La libertad de prensa y las lecciones del caso Maciel

fernanda-maciel-1
Foto: La Tercera/Archivo


Luego de que el departamento de prensa de 24 Horas pidiera disculpas por la exhibición del informe sicológico de Fernanda Maciel, donde se incluyó contenido del expediente en una gráfica titulada "informe criminológico forense", y la posterior -y justificada- protesta del Colegio de Periodistas sobre aquella cobertura, pareciera haberse cerrado el episodio sobre los límites éticos de la prensa en las rutinas profesionales con componentes de género. 

Pero a la luz de los hechos, y de la recurrente discursividad de nuestra prensa, el conflicto no acaba acá y, peor aún, parece insuficiente exigir una cobertura mediática respetuosa en un brutal crimen hacia una mujer. No se trata de una prensa sexista o, por lo menos, no solo de eso. Hay que ahondar un poco más.

La imagen exhibida no fue generada, como se alega, con intencionalidad "machista" o "patriarcal" dictada desde el meollo de la toma de decisiones editoriales. Es decir, no tuvo una orden verbalizada que obligue al periodista a transgredir los límites de la ética: es más bien un componente periodístico complejo y mixto del que es difícil escapar.

Porque la realidad es un enjambre confuso. Los tratamientos periodísticos muchas veces son producto de la inercia y de una permanente e inconsciente repetición de estereotipos.  Que está, además, constituida por un espectáculo ligado a las clases bajas. El tratamiento hacia Fernanda, como hacia Nabila Rifo en uno de los matinales; o a decenas de mujeres que han sido violentadas y de quienes no se escatima en contextualizar su vida íntima e investigar detalles, dice estrecha relación con su condición de mujeres, pero principalmente de mujeres pobres. Y es ahí donde como periodistas nos damos un permiso desigual.

De la periferia, como diría el francés Pierre Bourdieu, solo se escenifica el tumulto y se exacerba lo dramático, hasta el cansancio.

La espectacularización mediática ligada a la violencia en el caso de Fernanda es una forma de proceder casi mecánica, tendiente a destacar cada elemento de manera grandilocuente. Lo dramático, lo emocional, lo caótico. Donde la triada mujer, pobre y empoderada o independiente, se vuelve una mezcla siniestra que colinda con una explicación al horror experimentado.

Habrá periodistas que argumenten "en la investigación no hay que escatimar porque nadie tiene fuero", ante lo que surge la pregunta  ¿es relevante mostrar la ausencia del cariño paterno a la hora de explicar el crimen de una mujer embarazada? Ese era uno de los aspectos destacados, que tal vez es relevante en el contexto de la desaparición, pero no cuando ya conocemos su final.

La prensa ocupa elementos que no rehúyen de la dramatización con el fin de acrecentar las audiencias, pero, para su desgracia, esta forma no es inocua y reafirma peligrosamente los tópicos Por otro lado, y siempre en el espacio de la teatralidad, surge como grotesco incluso mencionar el recuerdo del programa Informe Especial donde para demostrar la violencia hacia Nabila se le extrajeron los ojos a un animal.

Y es que los medios no se permitirían hacer ese tipo de cobertura con otras mujeres  que  no cumplieran con esa triada, y la culpa es de un discurso que va incluso más allá de cualquier directriz editorial. La cobertura y los hallazgos investigativos dependen de la desprotección en la que se encuentren los ciudadanos. Recordado es el caso del "Tila", sicópata de La Dehesa, cuando sus víctimas, de clase acomodada, el tratamiento periodístico fue en gran parte criterioso.

Es desde ahí donde hay que hacer la deconstrucción, no solamente en la mirada de género y en lo desprolija que pueda ser la cobertura. No dice relación con solo ser mujer u hombre: cuando se escenifican las clases populares los periodistas torpemente navegamos de forma libre y arriesgada. En una navegación exhaustiva, que en otro contexto social, no nos aventuraríamos. 

Comenta

Los comentarios en esta sección son exclusivos para suscriptores. Suscríbete aquí.