Nos gustan bien machitos

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Con mi pareja actual llevo cinco años, tenemos dos hijos, de 3 y 1 año. Cuando alguien me pregunta cuál es su principal característica, digo con orgullo que es un hombre sensible. Algunas amigas lo encuentran increíble, pero otras, varias, me dicen 'jamás me buscaría un hombre así'. La semana pasada, sin ir más lejos, en una reunión de amigas surgió este tema. Una de ellas contaba sus experiencias Tinder. La última fue con un hombre dos años más joven. Era un chico guapo, profesional, ondero. Nos mostró su foto y todas le dijimos '¡es perfecto!'. Pero ella no siguió con él justamente porque lo encontró demasiado sensible. Su argumento es que el hombre tiene que ser el macho de la relación, es más, nos dijo textual: "la sensible tengo que ser yo y no él. No quiero al lado a un gallo que le llegue la regla todos los meses". Todas nos reímos, porque claramente mi amiga estaba haciendo una caricatura de la situación, pero en el fondo eso que contaba, medio en chiste y medio en serio, era su forma de pensar.

No la juzgo. Por mucho tiempo pensé igual. Haciendo memoria, todas mis ex parejas fueron hombres insensibles, y eso para mí era lo normal. Con uno de ellos estuve tres años y nunca, en todo ese tiempo, lo vi llorar. No quiero que se entienda mal, no estoy relacionando la sensibilidad con la imagen de un hombre que se acueste en las tardes de lluvia a ver películas románticas y a comer bombones. La sensibilidad tiene que ver con otras cosas que son propias de las personas y que no sé por qué en esta sociedad parecieran ser patrimonio exclusivo de las mujeres.

Es cosa de pensar la cantidad de veces que nosotras mismas le decimos a una pareja o a un hijo "compórtate como hombre", haciendo alusión a que ellos tienen en el deber de ser fuertes. Por algo está comprobado que, a diferencia de nosotras, ellos van menos al doctor. Para qué hablar del psicólogo. "Esa es una cuestión de minas", dicen muchos. Y es que esta sociedad nos ha formado así. En el cine, en la publicidad, en los cuentos de princesas, siempre nos refuerzan la idea del macho, como una especie de hombre de la selva que debe andar por la vida lamiéndose solo las heridas.

Es tan fuerte esa construcción social, que para mí nunca había sido tema. Creo que los feminismos nos han ayudado a reflexionar estas cosas y en mi caso en particular, con mi marido. Cuando nos conocimos hubo algunas situaciones que al comienzo me descolocaron. Recuerdo una vez que tuve un conflicto grande con una de mis mejores amigas y llegué destrozada a la casa. Él me escucho, callado, y después de un rato me aconsejó que le escribiera un mail explicándole mis sentimientos, porque era importante que uno no se quedara con cosas dentro. Me dijo: "quizás de manera directa va a ser más difícil decir todo. Escríbele y después por último se juntan y conversan". En ese momento sentí que era un consejo que me podría haber dado una amiga, no sé si lo esperaba de mi pareja. Pero fue bacán. Quizás algunas mujeres –como esta amiga que comenté al principio– pensarían que un hombre así pierde atractivo, pero estando con uno yo ya no lo pienso. Las mujeres y los hombres tenemos diferencias y ellos tienen posiciones, ideas y perspectivas que siguen siendo masculinas, aunque las plasmen y sintonicen con ellas desde la emoción. Esa conexión es algo positivo. No por eso van a ser menos hombres, es más, creo que los hace mejores seres humanos.

Consuelo Soto (36), es periodista.

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