Un azúcar para cada cuerpo: Conócelos antes de elegir

No todos los azúcares son iguales y hacer la diferencia es fundamental a la hora de elegir saludablemente. Más aún cuando se trata de productos que supuestamente son “sin azúcar añadida”. ¿Por qué es importante saber sus diferencias?




Hablar de azúcares siempre es complejo. Aunque cada uno es diferente y las opciones naturales son siempre una mejor alternativa, resulta importante aprender a conocerlos ya que no todos los carbohidratos trabajan de la misma manera en el cuerpo. Algunos provocan una subida rápida de azúcar en la sangre, mientras que otros trabajan más lentamente, dejando el nivel de azúcar en la sangre más equilibrado.

Sabemos que la miel, por ejemplo, es rica en vitaminas, es un antioxidante y antibacteriana. Sin embargo, se suele desconocer que su índice glucémico (IG) es de 70, posicionándose en el mismo nivel que el azúcar blanca o rubia. El índice glucémico es un concepto que clasifica los alimentos según la rapidez con la que elevan la glucosa en la sangre, es decir, la glicemia. Este se clasifica en tres tipos: la escala alta, que va de 70 a 100; media, que es de entre 69 y 55; y baja, de 55 hacia abajo.

Efectivamente, existen alimentos y tipos de azúcares que elevan la glicemia en la sangre y se tiende a creer que aquellos azucares naturales son saludables para nuestro cuerpo, pero puede que esto no sea así, como es el caso de la miel. “También están los jarabes de agave o maple que son más naturales, pero, por ejemplo, el de maple tiene un índice de 65 que es medio, que es significativo. O la panela que también tiene un índice glicémico de 65”, comenta la nutricionista Camila Gajardo.

De la misma forma, también existen otros endulzantes que provocan ciertos malestares en nuestro organismo, como los azúcares alcoholes, vale decir, el sorbitol, el xilitol y el maltitol. Su consumo regular puede ocasionar efectos laxante y ocasionar síntomas gastroinstestinales, como flatulencia o hinchazón. “Estos endulzante usualmente se comportan como fibras. Al final, los azúcares del alcohol no los digerimos ni metabolizamos, por ende, al entrar en contacto con la microbiota intestinal esta los fermenta y eso genera el cuadro de hinchazón o flatulencia”, explica Camila.

Leer los etiquetados

Otro de los puntos importantes a considerar, según explica la nutricionista, es leer siempre los etiquetados de los alimentos. En Chile existen muchos productos que señalan en su envase que no tienen azúcar añadida, pero no hay que dejarse engañar. “Esos envases sin azúcar añadida, según el etiquetado nutricional, sólo se refiere al azúcar blanca. Por lo tanto, puede tener otros tipos de azúcares. Por ejemplo, la fructosa, cuando hay productos ligth, si uno lee la etiqueta y tiene fructosa, es un tipo de azúcar y que en exceso puede generar un aumento de triglicéridos o hígado graso”, explica.

“Entonces no es llegar y consumir libremente, hay que tener mucho ojo en especial si hay patologías de por medio y si no las hay, mantener un equilibrio en los alimento. Le puedo agregar un poco de miel si no tengo problemas de glicemia o de repente en una receta puedo agregar un endulzante como la alulosa, que no altera la glicemia. Es tener un equilibrio al final”, concluye.

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