Piñera y el nuevo trato con los partidos



Por Marco Moreno, director Escuela de Gobierno y Comunicaciones Universidad Central

En un régimen presidencialista, los cambios de gabinete son los fusibles que sirven al gobernante para retornar la acción política. El actual contexto de crisis política instalado por los problemas de gobernabilidad del bloque oficialista, un parlamentarismo de facto y una vigilancia de la política por parte de la ciudadanía llevaron al Presidente a recurrir a este recurso por cuarta vez con un objetivo más táctico que estratégico. 

La decisión presidencial está marcada por un giro táctico de La Moneda. El Presidente busca un nuevo trato con los partidos de su coalición a 20 meses del fin del gobierno.

La derrota política en el Congreso unida a los problemas de gobernabilidad en el bloque oficialista y al derrumbe de la aprobación presidencial en la opinión pública encuestada, cuestión especialmente sensible para Piñera, colocó al Mandatario en una situación imposible. Para revertir esta tendencia de aislamiento creciente y de desafección de su coalición, el fin del piñerismo en la designación de los cargos en el Ejecutivo fue el costo que debió pagar La Moneda.

El nuevo trato con Chile Vamos que ofreció el Presidente tiene una contrapartida muy clara: el disciplinamiento de la coalición y como contrapartida el apoyo de sus parlamentarios. Este era el precio que pusieron los partidos. Era la principal exigencia de la presidenta de la UDI que esta vez conto con la luz verde de “los coroneles”. A pesar del logro que se anotó la senadora Van Rysselberghe, colocando a unos de los suyos en la cartera de Interior como Víctor Pérez y sacando de juego a uno de sus críticos Jaime Bellolio, sabe que el costo será no poder repostular a la presidencia de la UDI y consensuar una nueva directiva antes de plazo que pueda alinear a la UDI y sus parlamentarios detrás del gobierno.

A su turno, conservadores y liberales en RN también exigían lo mismo. Pero en este caso, la moneda de cambio para garantizar el disciplinamiento interno del partido paso por la llegada de Mario Desbordes a un poco relevante Ministerio de Defensa y de Andrés Allamand, su contrincante en la interna del partido, al Ministerio de Relaciones Exteriores. La movida que neutraliza a ambos críticos de La Moneda, aunque con estrategias y argumentos opuestos, permite garantizar la gobernabilidad en RN y asegurar el apoyo de su bloque parlamentario. Pero para que esto tenga posibilidades reales es clave quien asuma la presidencia en RN.

Habrá que esperar a los próximos días para evaluar si la apuesta de compartir el poder con los partidos y de asociarse implícitamente con el “rechazo”, al incorporar nombres identificados con esta opción en el gabinete, son suficientes para retomar la iniciativa política y el control de la agenda perdido hace varios meses.

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