Claudia Sanhueza

Claudia Sanhueza

Economista

Opinión

Retrocesos de la reforma tributaria

La Comisión de Hacienda aprobó en general, con votos DC, la reforma tributaria del gobierno.

Una de las principales metas de un sistema tributario es que sea progresivo. Es decir, cuando se calcula la razón de impuestos pagados, dividido por todos los ingresos ganados por tramo de ingreso, se observa que los perceptores de ingresos altos pagan una proporción más alta de impuestos.

Ahora bien, esto es una evaluación de todos los impuestos pagados con respecto a todos lo ingresos ganados. Y aunque hay bastante evidencia de la incidencia distributiva de los impuestos, esta se ha focalizado en el impacto distributivo de cada impuesto aisladamente. Pero sí hay acuerdo en que los impuestos directos (impuesto a la renta, capital, corporativos) son progresivos y los impuestos indirectos (IVA) son regresivos. Es decir, un país cuya recaudación tributaria proviene en mayor parte de impuestos directos tiene un sistema tributario más progresivo. En Chile, sin embargo, el 55% de la recaudación proviene de impuestos indirectos, mientras el promedio OCDE es de 47%. Además, usando el índice Kakwani, Chile tiene uno de los más bajos poderes redistributivos de impuesto a la renta (Efectos Distributivos de la Reforma Tributaria de 2014). En definitiva, el sistema tributario chileno no solo recauda menos impuestos directos, sino que éstos tienen baja progresividad.

Esto se debe a un conjunto de características del sistema tributario diseñado en los 80s para favorecer a las empresas. La reforma tributaria del 2014 intentó recaudar más para financiar gratuidad y aumento de la Pensión Básica Solidaria en 10%,  para mejorar la progresividad de los impuestos directos. El cambio más relevante fue intentar que las empresas pagaran impuestos por todos sus ingresos (renta devengada), ya que en Chile las empresas pagaban impuestos solo por una parte de ellos (distribuidos). Por presión de los empresarios se creó, sin embargo, un sistema paralelo, en el cual seguían pagando impuestos solo por parte de sus ingresos, pero pagaban un poco más. Aún así, el Banco Mundial señaló que estos cambios mejoraban significativamente la progresividad de los impuestos directos (Efectos Distributivos de la Reforma Tributaria de 2014).

La propuesta de reforma tributaria que se discute ahora en el Congreso elimina todo esto y retrocede a los años 80s, favoreciendo una vez más a las empresas. Los empresarios no pagarán impuestos por todos sus ingresos y se elimina el régimen semi-integrado. Es decir, se eliminan todos los avances en progresividad que se habían logrado. Además, las propuestas que elaboró el Ejecutivo, que se supone contrarrestan este efecto, no lo hacen. Todas las transferencias a regiones no mejoran la progresividad de los impuestos (¡obviamente!) y, segundo, se propone algo que ya existe con la tributación de los seguros con ahorro. Finalmente, la propuesta disminuye la recaudación que venía principalmente de los cambios arriba descritos, poniendo en riesgo la gratuidad y toda otra transferencia fiscal. Retroceso, retroceso, retroceso. Pero algunos creen que es solo un pequeño melodrama.

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