Columna de César Barros: Para reír y también llorar

Crisis en Cancillería: la molestia de Fuentes y su áspero cara a cara con Urrejola tras filtración


La mayor sorpresa de la “obra de teatro” dirigida por la canciller es conocer cómo se toman las decisiones en el Estado chileno. Cómo se planifica -a garabato limpio- una emboscada a un embajador del país vecino más complicado que tenemos (el año 78 casi nos declara la guerra). Cómo, sin más, “los acuerdos se pueden dejar caer”. Cómo en lo de “la Plataforma”, que sí es muy importante, “ellos quedaron como unos imbéciles”; pero da lo mismo, es un tema de Allamand, no de la Cancillería. Que lo de Dominga era más sagrado que cualquier cosa; “fue una promesa de campaña”, al parecer más importante que terminar con la desigualdad, la lucha contra la pobreza, y la larga lista de promesas electorales que no ha hecho solo este Presidente, sino todos los candidatos del mundo, y que si se cumplieran todas, estaríamos en el Paraíso.

El que la grabación fuera inconsulta, que si es o no delito, no es lo crucial. Lo que ahora sabemos, es cómo se maniobra contra los adversarios. Cómo usan a la prensa quienes después la culpan de su derrota monstruosa del 4/9. Cómo actúan, cómo complotan, cuando alguien o algo se les cruza por delante o simplemente les molesta. Porque de verdad, criticar la decisión ministerial sobre el caso Dominga no es pecado, ni siquiera una interferencia mayor en temas domésticos, mayor fue la del Presidente criticando al gobierno peruano en la cumbre de la Celac. El proyecto Dominga va a salir adelante igual; puede que no en este gobierno, pero tres años no son nada, y Chile necesita puertos y exportar. Tampoco era “algo tan delicado”. El rechazo de los ministros al proyecto era más previsible que los indultos a malhechores que se habían otorgado hace solo días. Todos lo daban por hecho. Y esta es la parte seria de la obra de teatro: maquiavelismo ordinario, audaz y ofensivo.

Pero el diálogo tiene algo de la comicidad de “La manivela”, de don Pío o de Les Luthiers. ¿Lo destapamos en el avión? Hay que avisarle a la Bárbara y a la Camila (¿qué habrán pensado las pobres -Camila y Bárbara- cuando les contaron?).

Como que van encadenando descriterio tras descriterio, preguntas y respuestas alocadas. Marcos Mundstock -líder de Les Luthiers- los habría parado para decirles: “bueno, han estado divagando largamente fuera del tiesto”. Los asesores de la ministra parecen una mala mezcla de Espinita (Jorge Pedreros) con Canitrot (Fernando Alarcón). Y la ministra, algo así como don Pío. O también más de alguna similitud con los diálogos entre la Vicki y la Gabi.

¿Siempre hablarán así de los que les caen mal (la Ximena, el senador Quintana, Allamand, etc.)? ¿Serán todas las reuniones a garabato limpio?

Ahora, por supuesto, se cortó el hilo por lo más delgado, se cerró la página y las relaciones con Argentina “pasan por su mejor momento”. Que hayan quedado como unos imbéciles, que les hayan tratado de fregar la Celac, que su embajador sea loco, que se cura en las comidas, que le armen una emboscada, y que se chingue el puerto para sacar su litio, todo ahora da lo mismo: “las relaciones están en su mejor momento”, y es hora de dar vuelta la página, y no sacarle dividendos políticos a una nimiedad.

Por César Barros, economista

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