Opinión

Socialdemocracia leninista

Santiago 24 de marzo 2026. Lautaro Carmona, presidente del Partido Comunista, ofrece un punto de prensa en la sede del PC, donde responde preguntas sobre la contingencia nacional. Dragomir Yankovic/Aton Chile DRAGOMIR YANKOVIC/ATON CHILE

Con soviético desparpajo, Lautaro Carmona dijo: “reafirmamos el carácter leninista del Partido Comunista de Chile”. Para que no queden dudas, Bárbara Figueroa acotó que “no es algo extraño”; y para llevar la conversación al nivel del improperio intelectual Marcos Barraza nos regaló la siguiente joya: “los neoliberales reivindican a Hayek, reivindican a Adam Smith y no tienen ningún cuestionamiento por parte de los medios de comunicación por extemporaneidad histórica”. Puestos ahí, entre Stalin y la Madre Teresa imposible distinguir, salvo por la ropa.

Pero hay que ser justo, ni Carmona, ni ninguno de los integrantes de la larga lista de dirigentes del PC se han apartado nunca de esa línea, ellos son lo que son y, como se dice coloquialmente, no nos lo mandan a decir con nadie. Mucho más interesante que destinarle tiempo a esto es analizar la manera en que buena parte de la dirigencia de nuestra sociedad prefiere no cuestionarse las consecuencias de que este partido leninista forme parte de coaliciones que gobiernan Chile regularmente y tenga candidatos presidenciales que pasan a segunda vuelta.

En la última campaña, su abanderada se declaraba socialdemócrata y luego se supo que estaba en reflexión para resolver si seguiría en el PC. Siguió. Antes de las elecciones, socialdemócrata; después de las elecciones, leninista. Pero el punto es que su partido lidera la oposición -esa es la verdad- y probablemente en cuatro años más ella volverá a disputar la Presidencia, volverá a ser tratada como candidata de centroizquierda y dirá algo así como que esas definiciones no les interesan a los chilenos. Listo, despachado el punto.

Si se les pregunta a los socialistas “democráticos” su opinión acerca de esta definición, probablemente dirán que todo el país sabe que a ellos esas posturas no los representan, que tienen y siempre han tenido muchas diferencias con el PC, pero que con otros partidos conforman un arco más amplio. Y eso sería. Siguen donde mismo, socios igual, votando juntos todo lo importante, caminando hacia el candidato único que los representará en cuatro años más.

Para tener estabilidad y progresar nuestra sociedad, como todas, necesita acuerdos. De eso no hay duda. El primero, es el que se materializa en un conjunto de reglas que configuran un Estado democrático de derecho; después, en un grupo de objetivos mínimos, como aspirar a que el país alcance el desarrollo, por ejemplo; y luego, en algún marco de políticas públicas básicas, compatibles con lo anterior, como el control de la inflación. Si, además, se lograran conciliar otras políticas públicas más específicas, como la estructura tributaria, estaríamos a un paso de llegar al primer mundo.

¿Podemos creer que todo ello es posible, mientras una parte muy significativa del sistema político sigue liderada por un partido que es leninista? No se trata de ser más o menos partidario de los acuerdos, sino de que Hayek y Lenin simbolizan cosmovisiones que no son conciliables. Ese es nuestro verdadero problema.

Por Gonzalo Cordero, abogado

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