Reconciliación constitucional

nvaConstitucionWEB

Viernes 15, 2.25 am. Parlamentarios y presidentes de partidos anuncian el "Acuerdo por la paz social y la nueva Constitución".



Me ha costado escribir. Probablemente porque mientras arde la hoguera resulta muy difícil reflexionar. En este mes en que Chile se ha desbordado dejando al desnudo profundas grietas en nuestra sociedad, no es fácil identificar las prioridades. Si bien todo partió con una imperiosa lista de demandas sociales, a poco andar se incorporó en el mosaico la cuestión constitucional. En un caldero que hierve al fuego de una inusitada violencia y casos de violación de derechos humanos, muchos han querido olvidar la importancia de defender nuestra democracia.

Por ello es indispensable el correcto funcionamiento institucional, y es aquello a lo que apeló el Presidente de la República la tensa noche del martes pasado. Cuando un nuevo estado de emergencia parecía inminente el Presidente generó un espacio de diálogo democrático para reencauzar nuestras diferencias. Como nunca tan pocas palabras tuvieron tan importante efecto. Ellas no apelaban al oído de toda la ciudadanía sino que a los de quienes tenían la responsabilidad política de evitar un desenlace de incalculables consecuencias. Chile estuvo esa noche al borde un abismo inimaginable.

El acuerdo alcanzado a partir de ello para que entre todos definamos si es necesaria e indispensable una nueva Constitución, o si la actual de 2005 promulgada por el Presidente Lagos requiere reformas, abre un camino de reconciliación constitucional. Sin embargo no basta con dotar de renovada legitimidad a nuestra Carta Fundamental. Es indispensable estudiar, entender y solucionar con prudencia las causas que llevaron a este cortocircuito ciudadano.

Creer confiadamente en el progreso, nos pasó la cuenta, pero también nos equivocaríamos con la obtusa y nostálgica idealización del pasado o con un énfasis catastrófico en el futuro.

Como señala Claudio Magris "las nieblas del futuro que se ciernen exigen una mirada, que en su inevitable miopía, se vuelvan menos miopes gracias a la humildad…" . Precisamente, se requiere de humildad para entender la magnitud del desafío que Chile tiene por delante, desterrando todo asomo de totalitarismo y violencia a la hora de resolver las naturales diferencias que puedan surgir en este proceso de reconciliación constitucional.

Los problemas que nos aquejan no se solucionan de una vez y para siempre, por lo que cada generación tiene que empujar, como Sisifo, su propia piedra, evitando que ésta le caiga encima. El tomar conciencia de ello, fue lo que probablemente ocurrió de manera incipiente cuando el Presidente de la República se jugó por la democracia y por la institucionalidad, y de manera mucho más manifiesta la noche en que los partidos políticos democráticos representados en el Congreso Nacional alcanzaron el acuerdo de reconciliación constitucional. Esperemos que ello de cuenta que en el siglo XXI Chile alcance la necesaria madurez, esa mayoría de edad de la razón que ya Kant anticipaba para la Ilustración.

Comenta

Imperdibles