Por Cristián ValdiviesoEntre Washington y Beijing

El mundo cambió. Y la sociedad parece empezar a internalizar lo que eso significa.
La reactivación de la doctrina Monroe por parte de Estados Unidos, la extracción de Maduro, el debilitamiento de los organismos multilaterales y la creciente tensión entre Washington y Beijing no son solo episodios internacionales. Son señales de un sistema geopolítico que se reconfigura.
Una encuesta reciente de Criteria sugiere una paradoja reveladora. Mientras una mayoría sostiene que los conflictos entre países deberían resolverse a través del derecho internacional, una proporción aún mayor cree que la ONU tiene pocas o nulas capacidades para prevenir o regular disputas. La ciudadanía parece confiar cada vez menos en el orden internacional, pero no quiere vivir sin reglas. Algo similar a lo que ocurre con la democracia: la preferimos, pero dudamos de su eficacia.
Más que cinismo, lo que se advierte es realismo. El rechazo a intervenciones extranjeras forzadas sigue siendo mayoritario y no predomina una voluntad de alineamiento automático con Estados Unidos frente a sus acciones unilaterales. Lo que parece haberse debilitado no es la preferencia por las reglas, sino la convicción de que sigan cumpliendo su función.
Si la presión internacional se intensifica y el país se ve crecientemente forzado a optar entre las dos grandes potencias, la ambivalencia social podría volverse más evidente. Hoy una parte prioriza la relación comercial con China, otra el vínculo político con Estados Unidos y un grupo relevante simplemente no opta. Chile sabe que su prosperidad depende en buena medida de China pero que su historia estratégica y militar ha estado vinculada a Estados Unidos. Elegir no es inocuo.
A esa ambivalencia se suma otro dato inquietante. Una mayoría percibe al país vulnerable frente al vacío normativo que dejan las potencias cuando las reglas pierden fuerza. Hay conciencia de que el mundo se vuelve más áspero y temor a quedar expuestos en él.
En ese contexto, el próximo gobierno no solo enfrentará la presión externa de un Estados Unidos que vuelve a delimitar su zona de influencia, sino también una opinión pública que desconfía tanto de la ingenuidad multilateral como del alineamiento ideológico.
Kast asumirá en un país menos iluso respecto del sistema internacional, pero que tampoco parece dispuesto a resignarse a la ley del más fuerte ni a sacrificar oportunidades comerciales por gestos simbólicos. La encuesta refleja esa tensión persistente: menor confianza en la capacidad del multilateralismo y, al mismo tiempo, conciencia del costo que para Chile tendría su desaparición.
Administrar esa ambivalencia será una tarea central. Porque en un escenario de rivalidad creciente entre grandes potencias, cualquier alineamiento -real o retórico- podría tener un costo interno. Más que escoger entre Washington o Beijing, el nuevo gobierno deberá demostrar que puede resguardar intereses nacionales en un mundo menos regulado y con la doctrina Monroe respirándole en la nuca.
Por Cristián Valdivieso, director de Criteria
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