Generación Z: ¿Cómo son los nuevos padres?




Cuando Matías Hartung (26) estaba terminando el primer año de universidad, se enteró de que iba a ser padre. Tenía 18 años y quedó en shock. “Uno no espera ser papá tan joven. Lo primero que pensé es que me iba a costar un poco más que a mis compañeros estudiar, porque no solo iba a tener esa responsabilidad, sino que también debía estar lo más presente posible para mi hijo”, cuenta. Matías reconoce que él –a diferencia de muchos otros padres jóvenes– tuvo la suerte de que su familia y la de su polola los apoyaron y les permitieron seguir sus carreras. Eso implicó que en un comienzo no vivieran los tres juntos, sino que cada uno se quedó en la casa de sus papás y su hijo en la de su polola.

Aun así se preocupó siempre de ser un padre presente. “Como estaba estudiando tenía más tiempo libre que un papá que trabaja y lo aprovechaba para estar con mi hijo. Me pasaba tardes jugando con él, porque como no había otros niños en la familia, sentía que tenía que cumplir ese rol”, dice. Una cercanía que aprendió de su propio padre. “Yo era muy regalón de mi papá, pero eso se notaba en otras cosas. Mi papá no podía estar toda una tarde jugando conmigo porque llegaba cansado del trabajo”, recuerda. Y es que –según él– antes las cosas eran distintas. “Había más mujeres que se quedaban en la casa y los hombres salían a trabajar y llegaban cansados, por eso se entendía que las mamás eran las que tenían que hacerse cargo de las guaguas. Es más, aunque insisto con que era muy regalón de mi papá, dudo que alguna vez me haya cambiado un pañal, ni a ninguno de mis hermanos. En cambio si yo no cambiaba pañales, me retaban”, dice.

Hace casi un año que Matías y su polola viven juntos con su hijo. “Los dos trabajamos, así que cuando llegamos a la casa tenemos que hacer las mismas cosas con nuestro hijo. Es algo que al principio me costó entender, pero también tiene que ver con que fui un papá joven y a los 18 años, por inmadurez, prefería estar echado en un sillón jugando play que mudando a una guagua. Aunque no me costó tanto tiempo. Es que si ves que el resto está haciendo cosas entiendes que tienes que ayudar”, reconoce.

Matías forma parte de la generación Z, personas nacidas entre 1994 y 2004, es decir que tienen entre 16 y 26 años. Según el último estudio sobre paternidad en Chile realizado entre enero y febrero de este año por la empresa GfK Adimark, un 27% de los hombres de esta generación son padres. Y aunque –al igual que Matías– muchos piensan que existen importantes diferencias en la manera de criar con generaciones anteriores, esta pareciera ser una idea que se sostiene más en el imaginario que en las cifras. Así lo explica Carla Rojas, coordinadora de inclusión y género del Observatorio de Gestión de Personas de la Facultad de Economía y Negocios de la U. de Chile. “Las generaciones mayores suelen pensar que las generaciones más jóvenes han cambiado y están prácticamente resueltas, y al contrario, las generaciones jóvenes suelen ver a sus antecesores como padres mucho menos presentes. Pero lo cierto es que no es tan así. De hecho en la última encuesta del uso del tiempo (ENUT) determinó que entre los 12 y los 24 años, los hombres dedican 2 horas al trabajo y cuidado en el hogar, mientras que las mujeres dedican el doble, es decir, 4 horas”, dice Rojas.

Según la experta, esto tampoco cuadra con el tema del posnatal parental. En total, solo el 0,02% de los hombres se ha tomado este posnatal y en los grupos etarios más jóvenes esto se mantiene. Por ejemplo, en hombres de 20 o menos años, solo lo han tomado 5 hombres, lo que equivale al 0,03%; y en el grupo de 21 a 25 años, 66 hombres, equivalente al 0,07%. “He visto, especialmente en el trabajo universitario, la intención de las nuevas generaciones por participar más de los roles domésticos, pero una vez que entran a trabajar, las estructuras organizacionales y la sociedad cultural –que se rige por estereotipos de género en que la mujer queda al cuidado y los hombres a lo productivo– es mucho más fuerte”, agrega Rojas.

Esto –dice– demuestra que pueden haber percepciones o un imaginario de que las cosas han cambiado, pero esto choca con la realidad y los números así lo confirman. De hecho en el Informe de GfK Adimark frente a la afirmación: “En Chile es mal visto que un padre se dedique tiempo completo a labores de crianza de sus hijos”, un 54% de la generación de padres jóvenes (generación Z y millenials) estuvieron de acuerdo, al igual que la generación de padres más viejos (Baby Boomers, entre 55 y 74 años) donde la cifra alcanzó un 55%. Sin embargo, esa percepción o imaginario cambió completamente en la generación que está en el medio (Generación X, 38 a 54 años), que es la que está metida fuertemente en el mercado laboral. De ellos, un 72% cree que efectivamente en el país es mal visto que los hombres dediquen tiempo completo a las labores de crianza.

Carla dice que en uno de los informes sobre las cifras de padres que se han tomado el posnatal, uno de ellos cuenta que cuando decidió tomarlo, los compañeros y amigos lo trataban de poco hombre. “Esto tiene que ver con los estereotipos de género que en Chile son estructurales. Por tanto, mientras no tengamos políticas públicas como una educación no sexista y políticas de corresponsabilidad parental, es muy difícil que exista un cambio real frente a la responsabilidad de ser padres”, agrega Carla. Y concluye: “Hay un doble estándar, porque está la percepción de que las nuevas generaciones son distintas, pero no es así. Y las mujeres también lo dicen. Cuando hay hombres que colaboran, lo siguen haciendo como una ayuda y no se sume como una responsabilidad con la carga mental que eso implica”.

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