Por Ascanio CavalloEl último símbolo

El gobierno encabezado por Gabriel Boric va terminando, al menos en una dimensión, tal como empezó: poblado de gestos simbólicos. Baja incidencia en la realidad, reducido poder de cambio, mediana o alta satisfacción emocional.
El último suspiro (por ahora) es un gesto de solidaridad con Cuba, algo que no parece habérsele ocurrido al gobierno, sino más bien al Partido Comunista que, no sin razón, se queja de que un gobierno donde él participa no muestra sensibilidad por sus causas. El abogado Hugo Gutiérrez declaró hace unos días que “no puede estar en este partido quien diga que Cuba no es una democracia”, lo que forma parte de la disciplina clásica de los comunistas locales, pero esa afirmación no alcanza para decir que toda la coalición que gobernó con Boric debe opinar lo mismo. Sí alcanza, en cambio, para pedirle al gobierno “un gesto” que signifique que la interpretación del PC vale algo dentro de este gobierno y esta coalición. Sería preciso un debate político más profundo para esclarecer este punto, pero eso no va a suceder.
Contra lo que parece, el gesto era un asunto difícil. La mayor necesidad de Cuba es energía eléctrica, un producto que no se puede enviar por avión ni por barco. La solución pergeñada por la Cancillería fue echar mano de un fondo desde el cual despachará un millón de dólares. No se sabe cuánta será la satisfacción emocional, ni si será la única.
La situación de Cuba es desesperada. Según datos de la Unión Eléctrica, dependiente del Ministerio de Energía y Minas, siete de las 16 unidades termoeléctricas que producen la electricidad de Cuba están con averías o en mantenimiento, lo que significa que las restantes pueden abastecer alrededor de un 40% de las necesidades de toda la isla. La UNE procura distribuir los cortes de energía para evitar un apagón general caótico, con lo que algunas zonas soportan cortes de 12 horas o más.
La situación de la electricidad refleja el estado general de la economía cubana. Cuba ha llegado a ser uno de los países más dependientes del planeta. Después de vivir durante tres décadas del subsidio soviético, pasó a depender del subsidio del petróleo venezolano, mientras su propia infraestructura se arruinaba. A pesar de sus ilimitados recursos de viento y sol, las instalaciones eólicas y fotovoltaicas no alcanzan al 5% de su matriz energética.
Ningún dirigente cubano podría decir que ignoraba que esta fue siempre la vulnerabilidad crítica de la isla. Estos dirigentes tuvieron no una, sino dos advertencias acerca de lo urgente que era invertir en energía. No preocuparse de ella fue, llanamente, una decisión del castrismo, alineada con otras decisiones que torcían la espina vertebral de la supervivencia de la isla. La escasez endémica de muchos productos que vive Cuba es la misma que se vivía en la Unión Soviética, especialmente en la fase final de su existencia.
El despliegue militar de Donald Trump en el Caribe ha hecho que el bloqueo sobre Cuba sea ahora real y asfixiante. Pero después de casi 70 años de atribuir al bloqueo estadounidense todos los males del país, no hay cómo explicar que el actual bloqueo es de verdad, mientras que el anterior no lo era.
No es sólo que el petróleo de Venezuela no pueda llegar a aliviar la asfixia energética de Cuba. Tampoco puede llegar el de Rusia, porque Trump también ha estado cercando a la “flota oscura” de Putin, creada para burlar el embargo impuesto por Europa y Estados Unidos tras la invasión de Ucrania. No se ve razón ideológica para que el castrismo busque refugio en un régimen como el de Putin; ese análisis tampoco va a suceder.
Esta semana, el alto comisionado para los Derechos Humanos de la ONU hizo ver que la falta de energía afecta la disponibilidad de servicios esenciales -algo asaz obvio- y llamó al gobierno de Donald Trump a levantar las medidas de aislamiento. Y eso será, probablemente, todo lo que pueda hacer la ONU, como ya lo han ilustrado los casos de Sudán, Gaza, Ucrania et al.
En las redes digitales cubanas abundan las denuncias acerca del abastecimiento eléctrico del que disfrutan las viviendas de los jerarcas del régimen, así como de Varadero y otros sitios turísticos. Aunque esto fuese completamente cierto, también lo es que esa energía no alcanzaría para cubrir casi nada de las necesidades de la isla. Según estimaciones independientes, la reparación del sistema eléctrico requeriría, como mínimo, unos ocho mil millones de dólares. Cuba está al borde de un colapso.
Y, por lo tanto, hay buenas razones para tratar de aliviar el sufrimiento del pueblo cubano, sometido por tantos años a una ordalía de humillaciones. El “gesto” que pide el Partido Comunista chileno no es un despropósito, excepto por el hecho de que tenga que pedírselo a un gobierno en el que participó… sin nunca simpatizar del todo. El Presidente Boric, que sí opinó alguna vez que Cuba es una dictadura, ha hecho gala de una singular rapidez para atender los requerimientos del PC, de modo que no podrían los comunistas quejarse de haber sido desatendidos (no es lo que piensa Daniel Jadue, por supuesto). Pero una cosa es acceder y otra, comprender.
COMENTARIOS
Para comentar este artículo debes ser suscriptor.
Lo Último
Lo más leído
Plan digital + LT Beneficios por 3 meses
Comienza el año bien informado y con beneficios para ti ⭐️$3.990/mes SUSCRÍBETE
















