¿Cambios en las reglas del juego? Convencionales advierten sobre rol del próximo Congreso

Tras la aprobación del “plebiscito dirimente” como parte del proceso constituyente, sectores de centroderecha ven con preocupación que una mayoría de centroizquierda más amplia de la que existe actualmente pudiera modificar de manera sustancial el mandato del órgano que redactará una nueva Constitución.




“¿El día de mañana, si las mayorías del Congreso cambiaran, se podría cambiar por completo el acuerdo que regula el proceso constituyente? Es decir, si las mayorías fueran otras, ¿podemos alterar la norma de la hoja en blanco, podemos cambiar los plazos, las atribuciones? Por supuesto que no. Aquí hubo reglas que fueron acordadas y que fueron, además, plebiscitadas”.

El cuestionamiento fue hecho el miércoles pasado por Marcela Cubillos (independiente-UDI), cuando la Convención Constitucional ratificó la realización de un “plebiscito dirimente” para resolver las controversias que se produjeran ante normas que no alcancen el quórum de 2/3.

Los dichos de la exministra de Educación dan cuenta de una preocupación que hace varias semanas ha rondado en su sector respecto de las elecciones de fin de año, pues estiman que “un Congreso de izquierda y un Presidente de izquierda” podrían sepultar definitivamente las aspiraciones de una “Constitución que realmente sea la casa de todos”.

Aunque no ha sido objeto de análisis en instancias formales de coordinación, los integrantes del colectivo Vamos por Chile han expresado su inquietud en diversas conversaciones y, tras lo ocurrido con las consultas intermedias, son varios los que activaron las alarmas.

Ese factor también pesó en la frustrada decisión (en particular, desde el punto de vista político) de presentar un requerimiento ante la Corte Suprema por lo aprobado en el reglamento general y el de participación popular. Y es que, sobre todo para los convencionales de la UDI y un sector de RN, “dar la pelea” frente a la “transgresión” del acuerdo de noviembre y las reglas del juego allí establecidas era una forma de dar una señal a su propio electorado.

Consultada por La Tercera, Cubillos afirma: “No me parece que un Congreso de izquierda viole los 2/3 aprobando un plebiscito intermedio, como tampoco me parecería que un Congreso de derecha eliminara la hoja en blanco. Pero esta posición claramente no es compartida por la izquierda que controla la Convención, a quienes les da lo mismo cambiar las reglas en el medio del partido”.

En su análisis, la convencional alerta que “una Convención que se cree soberana y actúa conforme a eso, saltándose las reglas y ejerciendo atribuciones que no tiene, requiere un Congreso que sea un contrapeso eficaz”.

El RN Ruggero Cozzi pone el foco específicamente en el Frente Amplio, colectivo que, hasta ahora, ha actuado como “bisagra” en este primer período de la Convención, acordando algunos aspectos con la izquierda y otros con la derecha. En ese sentido, plantea que “si los nuevos parlamentarios del Frente Amplio llegan con voluntad de desconocer el acuerdo por la paz y promovieran cambios a las reglas del proceso constituyente, tendremos una seria crisis política y económica”.

Por eso, Cozzi considera que “un buen resultado de la centroderecha en el Congreso permitiría mantener intactas las reglas del proceso”, aunque -agrega- “no modificará los equilibrios al interior de la Convención. El resultado de las elecciones de mayo nos va a acompañar todo el proceso constituyente”. En esa línea, puntualiza que “un buen resultado en las parlamentarias podría evitar una revolución, pero no impedirá que la nueva Constitución venga cargada con ideas de izquierda. El rol nuestro, de los constituyentes de centroderecha, es sobre todo de contención e intentar asegurar mínimos comunes para el desarrollo, con paz y justicia. Pero es evidente que estamos caminando sobre una cuerda floja”.

Claro que también existe en la centroderecha preocupación por la posibilidad de que un buen desempeño de Chile Podemos Más en las parlamentarias se vea empañado por la irrupción, desde la derecha, del Partido Republicano, que lidera el candidato presidencial José Antonio Kast.

En ese sentido, distintas voces explican que hubiera sido mejor inscribir una única lista parlamentaria -con el partido de Kast en esta- para evitar que, ante la división de su electorado, finalmente termine saliendo victorioso un candidato de centroizquierda.

Por otra parte, el convencional Arturo Zúñiga (independiente-UDI) enciende luces de alerta ante el comportamiento que legisladores de la coalición oficialista han exhibido en estos últimos meses. Así, plantea que “el mayor riesgo es que se sigan eligiendo parlamentarios de pseudoderecha. Ha quedado a la vista que dentro de Chile Podemos Más hay infiltrados que, al momento de votar, sacan su corazón bien rojo. Y eso ha contribuido al populismo que vemos hoy a diario desde Valparaíso”.

“Cualquier cambio que el Congreso quiera realizar a las reglas establecidas para el desarrollo de la Convención le quitan legitimidad a lo que esta última proponga. Un cambio, de izquierda o de derecha, sería un salvavidas de plomo para la Convención”, sostiene el exsubsecretario de Redes Asistenciales.

“El Congreso no debe impactar en el proceso constituyente”

Desde esta perspectiva, también en colectivos de centroizquierda remarcan la necesidad de que el Parlamento se mantenga al margen del funcionamiento de la Convención y de las reglas ya establecidas para el proceso. A su vez, recalcan que cualquier modificación al acuerdo del 15 de noviembre requeriría del acuerdo de 2/3 del nuevo Congreso, cosa que no necesariamente está asegurada.

Así lo explica Fuad Chahin (Colectivo del Apruebo), quien dice esperar “que el próximo Congreso sea muy respetuoso de las facultades de la Convención y que tengamos un respeto mutuo (…). Espero que no tenga la tentación de involucrarse en empezar a hacer cambios a las reglas del juego de la Convención, en ampliar su plazo, en modificar algunas de las normas contenidas en el capítulo XV. Creo que sería un tremendo error, que afectaría la estabilidad política y terminaría poniendo en duda la legitimidad del proceso”.

Su par Ricardo Montero (Colectivo Socialista), además, dice confiar en que “la Convención sabrá estar a la altura de la misión que la ciudadanía nos ha encomendado”, y coincide con Chahin, afirmando que “el Congreso no debe impactar de manera relevante en el proceso constituyente, porque éste debe ser liderado por la Convención. Ese es el mandato que tiene. Por eso, el proceso no se verá condicionado por la composición del nuevo Congreso, independiente de las fuerzas políticas que logren una mayor representación”.

Asimismo, Montero enfatiza que “los parlamentarios asumirán sus funciones el 11 de marzo del 2022, a menos de cuatro meses de que termine el trabajo de la Convención y estoy confiado en que, para esa fecha, el trabajo constituyente esté bien encaminado y estemos aprobando normas que sean fruto de grandes consensos”.

Marcos Barraza (PC), sin embargo, pone un matiz. “Nosotros vamos a cumplir con lo que ha ido definiendo la Convención Constituyente. Nos parece que el ejercicio de haber definido los quórum hay que implementarlo y eso vale también para los plebiscitos dirimentes. Por lo tanto, lo que esperamos es que el nuevo Congreso sea receptivo y se ponga a disposición de lo que defina la Convención”.

Y agrega: “El nuevo Congreso tiene que facilitar lo que nosotros vayamos definiendo de forma soberana y autónoma. Si eventualmente los plazos no dieran, el Congreso no debería obstruir, entorpecer o limitar. Sino que, por el contrario, ponerse a disposición”.

El factor presidencial

En opinión de algunos convencionales de Vamos por Chile, el mayor impacto que podría sufrir la Convención tiene que ver con la definición presidencial. Así lo sostiene, por ejemplo, Cristián Monckeberg (RN): “Más determinante que el nuevo Congreso para el futuro de la Convención Constitucional será quién gobierne, porque eso va a marcar la etapa final del proceso y su futura implementación”.

Según detallan algunos convencionales de ese sector, de resultar electo el abanderado de Apruebo Dignidad, Gabriel Boric, la redacción de la nueva Carta Magna podría agilizarse y así concluir con un texto en los plazos ya definidos, es decir, en julio de 2022 como máximo, considerando la prórroga de tres meses que autoriza la legislación vigente. Otra opción en ese escenario, dicen otros, sería que la nueva Constitución tuviera un cariz “más moderado”, facilitando su implementación.

En contraste, las mismas fuentes explican que si es el candidato de Chile Podemos Más, Sebastián Sichel, o el líder republicano, José Antonio Kast, se quedan con el sillón de La Moneda, la discusión constitucional podría alargarse, de manera de complejizar más la administración del próximo Presidente. O, por otro lado, podría darse el escenario de que se respeten los plazos, pero que el resultado fuera un texto constitucional “más radical”.

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