Por Francisco Pérez MackennaLa última columna de Francisco Pérez Mackenna: “La virtud de las ideas”

Tener el espacio para aportar al debate público con opiniones, datos o perspectivas diferentes es una oportunidad que satisface profundamente, pues solo desde el diálogo y la apertura a nuevas ideas es posible construir soluciones diferentes para los problemas de siempre.
Por más de 15 años, La Tercera me dio esa oportunidad, que agradezco enormemente. Fueron 180 columnas que plasmaron opiniones y propuestas sobre capital humano, el rol de la empresa, el desarrollo económico, impuestos, la globalización y muchos otros asuntos. Esta, la número 181, es diferente: será mi última publicación y coincide con mi despedida del sector privado.
El debate y la reflexión pública son actividades que deben cultivarse. Sólo mediante la confrontación respetuosa y honesta de ideas es posible robustecer principios, ya sea incorporando nuevas perspectivas o reafirmando las convicciones que sostienen nuestra visión.
Doy gracias a Dios por haber podido cultivar esa premisa, al mismo tiempo de haber forjado una carrera profesional plena, junto a empresarios de gran talento, visión y coraje, de la mano de miles de trabajadores que desarrollaron compañías al servicio de las personas en Chile y el extranjero. Esa experiencia me permitió integrar equipos que generaron empleo y oportunidades de progreso para muchas familias. Y así como fue un orgullo aportar como profesor universitario a la formación de jóvenes, fue enriquecedor colaborar en la formación de profesionales desde la práctica.
Una lección de este largo trayecto, que siempre tengo muy presente, es que negociar no consiste en imponer argumentos, sino en construir alternativas que satisfagan a las partes. Ese ejercicio, sencillo de escribir y complejo de ejecutar, exige escuchar, persuadir, rebatir y, a veces lo más difícil, ceder. Como advertía Keynes, la verdadera dificultad no está en encontrar ideas nuevas, sino en desprenderse de las antiguas.
Con esa convicción y con la certeza que otorga la tradición de excelencia de Chile en la gestión de sus Relaciones Exteriores, sustentada en un cuerpo diplomático del más alto nivel y en políticas de Estado que trascienden diferencias ideológicas, considero un honor haber sido convocado por el Presidente electo de la República para servir al país desde esa dimensión pública. Un reto que asumo con humildad, dispuesto a escuchar y aprender de todas las visiones, en un contexto internacional especialmente desafiante, que nos exige actuar con unidad, responsabilidad, respeto y prudencia, velando siempre por el interés superior de la Patria.
Creo que, junto con representar y defender con responsabilidad los intereses permanentes de Chile en el mundo, resguardar nuestra soberanía y seguridad, promover el libre comercio, las exportaciones, la inversión y la cooperación en favor del bienestar de la sociedad chilena, la política exterior puede ser también un pilar del desarrollo humano, fortaleciendo la formación y el talento de las futuras generaciones.
Llega entonces el minuto de la despedida de esta tribuna, la que seguiré de seguro visitando como todo buen lector. Me llevo, eso sí, la frase de Keynes, los consejos recibidos a lo largo de los años y la convicción de que lo bueno nace de saber reconocer la virtud de las distintas ideas y visiones.
A lo largo de estas páginas procuré, con aciertos y errores, escapar de las consignas fáciles, privilegiando la pregunta incómoda más que la certeza complaciente. Las ideas valen por su capacidad de sostenerse frente a los hechos. Después de todo, como plantea Steven Pinker, son los ideales de la Ilustración los que han impulsado el desarrollo humano y merecen ser defendidos con vigor. Si algo quise aportar desde aquí fue a una conversación pública respaldada en datos, donde pensar distinto no sea visto como una amenaza, sino como una oportunidad para hacerlo mejor.
Agradezco a La Tercera por este espacio sostenido en el tiempo y por la confianza. Y muchas gracias a sus lectores. Seguiré creyendo que el diálogo honesto y la búsqueda común de mejores ideas son una de las mayores fortalezas de nuestra democracia.
*El autor de la columna es gerente general de Quiñenco hasta el 31 de enero y será ministro de Relaciones Exteriores de Chile a partir del 11 de marzo.
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