Moda ¿verdadero o falso?

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Un reloj que parece un Cartier o una cartera Louis Vuitton por menos de $ 20.000. ¿Tentador? En Chile no somos fabricantes de falsificaciones de artículos de moda como ocurre en China e India. Pero sí somos un emergente mercado consumidor de estos sucedáneos que ostentan el estatus de una marca, pero sin pagar su precio.




Paula 1182. Especial Moda, sábado 12 de septiembre de 2015.

"Lo único ciento por ciento verídico que tengo es mi hija, ella es original de fábrica. El resto es falso, falso, falso. Tengo cinco carteras Lucho Ratón (Louis Vuitton), tres ositos gominolas (Tous), una Michael Kors y una Chanel. Todas piratas que me han costado entre quince mil y cuarenta mil pesos", dice Cristina Blanco, ejecutiva de ventas de 48 años. "Mi tema con las falsificaciones es que no tengo plata para comprarme una original y, bueno, hay réplicas increíbles y muy baratas. Lo mío siempre ha sido buscar lo alternativo porque me gusta ganarle el juego al mercado. Hay tanta gente que anda con sus carteras originales de lujo y llevan una vida triste. Yo me doy mis gustos sin estresarme y sin echarle a perder la tarjeta de crédito al marido. En febrero fui a Barcelona y le compré una Louis Vuitton y una Michael Kors a un vendedor ambulante. Las otras las consigo en Patronato, es cosa de buscar bien y saber elegir. No podría saber por qué un original es original, pero sé escoger buenas falsificaciones: me fijo en las terminaciones, que los cierres funcionen, que el cuero no huela a plástico. No oculto que mis carteras son falsas. No pretendo ostentar ser algo que no soy, pero, si puedo tenerlo barato, ¿por qué no?", se pregunta Cristina.

"La gente me pregunta con asombro: ¿De dónde sacaste esa cartera Louis Vuitton? A todos Les digo que fue un regalo de aniversario de mi marido", dice Laura sobre su cartera falsa.

Laura –quien pidió reserva de su apellido–, una periodista de 37 años que trabaja en una empresa de telecomunicaciones, también adora sus carteras Louis Vuitton falsas. "Hace cinco años fui a Nueva York por primera vez con mi marido de vacaciones. Paseando por Chinatown, llegamos a la calle Canal Street, donde hay miles de tiendas tipo bazar, de esas donde venden souvenirs de la ciudad, juguetes y ropa. Y ahí estaban: colgadas en un perchero había una docena de carteras iguales a las Louis Vuitton, hermosísimas. No lo dudé y por 100 dólares me compré una", relata. Laura usa sus Louis Vuitton falsas con frecuencia, cada vez que sale a comer o necesita verse distinguida. "Por mi trabajo, me toca ir a muchos eventos con gente muy importante, donde tienes que andar súper bien vestida. Ahí me pongo mis carteras adquiridas en Chinatown. Como la gente es muy metiche, me preguntaban con asombro: '¿De dónde la sacaste?, ¿es verdadera, cierto?'. A todos les digo que fue un regalo de aniversario de mi marido y que me la compró en la misma tienda Louis Vuitton de Quinta Avenida".

A Mariela Said, una ejecutiva de ventas de 45 años, le encantan los relojes. "Siempre quise uno de marca que son los que tienen modelos más bonitos. Por eso, cuando fui a Paraguay de vacaciones descubrí en Asunción una calle en el centro que era como el paraíso de las falsificaciones: habían tiendas increíbles llenas de relojes de marcas. Ahí me compré dos Cartier, para mí y para mi hija, y un Rolex para mi marido. Entre los tres no gasté más de 100 mil pesos. Se veían como de verdad, eran hasta pesaditos".

Paula Edwards, socia de Vintage Bazar, tienda que vende ropa y accesorios de segunda mano de marcas exclusivas, asegura que cada vez es más común que en eventos sociales ABC1 se vean mujeres con carteras falsas. Con su ojo entrenado, dice, la mayoría de las falsificaciones que usan las chilenas son adquiridas en el extranjero, mientras van de viaje. "La mayoría está hecha en China. Una Louis Vuitton original tiene los mangos de cuero natural café clarito que, tras el uso, envejece y agarra un color caramelo muy bonito. Una falsa, en cambio, tiene los mangos de plástico y su color se mantiene intacto", comenta.

No se considera un ilícito comprar un reloj falso que replica a un Cartier, porque la ley entiende que el cliente pudo haber sido engañado al momento de la compra.

MADE IN CHINA

Chile no es productor de falsificaciones, pero el comercio ilegal y la piratería de mercancía extranjera en territorio nacional mueve sobre US$1.000 millones de dólares anuales. "Este negocio ilícito le provoca un defraude al Fisco de US$160 millones de dólares, solo por concepto de iva", detalla Jorge Lee, presidente de la Comisión de Seguridad y Antidelincuencia de la Cámara Nacional de Comercio. Y agrega: "Mientras sigan vendedores de falsificaciones y compradores dispuestos a pagar por ellas, el fenómeno irá en aumento. Acá a nadie le llama la atención el ilícito que se comete. Si te compras algo falso, la gente dice: 'dame el dato'".

En Chile las carteras y prendas falsificadas que imitan marcas de lujo se comercializan por internet, en el comercio ambulante o en locales del Barrio Meiggs o Patronato –dos polos donde la PDI suele realizar incautaciones– y son el último eslabón de una cadena que comienza en China, Hong Kong e India, los principales productores de falsificaciones.

Según la Organización Mundial de Aduanas (OMA), las ciudades de despacho hacia el mundo son los puertos chinos de Ningbo y Shanghái, donde día y noche funcionan fábricas en precarias condiciones de trabajo forzado y trabajo infantil.

De esas fábricas salen a la orden del día cientos de carteras Louis Vuitton de PVC en lugar de cuero natural de vaca, cuyo costo de producción no supera US$ 1 dólar y que se puede llegar a vender en quince veces su valor inicial. Una Louis Vuitton original, en cambio, no baja del medio millón de pesos.

Datos de la OMA registran que 25% de las mercancías globales retenidas en 2013 correspondían a vestuario, relojes y carteras Louis Vuitton, Rolex, Chanel, Gucci, Michael Kors y Burberry, entre las marcas más imitadas por los piratas con buen gusto. Solo en Europa, el 66% de los productos incautados ese año por aduanas eran parte de este ítem.

En Chile, el Servicio Nacional de Aduanas detectó en 2012 un aumento de entre 6 y 10% de marcas de lujo que han intentado ingresar al mercado nacional. Hoy, aseguran, está cifra ha disminuido, pero sigue siendo una preocupación para las marcas afectadas pertenecientes a la categoría del lujo, como Louis Vuitton, Dolce & Gabbana, Rolex, Chanel y las joyas Tous; y otras correspondientes a la categoría de vestuario deportivo prémium, siendo Adidas y Nike las más falsificadas, seguidas por Lippi, Columbia y The North Face.

A Chile, los contenedores atiborrados de falsificaciones llegan directamente vía barco a Valparaíso, San Antonio y Arica, y se internan como cualquier mercadería. "Como China es el principal productor de falsificaciones, quienes las importan usan otras rutas para despistar: de China se van a México o a Panamá, donde la mercancía hace trasbordo y luego llega a Chile. De esta forma, al venir de un punto de origen distinto no levanta sospechas", explica el abogado Matías Somarriva, del estudio Sargent & Krahn, representante de Rolex, Tous y Armani, entre otras.

Otras mercancías llegan a Santiago vía aeropuerto, donde aduana también detecta falsificaciones que vienen en grandes paquetes o, incluso, si se trata de un par de carteras falsas que un pasajero adquirió durante sus vacaciones.

En todo esto, el trabajo del Servicio Nacional de Aduanas es crucial. Regularmente realizan aforos físicos de la mercadería que entra al país, un control aleatorio que, al detectar falsificaciones son verificadas mediante el sistema IPM (Interface Public Member), una tremenda base de datos mundial –que ya se quisieran muchos piratas– que almacena las características físicas de más de diez mil productos de 800 marcas internacionales, muchas de ellas del mercado del lujo. Al encontrarlos, aduana se contacta con los representantes de la marca y retiene la mercadería por cinco días, plazo que tienen para realizar la denuncia. De no hacerla, los productos son entregados al destinatario.

Lo anterior es muy importante, porque para procesar los delitos a la Ley 19.039 de Propiedad Industrial –que considera a la falsificación como el uso malicioso, con fines comerciales, de una marca igual o semejante a otra para los mismos productos, servicios o establecimientos–, se requiere que la marca o su representante denuncie y las penas van entre las 25 y 1000 UTM (entre un millón cien y 44 millones de pesos aprox.). Por lo general, las marcas se hacen presentes, en especial Louis Vuitton. "La marca tiene una política de tolerancia cero frente a la falsificación, que es la violación del talento, las habilidades del artesano y la creatividad de sus artistas", argumenta a Paula la firma francesa. Las falsificaciones que logran traspasar los controles aduaneros son distribuidas al comercio informal o al comercio establecido, que las vende sin la licencia para ello. En ningún caso el comprador de estos productos comete un ilícito, porque la ley entiende que pudo haber sido engañado. "Quienes importan falsificaciones tienen un perfil variado: desde personas que traen un paquete con poca mercadería para comercializar a través de redes sociales, hasta grandes redes de crimen organizado. Lo difícil es comprobar que el importador sabía que eran falsos, por lo que la gran mayoría de los casos se resuelve con la incautación y destrucción de los productos, sin llegar a juicio", dice el abogado Rodrigo Velasco, del estudio jurídico Alessandri, representante en Chile de Louis Vuitton y Michael Kors, entre otras marcas de lujo.

El subprefecto de la Brigada Investigadora de Delitos de Propiedad Intelectual (Bridepi), Cristián Lobos (der), junto al comisario de la misma unidad, Ricardo Mathias (izq), muestran parte de los 2.064 productos incautados hasta la fecha por infracción a la propiedad industrial. Carteras y billeteras Louis Vuitton, joyas Tous y parkas The North Face son algunos de los objetos falsificados que han encontrado en el comercio ilegal.

BUSCANDO HILOS SUELTOS

Hace tres semanas, funcionarios de la Brigada Investigadora de Delitos de Propiedad Intelectual (Bridepi), de la PDI –unidad basada en Santiago que combate el crimen a la propiedad industrial y a los derechos de autor¬– llegó hasta un hotel capitalino, donde se realizaba una feria de distintos comerciantes que vendían sus productos. Su objetivo era una mujer que vía Facebook anunció que iba a estar vendiendo exclusivas parkas The North Face en el evento. "Esa marca solo se vende en comercio autorizado. Nosotros rastreamos con frecuencia sitios de internet y redes sociales, donde por lo general hay comerciantes que intentan vender productos falsos", explica Cristian Lobos, subprefecto de la Bridepi. A simple vista, las parkas que el subprefecto Lobos custodia como evidencia se ven iguales. No para él. "Es fácil detectar que es falso. El bordado de la marca tiene todas las letras unidas con el hilo. Una original, en cambio, borda una a una cada letra. Además, el bordado de una original jamás traspasará al interior del forro de la parka", explica, mientras indica las evidentes costuras que se ven al dar vuelta la prenda.

Tanto el subprefecto como los 32 policías que conforman su equipo entrenan su ojo periódicamente con las mismas marcas que los actualizan en nuevos diseños, materiales textiles, terminaciones de las costuras, bordados, detalles de los cierres, botones y elementos de autenticidad como etiquetas, sellos de agua y hologramas, entre otros, que por seguridad son de carácter confidencial. Para ello han viajado a los grandes mercados de la falsificación para aprender del rubro.

En lo que va del año, la Bridepi lleva 80 procedimientos con 2.064 productos incautados por infracción a la propiedad industrial. Además de juguetes y celulares, en el ítem vestuario y accesorios han incautado carteras Louis Vuitton y Gucci; parkas y ropa deportiva Adidas, Lippi y Columbia; y joyas Tous y Swarovski.

Otros casos de mercancía falsa que se vende en Chile ocurren porque algunos comerciantes importan prendas de vestir sin etiquetas ni marcas. "En algunos casos se importan poleras o vestidos y acá les ponen las etiquetas, los bordados y los estampados. Hemos realizado procedimientos en talleres de Patronato donde hemos incautado las máquinas con las que se realizan los estampados, generalmente de marcas deportivas", señala. Sin embargo, el subprefecto es tajante a la hora de no estigmatizar ciertos sectores del comercio con la venta de falsificaciones. "Son casos aislados y los vendedores de falsificaciones son transversales a todas las clases económicas. Por ejemplo, hay muchos vendedores particulares que importan pequeños cargamentos con lencería, bisutería y carteras que son falsificadas y las venden como originales", aclara.

"El bordado de la marca tiene todas las letras unidas con el hilo. Una original, en cambio, borda una a una cada letra", explica el subprefecto Lobos para diferenciar una parka The North Face falsa de una legítima.

Un caso judicial emblemático es el que la firma de lujo Michael Kors inició en contra del matrimonio de comerciantes chilenos Soledad Asfura y Pablo Abumohor, dueños de Comercial Tracciati. En 2011, la Bridepi incautó productos avaluados en US$ 350 mil dólares que se encontraban en proceso de reetiquetado con la marca Michael Kors. En agosto de 2014, el Tercer Juzgado de Garantía de Santiago condenó a la pareja por piratería de marca, sancionando a cada uno con una multa de 10 millones de pesos. La marca que abrió una tienda en el duty free del aeropuerto y abrirá otra en el Distrito de Lujo del Parque Arauco, hoy mantiene un juicio civil contra los comerciantes por US$ 2 millones de dólares a raíz de los daños provocados.

Con el aterrizaje de exclusivas marcas al Distrito de Lujo en el mall Parque Arauco y la anunciada apertura de Casa Costanera, en Vitacura –un selecto shopping de marcas de lujo–, las fuentes consultadas para este reportaje aseguran que esto dará paso para que en Chile proliferen sus sucedáneos falsos.

RÉPLICAS EXACTAS

Conforme se han masificado y sofisticado la calidad de las falsificaciones –algunas tan perfectas como el original–, hoy comprar una se ha vuelto un fenómeno corriente. "La gente ve el acceso a los productos falsificados como una opción de compra tan normal como si se tratara de un original. Valoran el estatus que la marca brinda, más que la cosa en sí misma. Lo mismo ocurre con las tiendas que arriendan vestidos y carteras originales para un matrimonio. Es la naturaleza artificial de lo aspiracional en una sociedad donde el lujo está restringido solo para unos pocos", afirma el periodista Robb Young.

Las marcas deben lidiar con imitaciones de baja calidad hasta otras tan refinadas que apenas son detectables al ojo erudito. "Todavía no las vemos en Chile", asegura el subprefecto Lobos. Pero en el mundo abundan. "Se les llama real fakes (falsos reales) u originales no autorizados y son los que mayor perjuicio económico generan en la industria, porque se venden a precios cercanos al original, mientras que las falsificaciones baratas provocan un daño a la imagen y prestigio de la marca", explica Young, quien señala que estas lujosas copias vienen de la cadena de suministros de las propias marcas. "Esto ocurre cuando el fabricante elabora más productos de los que se ordenaron, generando un excedente reducido –no más de uno o dos–, que luego son comercializados en el mercado informal".

En Gomorra –libro publicado en 2007 y que narra la estrecha relación de la mafia napolitana y el imperio económico que ha levantado en torno al tráfico de mercancías como los relojes y la ropa de marca– Roberto Saviano, el autor y periodista italiano, da luces de cómo se originan estas réplicas perfectas: las casas de moda subastan a varias fábricas especialistas en productos de lujo la confección de una determinada pieza de vestuario y para ello les proveen textiles de altísima calidad. Todos participan, pero solo el que cumple con el pedido en el menor tiempo posible obtiene el pago. El resto se queda con esos artículos que pasan al comercio no autorizado. Y la irrupción de internet hace más difícil frenar su venta, lo que puede confundir a un comprador que busca un original a precio rebajado.

En adición a la pérdida de las ventas, las compañías deben gastar millones en abogados e investigadores para perseguir a los falsificadores que afectan su reputación y prestigio, valores que más les duele.

Y ya han tomado acción: Burberry selló un acuerdo con Amazon para retirar las falsificaciones de la marca que allí se venden. El grupo LVMH –que tiene marcas como Luis Vuitton, Fendi, Givenchy, entre otras– se asoció con eBay para proteger la propiedad intelectual de sus marcas y asegurar un comercio online libre de engaños. Incluso, la misma eBay se alió con el Council of Fashion Designers of America para liderar la campaña You can't fake fashion (no puedes falsear la moda), que vende bolsos con esta leyenda para concientizar al consumidor. Y en mayo de este año, Gucci y Balenciaga demandaron al sitio alibaba.com, el gigante chino del comercio electrónico, por vender falsificaciones en sus plataformas.

LA MODA LEGAL

En abril pasado concluyó la exhibición Faking it: originals, copies and counterfeits (Fingiendo: originales, copias y falsificaciones), que por cuatro meses se montó en el museo del Fashion Institute of Technology de Nueva York. Allí se mostraban icónicas piezas como el traje tweed de Gabrielle "Coco" Chanel y parte de las cientos de copias que entre los 60 y 80 se licenciaron para hacer réplicas exactas del elegante conjunto de lana. La misma diseñadora solía decir: "La sola idea de proteger las artes estacionales es infantil. Uno no debería molestarse en proteger eso que muere en el mismo minuto en que nace".

Además de exponer carteras originales Louis Vuitton y Gucci con sus respectivas rivales made in China al lado, en la muestra también se expuso la ocurrente colección del diseñador norteamericano Brian Lichtenberg, quien en 2013 desató la polémica cuando lanzó poleras y polerones con leyendas como Féline en lugar de Céline y Homiès por Hermès, imitando incluso hasta su tipografía. Y, dos años más tarde, los abogados todavía discuten si se trata de una infracción a los derechos de marca o de una legítima parodia.

Estas discusiones son las que han generado una nueva área en el Derecho. Se trata del fashion law, cuya pionera es la abogada norteamericana Susan Scafidi, quien hace cinco años creó el Fashion Law Institute, de la Universidad de Fordham en Nueva York. Entre otras cosas, el instituto busca dar solución a problemas del sector de la moda, como la copia de diseños impulsada por el mercado global y el impacto de nuevas tecnologías, como las impresoras 3D con las que abundarán los archivos digitales en internet y se facilitará su descarga para que cada usuario pueda reproducir copias de productos sin autorización. "Los principales desafíos legales a los que se enfrentan los diseñadores tienen relación con la protección de la marca y sus creaciones. Además de la leyes aplicadas en la moda, los mismos diseñadores pueden contribuir a combatir la copia. Por ejemplo, pueden educar a sus consumidores sobre la artesanía tras sus trabajos y usar técnicas y materiales difíciles de imitar", explica Susan Scafidi a Paula.

Esto ocurre en el sector del fast fashion. Aquí no se trata de falsificaciones, sino de copias –que guardan relación con el derecho de autor– extraídas de las pasarelas para replicarlas masivamente. "Es la democratización de la moda", asegura a Paula el periodista norteamericano y consultor de marcas de lujo Robb Young. "El mayor beneficio de que te copien es que aumenta la publicidad y se añade valor a la marca; muchas de ellas se sienten halagadas porque la copia implica una admiración a su trabajo. Los pequeños diseñadores, sin embargo, quedan excluidos, porque alguien puede copiar sus diseños y no recibir el crédito por ello", añade.

Falsificaciones o copias, la tendencia apunta a que mientras más consumidores existan dispuestos a pagar menos por un diseño, el mercado ilícito de lo falso seguirá vigente. "Algunos lo validan diciendo que podrían convertirse en potenciales clientes del lujo, pero no. Quienes compran falsificaciones jamás han sido consumidores del lujo. Ellos consumen el estatus de una marca. Tal vez algunos de ellos, si se vuelven adinerados, podrían terminar siendo genuinos compradores del lujo. Pero ¿cuánta gente que compra falsificaciones termina rica? Ciertamente, no mucha", remata Young.

ORIGINAL VERSUS FLASIFICACIÓN

Reloj Rotonde de cartier

Izquierda: original. Máquina cuyas piezas son de acero y de elaboración 100% suiza. Dentro tiene pequeñas piedras de rubí que evitan la fricción entre las piezas y su eventual desgaste por años. Derecha: falso. Máquina de acero fundido –que proviene de la combinación de muchos desechos metálicos– y de elaboración china o india. No tiene piedras de rubí, por lo que el desgaste de la maquinaria se produce en poco tiempo.

Original:

• Caja de oro rosado de 18 kilates.

• Modelo Rotonde de Cartier. US$ 25.200 ($ 17.300.000 aprox), precio ref en www.cartier.us

• Agujas de acero que pasan por un proceso único de Cartier que les otorga un color azul oscuro, levemente brillante a la luz.

• Piedra es el sello de la marca y se le llama "la piedra de Cartier". Es una piedra preciosa color azul y la marca no revela su nombre.

• Cristal de zafiro, que es duro, muy resistente y no se raya. Al darle un toquecito produce un sonido grave y bajo.

• Calendario tiene los 31 días de un mes y se cambia automáticamente al día 1.

• Correa de piel de cocodrilo color café.

Falso:

• Caja de acero fundido.

• Este modelo no existe en Cartier, que debería ser el primer indicio para darse cuenta de que es una falsificación. Está inspirado en Rotonde. $ 20.000.

• Agujas de lata pintadas con esmalte azulino brillante.

• Piedra es de plástico color azul, que emula a una piedra preciosa.

• Cristal mineral o vidrio. Se puede trizar y rayar con más facilidad. Al darle un toquecito produce un sonido agudo y fuerte.

• Calendario tiene 38 días y hay que cambiarlo manual.

• Correa de cuero sintético o cuerina color café.

Colgante Tous

Izquierda: original. Colgante Flora de Oro, de oro amarillo y diamantes. € 240 ($184.100 aprox), precio referencia en www.tous.com Derecha: falso. Colgante inspirado en modelo Flora de Oro, de acero quirúrgico, con esmalte dorado. $13.000.

Cartera Louis Vuitton

Izquierda: original.

• Modelo Speedy 35. Lanzada en los años 30 con el emblemático patrón Monogram –patentado en 1896–, que integra las iniciales LV y tres motivos florales. US$ 990 ($ 682.200 aprox), precio ref en us.louisvuitton.com

• Material: lona.

• Material asas y adornos: piel de vaca natural, que se termina mediante un proceso de curtido vegetal. El cuero es de un tono claro que, tras semanas de uso, adquiere una pátina color café oscuro.

• Bordes de los adornos: se tiñen de rojo con tintes naturales y se hacen costuras amarillas de impecable confección.

• Cierre: cremallera metálica color dorado.

Derecha: falsa.

• Modelo inspirado en la Speedy 35. $12.000

• Material cartera: PVC –policloruro de vinilo–, el derivado del plástico más versátil usado como cuero sintético en accesorios.

• Material asas y adornos: cuero sintético en tono café claro que mantiene su color con el tiempo. Resistente e impermeable al agua.

• Bordes de los adornos: pintura esmalte rojo sobre los bordes con imperfecciones que pintan de rojo parte de los mangos. Costuras amarillas deshilachadas.

• Cierre: cremallera de plástico color negro.

ALGO SIMILAR AL FRACASO

*Por Óscar Contardo, escritor y autor de Siútico, entre otros libros.

El lujo es un mensaje. Una señal, un guiño entre entendidos que sabrán leer el código y comprender lo que representa, porque el lujo no está hecho para el dominio de la multitud, sino para la tranquilidad de unos pocos que verán no solo el dinero invertido en la prenda exclusiva o el auto a la medida, sino algo más relevante: la pertenencia. Porque el lujo es un signo de que se es miembro de un grupo, una señal que se lanza al hábitat más cercano de quienes están acostumbrados al privilegio y que podría traducirse como "mírame, yo también soy como tú". Un alfabeto propio de los happy few (privilegiados) que se comunican en un lenguaje diferente al de la multitud: es el Ferrari que a la muchedumbre le parece un Lancia o el discreto pañuelo Saint Laurent que vale muchísimo más que un par de Ferragamo. Todo esto solo lo podrá apreciar el entendido porque, aunque suelen confundirse, lujo y ostentación no son lo mismo ni necesariamente van de la mano. La tragedia de la falsificación es torcer la naturaleza misma del lujo y transformar el artículo no en un mensaje, sino en un grito destemplado, algo parecido a una súplica de quien quiere hablar un lenguaje ajeno aprendiéndose de memoria un diccionario de bolsillo, sin conocer la gramática y a contrapelo de la sintaxis.

La falsificación es la irrupción de la ansiedad del escalador social de oficio. Aquella criatura que pretende alcanzar el sereno universo de los habitantes de la cima y pasar inadvertido. Ser considerado uno de ellos gracias al reloj paraguayo o a la joya de factoría flotante del océano Indico. La cima es un sitio que por definición tiene espacio para pocos y en donde esos pocos se conocen, se cruzan una y otra vez en comidas, almuerzos, lugares de veraneo, residencias de invierno y expediciones exóticas. El ecosistema de los millonarios y magnates –esa minoría mundial incomprendida para la que el lujo es una necesidad– es pequeño y frágil, y la irrupción de un extraño no sembrará la alarma ni la sospecha, sino algo mucho peor que eso: la lástima. El lujo falsificado es una especie de capitulación social, la derrota de todo argumento de peso para lograr el respeto por sí mismo. Un refugio enclenque para el ego famélico que pretende lucir como un palacio. En ese sentido se emparenta con la ostentación, que en lugar de ser un mensaje de pertenencia entre iguales, es una mueca que se burla del prójimo menos afortunado y les enrostra el éxito propio con fanfarria. Muy parecido a un redoble de tambores en la mitad de un concierto de piano y comparable con un grito de auxilio que nadie querrá correr a atender, porque hacerlo significaría acercarse demasiado al fracaso.

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