No, el Covid-19 no es como la gripe

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Por Ricardo Baeza Yates, Northeastern University at Silicon Valley, EE.UU. / DCC, Universidad de Chile; Instituto Milenio de Fundamentos de los Datos

El 8 de agosto pasado, Ascanio Cavallo publicó, en este mismo periódico, una columna titulada “El grado cero de la salud”. Aunque comparto parte del mensaje, éste queda opacado por datos erróneos y errores conceptuales en sus argumentos. Vamos en orden y solo con los más importantes:

“En el confinamiento perfecto nadie se contagia de nada: …. Si se aplicara a todos los eventos contagiosos que circulan por el planeta, sería permanente. Pero todos los especialistas saben que el confinamiento perfecto no existe: sólo se logra reducir la movilidad. Un estudio reciente de Google muestra que Chile figura entre los países que más han reducido su movilidad, no ahora, sino desde abril”.

Lamentablemente, incluso en un confinamiento perfecto, la gente que vive con personas que ya están contagiadas se pueden contagiar. Lo que si es cierto es que, en un confinamiento perfecto, la infección se detiene. Respecto a la movilidad, no sabemos a qué estudio se refiere exactamente, pero no considera que la movilidad de Google solo incluye aquellos chilenos que están identificados permanentemente por Google y que permite que su posición sea conocida, que es solo una muestra (Google no informa cuántos usuarios son) y por ende no podemos extrapolar con certeza a toda la población. Peor aún, los valores de referencia son el mes de enero, que no es un mes típico en Chile y en cada país la muestra tiene un tamaño distinto, lo que impide comparar justamente entre países (como es el caso de la mayoría de las medidas del Covid-19).

“Para esto no sirve gran cosa la tasa de contagios, sino la capacidad de daño y la letalidad. La evidencia mundial no es nada concluyente. Muchos científicos dudan hoy que el contagio del Covid-19, si bien muy alto, sea exponencial, como se dijo en forma escalofriante, y las tasas de muerte se estiman en torno a 0,3, nada muy distinto de las gripes”.

Cualquier epidemia donde una persona puede contagiar a más de una persona puede crecer en forma exponencial, más aún para este virus que es más contagioso que una gripe. Por ende, la tasa de contagio sirve de mucho, pues si cada persona solo contagia a otras dos personas, en 24 días, todo Chile estaría contagiado. Y no conozco ningún científico que dude de esto, la evidencia mundial es concluyente, basta ver las curvas de contagio que aparecen como líneas rectas cuando el eje vertical es logarítmico, lo que se usa precisamente para visualizar fenómenos exponenciales.

Y lo más grave, aseverar que este virus no es distinto a las gripes. Primero, no se a qué se refiere con “tasas de muerte”, ni tampoco por qué lo usa en plural. Si se refiere a la tasa de letalidad de la infección, actualmente se estima que es entre 0,6% y 1%, aunque un estudio reciente en España incluso da un valor mayor al 1%. Una gripe normal tiene una tasa de letalidad de menos del 0,1% y algunos virus de gripe llegan al 0,2%. Es decir, el Covid-19 sería al menos tres veces más letal que una gripe fuerte. Más aún, y se menciona poco, el Covid-19 deja secuelas permanentes en algunas personas, por ejemplo, renales, algo que una gripe no provoca.

Si se refiere a la tasa de mortalidad, los datos del DEIS son categóricos. Durante mayo a julio de 2019, un año de gripe fuerte, 2.198 personas fallecieron, incluyendo casos de neumonía. Durante los mismos meses, este año han fallecido 9.541 personas con un test PCR positivo por Covid-19 y solamente 893 personas de gripe y neumonía. Es decir, fácilmente, si consideramos que hay aún más de 3.500 casos probables, la tasa de mortalidad del Covid-19 será 5 veces peor que la gripe comparada con 2019 y más de 12 veces peor durante 2020.

Antes de continuar, no puedo no referirme a un artículo en este mismo periódico del 3 de marzo, que también confunde la tasa de letalidad con la de mortalidad, cuando la pandemia recién comenzaba en Chile, considerando la gran cantidad de material de calidad publicado en los últimos 5 meses. Los invito a leer el glosario que publicamos en La Tercera con un grupo de científicos el día 10 de julio explicando estos y otros conceptos.

“La letalidad es muy alta en el mismo rango donde todas las enfermedades lo son: sobre los 60 años, subiendo por escalafón. A los 90 años llega a 10%, según un estudio presentado por Alexander Galetovic en el Instituto de Ingenieros. Un país que nunca puso cuarentenas, Suecia, admite como único error el descuido de esa población de alto riesgo”.

Según un estudio de letalidad en Suiza, la tasa de letalidad entre 50 y 64 años, es 0,14%, lo que es muchas veces mayor que una gripe para ese rango de edad. Aunque puede parecer un porcentaje pequeño, esto tiene un grave impacto en personas que aún están en la fuerza de trabajo. Más aún, en Chile, el promedio de edad de los fallecidos por Covid-19 era a finales de julio de 74 años, lo que quiere decir que muchas personas están muriendo al menos 6 años antes de lo que correspondería a la esperanza de vida (80 años en 2018). Finalmente, Suecia es un mal ejemplo, pues, aunque no ha hecho cuarentena estricta, su tasa de mortalidad por Covid-19 es superior a Chile (570 comparado con 530 fallecidos por millón). A esto hay que agregar que Suecia sí ha tomado muchas medidas precautorias y tiene tasas de movilidad mucho menores a Chile por razones climáticas y culturales, por lo cual es difícil comparar en forma justa ambos casos.

“Tampoco el confinamiento sirve tanto para evitar el colapso del sistema de salud, como también se ha dicho con frecuencia. Lo que evita el colapso es aumentar el equipamiento y el personal -lo que se hizo en Chile, con todos los tropiezos y debates conocidos- y promover las medidas de distanciamiento social. Como también anota Galetovic, la experiencia muestra que el distanciamiento funciona antes que las cuarentenas, y éstas no agregan mucho a la reducción del contagio”.

Otro error conceptual, ya que aumentar equipamiento y personal solo incrementa la capacidad médica y retarda el colapso, pero no lo evita. La única forma de evitar el colapso es detener el contagio exponencial y para esto la cuarentena es lo más efectivo si es completa (tres semanas y el virus prácticamente desaparece, como lo hicieron en Nueva Zelanda). Pero ya sabemos que en Chile esto es difícil de lograr a menos de que el Estado subsidie a la gente que no tiene recursos para subsistir tanto tiempo sin salir de su casa. Y respetuosamente discrepo con Alex (Galetovic), las cuarentenas si hacen diferencia en la reducción del contagio, esto se ha comprobado en muchos países del mundo.

Aprovecho a puntualizar que lo importante es el distanciamiento físico, pues el social hay que disminuirlo, contactándose más con nuestros seres queridos. Este es un error semántico que cometieron en Estados Unidos y que como en otras ocasiones, todo el mundo ha copiado sin pensarlo.

“Cada vez es más claro que el confinamiento prolongado ha sido, sobre todo, una medida dictada por el pánico político. Los gobiernos del hemisferio sur, que recibieron la pandemia con tres meses de retraso y un mejor conocimiento del coronavirus, se apresuraron a tomar las mismas decisiones que China casi sin mirar su impacto”.

Primero un dato errado. Chile recibió la pandemia con dos meses de retraso, ya que el primer anuncio público chino fue el 31 de diciembre de 2019 y el primer caso en Chile fue a finales de febrero de 2020. Segundo, Chile no se apresuró a copiar decisiones. Nueva Zelanda sí lo hizo, antes de que falleciera una sola persona y ya vemos el resultado. Chile debió haber comenzado la cuarentena total en Santiago a mediados de abril cuando los datos ya mostraban que los contagios se disparaban en las zonas más vulnerables de Santiago. Lamentablemente, el Ministerio de Salud tardó tres semanas en hacerlo, cuando posiblemente se hubieran podido salvar miles de vidas si hubiera sido antes (y China demuestra eso).

Para terminar, en todo el mundo estamos viendo una tendencia a interpretar datos de manera conveniente e incluso a negarlos. Así, la próxima vez que escuche o lea algo que está alineado con sus creencias, por favor sea escéptico y venza sus sesgos de confirmación, validando datos y contrastando opiniones. En caso de una duda de datos, me puede preguntar en Twitter (@PolarBeaRBY), donde trato de contestar a todos y todas. Así tanto usted como yo aprendemos.

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