Construir un Chile posneoliberal

El Partido Socialista se encuentra en un momento en que está en juego su proyecto e identidad. No es la primera vez que esto ocurre. Algo parecido enfrentó en los años 40 del siglo pasado en uno de sus momentos de mayor debilidad política y electoral, dando paso al magnífico Programa del 47, redactado por Eugenio González; o luego de la derrota de la Unidad Popular, que recibió diversas interpretaciones y llevó eventualmente a una "renovación socialista", en un proceso cuyo balance histórico está todavía pendiente.
Hoy se agota el largo ciclo transicional, caracterizado por una política elitista y dominado por la hegemonía del modelo neoliberal. Desde 2011 hemos podido observar distintas expresiones de críticas y contestación social a ese ciclo. Junto con ello las ciudadanas y los ciudadanos exigen reconocimiento de sus diferentes identidades y autonomía para decidir sus vidas. Correlativamente, el esquema de alianzas que dominó la transición ha entrado en crisis y han surgido nuevos actores políticos. Solo si el Partido Socialista interpreta correctamente este momento podrá aspirar a mantener su vigencia como fuerza de transformación social.
¿Cuál es la definición principal del Partido Socialista en esta nueva etapa? Lo esencial es un proyecto político, definido por la superación del orden neoliberal. Este no es un desafío pequeño. Implica imaginar el funcionamiento de la sociedad sobre otros valores, instituciones y mecanismos, y diseñar una estrategia que permita un tránsito racional, gradual y democrático a ese "otro modelo". Se trata no de un programa para uno o dos gobiernos, sino de un proceso histórico complejo e implica una lucha cultural para explicar y persuadir de la superioridad moral y técnica de las soluciones solidarias por sobre las respuestas individualistas que promueve el neoliberalismo.
El Partido Socialista debe además ponerse sin ambigüedad del lado de las luchas y reivindicaciones por la identidad y el reconocimiento. No se trata de "contradicciones secundarias", sino de tareas esenciales. El Partido Socialista debe estar junto a las luchas feministas, de la diversidad y disidencia sexual, de los pueblos originarios, etc.
Todo esto debe llevarnos a repensar nuestras alianzas. Los proyectos definen las alianzas. Un aprendizaje histórico para los socialistas es la necesidad de construir grandes mayorías políticas y sociales. Debe entonces tratarse de una alianza amplia, pero definida por una orientación estratégica común de superación del neoliberalismo.
El Partido Socialista debe fijar la unidad de la izquierda como uno de sus objetivos. Es lo que ha hecho, por lo demás, desde su fundación: desde el Block de Izquierda (1934) hasta el MDP e Izquierda Unida durante la dictadura, pasando por el FRAP y la UP, el Partido Socialista siempre ha tenido una clara vocación de unidad de la izquierda. Radicado claramente en una izquierda, el Socialismo podrá plantearse la construcción de una alianza más amplia.
Ha emergido un Chile nuevo que es necesario interpretar y representar. Eso implica también entender los nuevos tiempos y las emergentes subjetividades sociales. Para eso necesitaremos un cambio profundo en nuestras formas de organización y de relación con la sociedad. Renovar las prácticas y someterse rigurosamente a los estándares de transparencia, probidad, ética y austeridad que los ciudadanos exigen es hoy una condición de subsistencia de cualquier partido, y especialmente del Partido Socialista.
Ninguna de las tareas enunciadas será fácil. Pero hemos visto lo que ha ocurrido con partidos análogos al Socialista que en otros países no estuvieron a la altura del momento: han terminado marginalizados, fraccionados, desacreditados. De las decisiones que tome el Partido Socialista en lo que viene dependerá si seguirá esa misma suerte o si podrá hacer una contribución decisiva a la unidad de la izquierda y la construcción de un Chile posneoliberal.
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