Columna de Daniela Lagos: Landscapers: criminales peculiares

Landscapers se la juega por una propuesta distinta, desde su estilo de dirección con varias pausas con escenas de ensoñación, cambios de ritmo e incluso de colorido; hasta el desarrollo de sus personajes.



A inicios de la década del 2010, Susan y Christopher Edwards llevaban una vida tranquila en la ciudad francesa de Lille. Habían dejado Inglaterra sin llamar la atención de nadie. No eran buscados, probablemente ni siquiera muy recordados, pero cuando sus problemas económicos se volvieron insostenibles, un solo llamado los llevó a lo alto de la lista de los más buscados.

Christopher le confesó por teléfono a su madrastra que en el patio de su antigua casa en Nottinghamshire estaban enterrados hace 15 años los padres de su esposa. Le pidió que no le dijera a la policía, lo que la mujer sí hizo, iniciando así la investigación de un crimen que nadie sabía que se había cometido.

Esa es la base de una historia real ocurrida en Inglaterra, y que ahora inspira la miniserie Landscapers, estrenada en HBO Max, en un momento en que las producciones de crímenes reales viven un boom que no parece decaer, con nuevos títulos apareciendo cada mes en distintas plataformas, lo que vuelve una tarea difícil el hecho de destacar y marcar ciertas diferencias.

En ese contexto, Landscapers se la juega por una propuesta distinta, desde su estilo de dirección con varias pausas con escenas de ensoñación, cambios de ritmo e incluso de colorido; hasta el desarrollo de sus personajes.

David Thewlis (Remus Lupin en la saga Harry Potter y Varga en la tercera temporada de Fargo) y la brillante Olivia Colman (La favorita, The crown) son los actores a cargo de los roles principales y son también uno de los triunfos de esta serie. Christopher y Susan Edwards son personajes particulares, excéntricos, que a ratos llegan a dar lástima, porque parecen ser tan inocentes y desvalidos, hasta que recuerdan los cadáveres en el patio y se empieza a conocer más sobre sus últimos 15 años.

Y casi como para equiparar el campo -o hacer más entretenida la serie-, al otro lado de la mesa, por el lado de los detectives a cargo de la investigación, también hay personalidades singulares, intercambios absurdos y momentos ridículos, en un estilo de narración y personajes que hace recordar a Fargo, en su mezcla de drama, crimen y comedia irracional.

A diferencia de otros casos de crímenes reales, el de los Edwards no es de los conocidos y recordados por todos y eso da una posibilidad a los productores de tomarse libertades que en este caso funcionan, creando un producto diferente y satisfactorio, que sobre los hombros de dos actores de talento incuestionable nos presenta un true crime particular, en el mejor sentido de la palabra.

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