Paula

Ágatha Ruiz de la Prada: “La moda de Latinoamérica debiera ser tan popular en el mundo como el reguetón”

La diseñadora española más famosa del mundo e icónica por sus diseños llenos de flores y corazones, estuvo este fin de semana en Chile para participar del desfile RFD de moda circular, lo que ha definido, es su nueva revolución. Aquí la mujer que ha llenado la pasarela de colores, muestra su lado más verde.

“Chile queda lejos, Iquique queda más lejos y Pica queda aún más lejos”, comienza diciendo Agatha Ruiz de la Prada, una de las diseñadoras más conocidas del mundo que esta semana estuvo en la región de Tarapacá. Era la semana más entretenida para ella en Madrid, estaban sus amigos, pero prefirió tomarse un avión y venirse al otro lado del mundo.

¿La razón? Participar en el VI Congreso CIMACS, dedicado a la innovación en moda circular y gestión de residuos textiles, realizado en la Zona Franca de Iquique. Pero también ser parte del programa Runway Fashion Design (RFD) Latin American Creators, que cerró con un desfile internacional en la plaza de Pica, en pleno desierto. Allí, junto a diseñadores de Chile, Perú y Argentina, la española presentó su colección y volvió a desfilar en una pasarela después de quince años.

Vestida con falda y zapatos calipso, polera a rayas blanca con fucsia, cartera amarilla y labios pintados de rojo, Ágatha Ruiz de la Prada entró caminando erguida al centro de convenciones de la Zona Franca de Iquique, un lugar que no fue elegido por casualidad para realizar el encuentro. Desde allí se impulsa la economía circular en once regiones del norte grande, con proyectos de infraestructura, hídricos y también de moda. También es el punto desde donde se exportan cientos de kilos de ropa usada hacia países limítrofes. Con el alza de los precios en Argentina, el interés por la ropa que sale desde Iquique creció 45 veces y hoy la “ropa americana” que solemos ver en calles como Bandera o Estación Central parte recién lavada desde Zofri para venderse de manera masiva en Jujuy, Salta y en barrios como Palermo, en Buenos Aires.

En la versión anterior de este desfile, realizado en Cavancha, las prendas fueron confeccionadas por duplas de artesanos tarapaqueños y diseñadores a partir de ropa donada por vendedores iquiqueños de la Zona Franca. La ganadora fue una artesana de Alto Hospicio que creó piezas donde abundaban los colores de la bandera altiplánica —amarillo, morado, verde, naranja, azul y rojo—, los mismos que dominan en el catálogo histórico de la diseñadora española. Y no es casualidad.

“No sé cómo nacen los colores, pero yo tengo mucho de Latinoamérica y tengo este continente desde que empecé con el diseño. Mi bisabuelo era de Guatemala, tengo un antepasado que fue virrey del Perú cuando esta zona era Perú. Tengo mucha relación con Latinoamérica, la verdad, y aquí hay colores”.

– Tu moda se hace fuerte post franquismo, en la recuperación de la democracia española. En Chile, la manifestación contra la dictadura fue un arcoíris. ¿Tienen los colores algo de revolucionario?

– He venido mucho a Chile. Chile es un país importantísimo para mí. Pero me acuerdo que al principio me chocaba. Era un país mucho menos colorido de lo que uno se imagina Latinoamérica. No es como los países caribeños. Aquí iban todos con su chaqueta, su corbata. Y claro, pintas un arcoíris y claro que es una manifestación política.

– ¿Y hoy qué es lo revolucionario en moda? ¿Crees que en un mundo de fast fashion con prendas de 3 mil pesos, la moda circular es un acto revolucionario?

– La clave de todo es la pregunta que me acabas de hacer.

Entonces recuerda una charla que acaba de dar en el salón una diseñadora peruana que tiene una colección realizada a partir de telas nobles.

– Me daban ganas de levantar la mano y preguntar ¿Y eso cuánto vale? Porque la gente en España, en este momento, cada vez tiene menos dinero, la gran mayoría de la gente. España fue durante muchos años un país de clase media y llegaron marcas de ropa masiva a muy bajo precio. Pero mientras todo el mundo empieza a comprar ropa, mucha gente se emborracha. Ya empieza a comprar por comprar. Porque pasó de no tener ningún nivel, ningún poder adquisitivo, a poder comprar lo que quería. Entonces hay que tener conciencia. Pero, claro, esta señora habla de telas nobles. ¿Quién paga 40 veces más por una cosa? ¿Y cómo crees tú que se puede equiparar eso? Es muy difícil.

– Tú eres diseñadora, pero tienes una marca, un negocio. ¿Cómo se hace?

Sí, por eso. Pero ahí está la cuestión. La única pregunta importante de este congreso es la que tú acabas de hacer.

– Muchas gracias.

– Es que es verdad. El tema de la artesanía es fabuloso. Está tan de moda, hay un boom en Europa. Antiguamente, en El Corte Inglés –que era el ícono del comercio madrileño, aunque no tanto de la moda– hacían el “mes de la artesanía de la India” o el “mes de México”. Todo era súper barato. Entonces, ¿qué pasó en España? Que la gente empezó a relacionar la artesanía con algo muy barato, extremadamente barato. Yo creo que ya en esa época, a lo mejor, ni siquiera estaba hecho en México. Y ahora estamos pasando a lo contrario: la artesanía se volvió algo súper chic. Creo que los artesanos no siempre entienden que una cosa es el arte y otra la artesanía. A mí, por ejemplo, me encanta la artesanía mexicana. Tengo una amiga que tiene una tienda en San Miguel de Allende con la artesanía más bonita que he visto en mi vida. Pero claro, vas a mirar una de esas piñas y cuesta 15 mil dólares, que es una barbaridad.

– ¿Has visto algo de artesanía chilena?

– Sí, lo mismo pasa con la artesanía chilena. Yo me acuerdo que una vez hice una colección de alpaca, muy bonita, porque con los colores fue muy fácil, es muy Ágatha Ruiz de la Prada, pero era mucho más cara que lo que yo vendo normalmente. Y desgraciadamente la gente no la compra. Aparte que eso es una manta para usar cuando hace muchísimo frío, porque te abriga más que un plumífero, es una maravilla. Entonces, estamos en un momento en el que hay una gran polémica entre la artesanía, la moda, el arte y la economía.

– La Unión Europea prohibirá desde julio de este año que la ropa que no se venda se deseche. ¿Tú crees que eso va a ser posible?

– Bueno, yo soy muy, muy obsesionada con eso desde que empecé. Fíjate que mi abuelo, hace cien años, ya era ecologista. Imagínate. Es una obsesión. El otro día tiré una faldita mía que me dio una rabia… Era de las que más me gustaban: de algodón, con rayas verde clarito y verde oscuro, con otra tela debajo y forro. Era lo más calentito que he tenido en mi vida; cuando tengo mucho frío siempre me pongo esa faldita. Pero ya estaba para los perros, estaba fatal, y la tuve que tirar. Y a veces digo: es que me da vergüenza. Soy Ágatha Ruiz de la Prada, no puedo andar con agujeros. Pero yo tiro las cosas solo cuando están completamente rotas.

– En el congreso se habló de que la moda es una de las industrias más contaminantes del mundo. ¿Es realista pedirles a los diseñadores que produzcan menos, considerando que la moda sustentable suele ser más cara y menos rentable?

– Bueno, yo creo que eso está cambiando mucho. Lo malo del fast fashion es todo esto que está pasando y que está destruyendo un poco el mundo de la moda como tal. Pero también hay algo bueno: los diseñadores sí tienen el poder de cambiar las cosas y de hacer la moda mucho más ecológica. Como el fast fashion tiene todo el dinero del mundo, les sale el dinero por las orejas, ahora también tienen ganas de que su ropa sea más ecológica. Lo cual es una contradicción, claro, porque si te has hecho rica vendiendo cosas muy baratas, ¿cómo pretendes después subir los precios y ser lo más elegante del mundo? Es un poco contradictorio, pero precisamente en ese momento de infinita contradicción es donde puede aparecer el cambio

“Tengo ganas de luchar por esto”

– ¿Cómo te enteraste de este gran vertedero en el desierto?

– Bueno, yo me enteré porque es un sitio muy conocido a nivel mundial, pero tuve la suerte de venir a verlo gracias a Jo (Johana Fernández, fundadora y directora creativa de Runway Fashion Design).

– ¿Qué sentiste cuando lo viste?

– Me sentí completamente decidida a luchar por que esto desaparezca, porque este tema se solucione. Y aquí estoy yo, porque estaba en Madrid, tenía un montón de amigos de todo el mundo, y ahí me cogí el avión y me vine justamente al sitio más lejos del mundo, al desierto de Atacama, pero de verdad estoy como muy consciente de esta batalla, tengo muchas ganas de luchar por esto y voy a hacer todo lo que pueda.

– ¿Es como tu nueva revolución?

– Tengo muchas revoluciones, pero esta es una de las grandes, una de las que más me apasiona. Y además hay que tomársela muy en serio: no se puede dejar. Te apetezca o no te apetezca, esto hay que hacerlo. Estoy muy contenta porque la última vez que estuve en Chile hicimos un desfile muy, muy bonito, creo que fue en una estación de tren abandonada, y al día siguiente la ministra del Medio Ambiente de ese momento (Maisa Rojas) salió diciendo: “Vamos a sacar una nueva ley”. Entonces fue todo tan rápido, tan bonito, tan impresionante, que yo me quedé… uff, no me lo podía creer de la alegría que me dio.

– Tú has dicho que la creatividad es la mejor forma de reciclar el mundo. ¿En la industria de la moda actual falta creatividad o falta voluntad?

– En el congreso me gustó mucho lo que expuso un ingeniero. Porque claro, es muy importante que la ingeniería se una a la moda para solucionar este problema, así solitos los diseñadores no vamos a hacerlo.

– ¿O sea se hace con conciencia y con ciencia?

– Conciencia e ingenio, como dice el señor, me ha gustado eso.

– ¿Has conocido a algún diseñador acá en Tarapacá que te haya sorprendido?

– La última vez que vine me gustó muchísimo el desfile por la noche, mucho, mucho, mucho. Fue en la playa, por la noche y hubo un montonazo de propuestas maravillosas. Es más, algunas propuestas de las que ellos hicieron –y me pasa muy poco– me gustaron más que las mías. Y luego volví a España e hice un desfile con moda reciclada. O sea, sí que fue un desfile que me tocó muchísimo.

– ¿Cuesta mucho más producir ropa con moda reciclada?

– Es mucho más caro, mucho más difícil. Mira, yo nunca lo he pasado peor que haciendo ese desfile, porque yo decía, no es Ágatha. Y es que claro, cuando hago mi desfile, elijo el tejido que quiero, el color que quiero y ahí me tenía que ajustar a unas cosas. Fue terroríficamente difícil. Y a pesar de todo, ahí estamos. Ahora le voy a regalar un par de trajes, los más bonitos del desfile, al Museo de la moda que tenéis en Chile, porque me apetece que los trajes más bonitos que he hecho reciclados se queden acá.

¿Podemos hacer realmente ropa reciclada a un precio pagable para los estándares latinoamericanos?

– Yo creo que la moda latinoamericana va a coger un poder impresionante. Estoy luchando mucho por eso y creo que ¿quién se iba a imaginar que la música latinoamericana iba a ser la música más escuchada del mundo? Más que los Rolling Stones, más que los Beatles, los latinos.

– ¿La moda latinoamericana puede ser el próximo Bad Bunny?

– Tenemos que conseguir que la moda latinoamericana llegue al nivel que ha llegado la música latinoamericana, como el reguetón que dices. Ese es mi sueño.

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El programa RFD Latin American Creators 2026, es una iniciativa liderada por la gestora cultural Johana Fernández, financiado por Corfo Tarapacá a través del instrumento Viraliza Eventos y cuenta con el apoyo de Teck Quebrada Blanca, ZOFRI S.A., Stanley Chile y la Universidad Arturo Prat y busca transformar el desafío ambiental del basural textil del desierto de Atacama en una oportunidad de desarrollo creativo y económico para la Región de Tarapacá.

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