“Mi cita Tinder se quedó dormido en el bar”

Este mes se cumplen #10AñosDeTinder. Les pedimos a nuestras lectoras que nos compartan sus experiencias en esta aplicación de citas para –a través de sus historias– dar cuenta de cómo Tinder y otras aplicaciones han cambiado nuestra forma de vincularnos. Durante este mes compartiremos algunas de sus historias. Aquí una de ellas.




“Comencé a usar aplicaciones de citas a los 30 años, después de terminar una relación. Había convivido 6 años mi pareja y cuando nos separamos me vi enfrentada a una soltería que me costó abordar. Conocer gente ya no era tan fácil como a mis 20 años, mis grupos de amigos eran muy reducidos, asi que decidí probar con Tinder. Desde entonces he usado aplicaciones de citas de manera intermitente y he tenido, en estos 7 años de experiencia, un incontable número de citas; algunas buenas, otras chistosas, algunas románticas, otras un desastre. En algunas me enamoré y tuve relaciones más duraderas, y en otras no pude aguantar ni dos horas.

Quizás lo más divertido de usar aplicaciones son las anécdotas que de allí salen, porque una se puede encontrar con cualquier cosa. Una vez un tipo se pasó toda la noche entrevistándome, me ponía tópicos y me iba haciendo preguntas; “Política: ¿Qué opinas del Presidente? Actualidad: ¿Estás a favor o en contra del aborto?”. En otra fui con un chico a un bar, el tipo se pidió una hamburguesa y se la comió mientras hablaba por teléfono con otra persona. Cuando terminó de comer colgó la llamada y me preguntó si quería pedir algo: “sí”, le dije, “la cuenta”. Pero una de las peores citas que tuve fue cuando el chico con el que salí se quedó dormido frente a mí. Nos juntamos tipo 6 de la tarde a tomar unos shops. Me advirtió que estaba un poco cansado por su trabajo, era bartender en la época prepandémica, cuando los bares cerraban a las 4 o 5 de la mañana. Aun así insistió en que fuéramos a un concierto juntos. Una vez ahí, el tipo cerró los ojos y se durmió todo el espectáculo. Me quise ir a mi casa pero me pidió disculpas y ofreció invitarme a un bar donde atendía un amigo suyo, también bartender. Acepté, entendiendo que estaba cansado, y nos sentamos en esos pisos altos a conversar mientras su amigo nos atendía. Al segundo trago se volvió a quedar dormido apoyado en la barra, incluso se cayó, pero en vez de levantarse se acurrucó en el suelo a seguir durmiendo. ¿Soy tan fome que los hombres se duermen?, pensé riéndome. Le dije a su amigo que, cuando despertara, le dijera que me había ido.

Durante los años que estuve en Tinder vi y viví de todo, saqué relaciones de ahí, tambien buenos amigos, y muchos chascarros que hoy cuento con humor. También aprendí a afinar el ojo, a desligarme rápido de las situaciones incómodas siendo honesta con la otra persona, a no enredarme en ser diplomática sino saber decir con respecto “se acabó la cita, adios”.

Hoy, a mis 37 años, vuelvo a esta soltera. Esta vez me gustaría intentar conocer a alguien de otra forma, pero no sé muy bien cómo hacerlo. Lo más probable es que tarde o temprano termine bajando la aplicación y vuelva a empezar”.

Cin González, es profesora, y tiene 37 años.

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