Podemos hacerlo bien



Por José Miguel Serrano, economista

En los últimos años, la gente se ha dado cuenta que las demandas ciudadanas no se canalizan necesariamente a través de los partidos políticos, pues a menudo la solución a los problemas llega por la vía de presiones directas sobre las autoridades, con manifestaciones callejeras en las que se suman estudiantes y gente joven, mujeres organizadas por reivindicaciones de género, adultos de todas las edades que enfrentan dificultades, y personas con convicciones políticas pero que no militan en las organizaciones tradicionales.

Las autoridades de turno, al aceptar y ceder a las demandas, le han quitado “piso” al viejo sistema político, y también a los partidos que lo representan; pero estos no han fenecido, solo requieren ser renovados y revitalizados. Ahora bien, está más que claro que fueron esas demandas directas las que condujeron a un plebiscito y una votación sin precedentes, donde la inmensa mayoría de los chilenos y chilenas escogieron iniciar el lento y necesario proceso de redactar una nueva Constitución. Sin embargo, me parece que no todos los ciudadanos de este país ven en la Constitución Política del 80 la causa directa de sus males y preocupaciones. Seguramente, están conscientes que una nueva Carta Magna no va a solucionar por sí sola sus problemas más acuciantes. Servirá, empero, para juntarnos a pensar y trabajar de manera mancomunada en las bases que le darán impulso al Chile del mañana, de los próximos 20 o 30 años, partiendo por el 2021.

Pues bien, tener fe en que seremos capaces de hacer una cosa nueva y trascendente, una realidad que sea mejor que lo que existe actualmente, no es un logro menor (todo lo contrario). La gente necesita recuperar esa fe y esa esperanza, y a partir de las próximas semanas -con las consabidas dificultades que el proceso conlleva-, vamos a comenzar a recorrer el camino de la recuperación.

Existe una cierta noción que en la élite política e intelectual del país no hay personas competentes y dedicadas a solucionar los verdaderos problemas nacionales, sobre todo de quienes viven en un mundo de gran fragilidad social. Pero difiero de esta opinión, pues si bien las dificultades que enfrenta Chile son variadas y complicadas, gracias a la capacidad de algunos destacados pensadores hemos logrado evitar el estancamiento económico que campea en América Latina, o la increíble pobreza actual de Venezuela, que solía ser el país más rico de Sudamérica. Tenemos en Chile una buena base sobre la cual se puede construir, mejorando todo aquello que requiera ser modernizado y perfeccionado. Hay modificaciones importantes que realizar al sistema económico y social chileno, buscando diluir la gran concentración de riqueza existente, corregir el actual sistema de pensiones y la baja inversión en nuevos sectores productivos, entre otros problemas. Existen maneras democráticas de realizar estas y otras reformas, y de seguro las vamos a discutir e implementar durante los próximos meses.

Chile tiene la gran oportunidad de mantener su liderazgo en América, incorporando a la nueva Constitución un modelo transformador que reemplace al neoliberalismo y que asegure un crecimiento sostenido de la economía, una disminución de las desigualdades económicas, una democracia representativa amplia y sin quiebres, y una sociedad respetuosa de las personas diferentes, o con limitaciones físicas. En suma, un Estado de bienestar moderno.

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