Columna de Patricio Manque: La universidad del futuro

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“La expansión del sistema educativo dejó de ser la primera prioridad política”, según el reciente Informe Regional de la Unesco, en su monitoreo del ODS 4 para la Educación 2030. Hoy, el foco estaría puesto, según el informe, en el aumento de la calidad y de la excelencia de la educación, la promoción de estudios de postgrado, la búsqueda de una mayor equidad en el financiamiento educacional y en el fortalecimiento de la investigación y la innovación.

Esta declaración se suma a la robusta evidencia acumulada que permite soslayar que el sistema de educación superior en Chile, tal como lo conocemos hoy, estaría cayendo en la obsolescencia. Las mallas curriculares rígidas, pesadas, centradas en el conocimiento disciplinar y ancladas en la especificidad profesionalizante, estarían superadas según las tendencias observadas en los países desarrollados.

En un mundo incierto y cambiante, con abrumadores niveles de información disponible, las universidades nos vemos desafiadas, como nunca antes, a entregar conocimientos y habilidades que hasta ahora no estaban en el centro del modelo educativo. En este nuevo escenario ya no basta con generar y transferir conocimiento; debemos ser formadores de profesionales con mirada amplia, interdisciplinaria e integrada; de ciudadanos globales vinculados con las necesidades y soluciones locales. Estudiantes que desarrollen su capacidad crítica y analítica y que se vean enfrentados una y otra vez al ejercicio de aplicar el sentido común y el discernimiento. Jóvenes capaces de hacerse preguntas, buenas preguntas, con mentes abiertas, inquietas y curiosas, que estén habituados al trabajo colaborativo, a aplicar la creatividad en la resolución de problemas tangibles y familiarizados con la superación de obstáculos como escuela de aprendizaje, crecimiento y superación.

Por esto, actualizar los modelos educativos de nuestra educación superior es un deber ético, un compromiso profundo con la calidad de la formación. Es la salida deseable para dar una respuesta atingente, oportuna y pertinente, en forma y fondo, al cambio profundo y real que vive Chile y el mundo.

Significa hacernos parte de una transición evidente que avanza hacia un modelo educativo más activo y responsable, marcado por la flexibilización del aprendizaje, el uso de nuevas herramientas y formas de enseñar. Un sistema con metodologías que fomente la amplitud de mirada, la autonomía, la resiliencia y la práctica de competencias transversales y efectivas para la vida, como la habilidad comunicativa, oral y escrita, el trabajo entre pares, la capacidad de persuasión, la creatividad para la resolución de problemas complejos, el liderazgo y el compromiso ético para enfrentar todo tipo de situaciones.

La universidad, además de generar y transferir conocimientos y estar al servicio del país, tiene la responsabilidad primera de formar a los profesionales del futuro que Chile necesita. Y esta verdad inclaudicable exige que reflexionemos y nos adaptemos, para ser finalmente esa posibilidad real de cambio, de movilidad social, de transformación y de propósito, para los miles de jóvenes que confían en nosotros como camino para alcanzar sus sueños y retribuir al país.

Por Patricio Manque, rector Universidad Mayor

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