Opinión

La casa propia como forma de equidad cualitativa

Las ideas conservadoras y las progresistas han sido fuente de desarrollo o de retroceso en nuestra historia. En el caso conservador, su peor versión es la que ha perseguido la homogeneidad, cuyo sentido de autoridad deviene en autoritarismo, y confunde lo convencional con lo natural. El conservador virtuoso, en cambio, preserva valores que han fundamentado el desarrollo de la sociedad, entre ellos la familia y la responsabilidad individual. También la propiedad, un valor que el mejor progresismo acogió entendiendo que no se trata de un concepto económico estrecho. No es una fuente de inequidad, sino lo contrario, ya que su expansión genera equidad cualitativa -la cualidad de ser propietario- que no elimina la desigualdad de ingresos, pero mejora la de estatus y proyecto de vida. Esto es de la máxima importancia. La desigualdad en Chile transita desde aquella en que pocos tenían mucho y muchos tenían poco, hacia otra en que pocos tienen mucho y muchos no tienen nada. Es difícil imaginar un país estable sobre esa base social. Por eso, las políticas que apuntan a aumentar el número de propietarios son también un punto de partida para aliviar la tensión social que significa el decreciente acceso a la casa propia.

La propiedad constituye una base para aspirar a una vida libre e impulsar los proyectos más profundos a los que muchas personas aspiran, como la familia. Esto es especialmente relevante tratándose de la vivienda, un bien que las generaciones más jóvenes hoy miran casi como una mala broma. El gobierno hace bien en priorizar este asunto en su reforma al mercado de capitales, reduciendo las barreras de entrada y facilitando el cumplimiento de las deudas hipotecarias, acercando la posibilidad de lograr la calidad de propietario y conservarla. Este horizonte está dotado de un profundo sentido social. Por ejemplo, ¿cuánto de nuestra crisis demográfica deriva de la incertidumbre de no ser propietarios? La evidencia muestra que en Brasil, el acceso a vivienda vía loterías de crédito hipotecario aumentó la fertilidad hasta en un 33% entre jóvenes de 20-25 años (CEPR, 2025), y en Estados Unidos los arrendatarios posponen la maternidad o paternidad significativamente más que los propietarios (Springer, 2024). En Chile, estudios recientes ya sitúan el costo de la vivienda entre los factores estructurales de la caída en la natalidad (U. Andes, 2026; Min. Hacienda, 2025).

La casa propia y su efecto de equidad cualitativa es también un asunto estratégico para la derecha en cuanto a la sostenibilidad de sus ideas. Una sociedad con anclas en el sistema tenderá a comportarse de manera conservadora ante el riesgo de perder lo ganado. Esto fue, en parte, lo que nos salvó hace cuatro años de transitar hacia un orden constitucional que condicionaba el derecho de propiedad, entre otras cosas. Pero también es importante que el sistema ofrezca esperanza a quienes no son propietarios, que vean esta posibilidad como un habilitador de sus proyectos más trascendentales.

Por Rafael Sousa, socio en ICC Crisis, profesor de la Facultad de Comunicación y Letras UDP.

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