Economía y peste

La caída de Lehman Brothers, en 2008, marcó el inicio de la crisis económica mundial.


El coronavirus es una situación inédita para la actual generación. No hay registros recientes de una pandemia equivalente a escala mundial. Las grandes pestes de la historia, como la gripe española de 1918, ocurrieron en contextos menos proclives al contagio global. Se especula que el “paciente cero” del coronavirus fue detectado en Hubei, China, a mediados de noviembre pasado. Cuatro meses después, la pandemia se extiende a lo largo y ancho de todos los continentes habitados.

Como no hay casos equivalentes en la era moderna, es difícil proyectar las implicancias económicas que tendrá esta pandemia. Por ahora, solo el Fondo Monetario Internacional se ha atrevido a decir algo al respecto: la recesión mundial sería, en el mejor de los casos, equivalente a la de la crisis subprime de 2008, la que exhibió una desaceleración de casi seis puntos porcentuales en 2009. Pero el FMI también señaló que la recuperación posterior a la crisis del coronavirus sería más rápida. Cabe recordar que el impacto en Chile de esa crisis fue suave. La economía chilena tenía pocas vulnerabilidades y, además, se colgó del rápido crecimiento de China. En la actualidad, esa no será la situación. Nuestra economía no está bien, y el crecimiento de China será mucho más bajo. En síntesis, la recesión mundial sería muy significativa, pero con una recuperación rápida, simulando la forma de la letra “v”.

La economía chilena no escapará a la recesión mundial. Como en otros países, el coronavirus está afectando seriamente actividades como el comercio, el turismo, el transporte y las actividades productivas intensivas en mano de obra, entre otras. También se sentirá el impacto de la recesión internacional. Pero, al igual que el FMI, suponemos que se trata de una situación transitoria. Las pestes tienen un ciclo. Pero el avance del conocimiento, la investigación y las comunicaciones han ido paulatinamente acortando ese ciclo. Como el cólera en 1991 o, más recientemente, la gripe aviar. Aún es temprano para saber, pero la hipótesis más probable es que la virulencia del brote pasará. Presumo que ese es también el supuesto de la proyección del FMI. 

Desde la perspectiva de la economía, se trata de un “shock de oferta”. Y en ese caso es poco lo que la política económica puede hacer. A lo más, la mezcla de políticas podrá distribuir el impacto entre cuánto va a cantidad (recesión y desempleo) y cuánto a precios (inflación, tasas de interés, tipo de cambio y salarios, entre otros). Pero la política económica sí puede introducir paliativos, como es el caso del plan anunciado por el ministro Briones. Es decir, generar una red de protección para los económicamente más vulnerables. La urgencia del momento llama a postergar iniciativas de gastos permanentes como los de la agenda social. La prudencia llama a la transparencia en el costo fiscal involucrado. Y la responsabilidad llama a respetar el carácter transitorio que debe tener ese plan. Ojalá no surjan los creativos que presionen para que las medidas se mantengan más allá del coronavirus.

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