de coser descansan en silencio mientras todas siguen el movimiento de sus manos. Con una aguja e hilos cuidadosamente escogidos, Dámari trabaja sobre un chaleco que parecía haber cumplido con su vida útil, sin embargo, el agujero desaparece poco a poco entre las fibras.

“Parece magia”, comenta una de las participantes, inclinándose para ver más de cerca. Las demás asienten, algunas fotografían el proceso con sus teléfonos, otras no quitan la vista de las manos de Dámari para no perderse ni un paso del proceso. No se escucha más que las explicaciones pausadas de la tallerista.

El espacio es luminoso y acogedor. Diez máquinas de coser se alinean sobre mesas de trabajo, al fondo un gran estante acoge todo tipo de materiales como hilos, lanas, tijeras y agujas. Desde el techo cuelgan banderines confeccionados por las propias usuarias, pequeñas piezas de colores que dan vida y alegría al espacio de trabajo que se ha convertido en un punto de encuentro donde las vecinas no solo aprenden técnicas textiles, sino que también conversan, intercambian ideas y encuentran un momento para ellas mismas.

Para muchas, el Laboratorio Textil se ha convertido en un refugio. Un lugar donde reparar una prenda es también una excusa para encontrarse con otras personas, compartir conocimientos y recuperar oficios que parecían quedar relegados a generaciones anteriores. “Lo amo”, dice Victoria Lamas, una de las más fieles participantes de los talleres impartidos por la Corporación de Desarrollo Social de la Municipalidad de Independencia.

No es casualidad que este espacio haya nacido precisamente en Independencia. La comuna alberga el tradicional Barrio de las Telas, un sector reconocido por décadas como punto de encuentro para quienes buscan géneros, cierres, botones y todo tipo de materiales para la confección. La relación de sus habitantes con la costura forma parte de la identidad del territorio.

Un espacio de encuentro para vecinas y vecinos

Todo comenzó con un ciclo de actividades organizado por la Corporación de Desarrollo Social de la Municipalidad de Independencia. Se trató de una serie de talleres de costura llamada Textil Circular, de la que Victoria formó parte desde el primer momento.

Su vínculo con la costura era prácticamente inexistente. “Tenía una máquina de coser en la casa que era de mi madre, pero yo nunca jamás en mi vida la tomé, no sabía ni coser a mano porque todo lo hacía ella”, cuenta. Sin embargo, ese recuerdo la motivó a inscribirse y atreverse a aprender algo nuevo.

“Había un interés por las vecinas de la comuna de Independencia de tener clases de costura inicial”, relata Melissa Ferreira, actual coordinadora del Laboratorio Textil. Lo que no esperaban era la magnitud de la respuesta: más de 400 personas solicitaron participar. “Queríamos acoger a todos y a todas, pero claramente no daba abasto para eso. Entonces, desde ahí se identificó el potencial que tenía a levantar una infraestructura que pudiese acoger ese interés y que no fuese solo para aprender a coser, sino que darle un espacio de encuentro para las vecinas que querían, por ejemplo, venir a conversar y a coser, pero también que necesitaban un espacio con infraestructura y máquinas para poder trabajar en sus emprendimientos”, añade.

A partir de esa experiencia nació el Laboratorio Textil, un espacio colaborativo que pone a disposición de la comunidad máquinas de coser, herramientas y materiales para desarrollar talleres, aprender nuevas técnicas o avanzar en proyectos propios. Además de las clases abiertas, las vecinas y vecinos pueden arrendar módulos de trabajo y utilizar la infraestructura para emprender, reparar o crear.

Gracias a una alianza con la marca Brother, el laboratorio cuenta con diez máquinas de coser disponibles para quienes utilizan el espacio. Pero más allá de la infraestructura, uno de sus principales objetivos es fomentar el encuentro entre las personas de la comuna. “Nos importa mucho que se genere este tejido social y que personas que son muy distintas puedan encontrar un espacio común”, señala Bárbara Izcue, encargada de Vinculación con el Medio de la Corporación de Desarrollo Social.

“Ese es el espíritu de los cowork, en el fondo, levantar espacios de encuentro con un sentido de mediación, poniendo esas semillas que exploten, por ejemplo, la creatividad o la confianza de las vecinas, y naturalmente eso va a fortalecer el tejido social y el sentido de pertenencia también”, explica Melissa.

Victoria reconoce que ese ambiente es precisamente uno de los aspectos que más valora del lugar. “Es maravilloso porque uno comparte, nos tomamos nuestro cafecito, nuestras galletitas y es muy colaborativo y cálido, que es una cosa que yo busco también en instancias como esta, que haya calidad y calor humano”.

Segundas oportunidades en un mundo de fast fashion

El Laboratorio Textil también busca abrir un espacio donde las prendas tengan una segunda oportunidad. En un contexto marcado por el auge de la moda rápida y el consumo desechable, aquí la idea es reparar antes que reemplazar y transformar antes que botar. Un cierre dañado, un agujero o una basta descosida dejan de ser el final de una prenda para convertirse en el punto de partida de un nuevo aprendizaje.

Victoria es un ejemplo de ese enfoque, pues gracias a los talleres aprendió a reparar su propia ropa y modificó sus hábitos de consumo. “Yo voy por el lado de recuperar prendas y no adquirir nuevas, y poder darle una vida nueva a las que ya tengo y que se pueden reparar. De hecho, yo no me compro ropa hace como dos años”, cuenta.

Ese cambio individual es precisamente lo que el laboratorio busca multiplicar. “Nosotros queremos transmitir a las vecinas que ellas son parte de un ecosistema textil circular, y estar reparando, por ejemplo, una prenda de vestir o estarle haciendo la basta al pantalón de su vecina, están contribuyendo a eso”, explica Melissa.

Pero el Laboratorio Textil no solo busca extender la vida útil de la ropa, también se ha convertido en un espacio de apoyo para quienes viven de la costura y necesitan un lugar donde seguir trabajando.

Es el caso de Juana Morandé, quien define el laboratorio como “un salvavidas”. Se dedica a confeccionar piezas textiles para hospitales y bebés, pero el uso constante terminó por averiar su máquina de coser. Intentó repararla sin éxito, pero cuando supo de la existencia del laboratorio, encontró la solución. Hoy utiliza las máquinas del espacio para continuar con su emprendimiento y, de paso, seguir aprendiendo. “Me ha servido mucho, y uno también va obteniendo conocimientos acá, esto es un buen espacio, hay muchas cosas que acá corregí de lo que estaba haciendo”, relata.

Cuando Dámari termina su explicación, las participantes se enfocan en sus proyectos para replicar lo aprendido. Algunas intercambian consejos y se prestan ayuda mientras comparten los últimos sorbos de café. Afuera sigue haciendo frío, pero dentro del Laboratorio Textil permanece esa sensación de abrigo que no entregan las lanas ni los géneros, sino el encuentro entre personas que descubrieron que reparar una prenda también puede ser una forma de construir comunidad.

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Quienes quieran ser parte de este espacio pueden conocer la programación de talleres a través del Instagram @independenciaciudadana, donde periódicamente se anuncian nuevas convocatorias. Además, próximamente las vecinas y vecinos que cuenten con la Tarjeta Vecinal de Independencia podrán acceder a un convenio que entregará beneficios para el arriendo de los módulos de trabajo, facilitando que más personas puedan desarrollar sus proyectos y emprendimientos en este oasis textil, a pasos del histórico Barrio de las Telas.

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